Acá abajo está decía yo que la discusión entre "proporcionalistas" y "mayoritistas" se estaba poniendo punk. El más punk había sido la respuesta a la respuesta que escribí al texto de José Córdoba en Reforma. La semana pasada yo contesté, y a parte de los argumentos sobre la discusión misma, tuve que aclarar algo sobre la forma de discutir. Me puse punk pues:
En su respuesta Córdoba agrega a la discusión: “Lajous imputa
motivaciones a los críticos del proporcionalismo: opinan lo que opinan
por simple ‘frustración de una agenda particular’…en un debate, no es de
la mejor lid dejar de discutir las opiniones en sí y buscar, para
descalificarlas, intenciones subyacentes”. El juicio de intención que me
atribuye Córdoba no lo hice yo, lo hizo él mismo en el texto que
publicó en la edición impresa de la revista Nexos en el mes diciembre:…es innegable que el país no progresa: en los últimos 12
años no se han aprobado las reformas que se requieren para dinamizar el
quehacer político, económico y social; la mediocridad aflora
crecientemente en varios ámbitos de la vida nacional. Esta parálisis
deriva en gran parte de alarmantes disfuncionalidades en la relación
entre el Ejecutivo y el Legislativo, producto a su vez de una
arquitectura constitucional deficiente.…
Son reformas políticas profundas. Son la condición
necesaria para darle gobernabilidad democrática a las instituciones e
iniciar el nuevo ciclo de grandes reformas que exige urgentemente la
modernización del país.Es decir, mi objetivo en la discusión en ningún momento ha sido
descalificar al interlocutor, sino tratar de proveer argumentos que
refuten en alguna medida los que él ha ofrecido, y que al mismo tiempo
construyen la posibilidad de una agenda de reforma política distinta a
la suya. No creo que esté mal tener intenciones e intereses en una
discusión, incluso creo que es más útil clarificarlos que pretender una
falsa neutralidad a partir de la abstracción. Mi interés particular en
la reforma política es uno que espero sea generalizable: abrir el
sistema política para que participen más y distintas personas en las
discusiones y decisiones política en nuestro país, sean cuales estas
sean.En contraste, Córdoba descalifica a sus interlocutores, y no sus
argumentos, de una manera poco sutil y por desgracia muy frecuente en
nuestra vida pública. Por ejemplo, en su respuesta insiste: “Quién
sostiene lo contrario está intelectualmente confundido, o porque no ha
leído a Arrow [es ignorante], o porque lo ha leído y no lo ha entendido
[es limitado intelectualmente]“. Es decir, Córdoba no presupone que
debate entre iguales (supuesto básico de la democracia). El supuesto de
igualdad, es lo que permite que la discusión sea en buena lid, la
presunción de las limitaciones intrínsecas de la argumentación del
adversario intelectual contribuyen muy poco a la discusión misma, y
todavía menos al talante democrático de la sociedad.