Ustedes son la policía

Sépanlo, ustedes son la policía. Le digo «ustedes» a ustedes los que insisten en que el grito de «puto» en el estadio sólo significa un chascarrillo. Una forma de divertirse pretendiendo distraer al portero. Ustedes los de la Femexfut, y al final también los de la FIFA que terminaron por decir que en ese contexto la palabra «puto» no es un insulto. La policía son ustedes los que se tomaron el tiempo de escribir y argumentar que gritan «puto» como parte de las tradiciones nacionales. Ustedes los que dicen que su libertad de expresión está amenazada por algo que se parece al Estado, y a lo que dicen es algo así como «la policía de la corrección política» o «la policía del lenguaje».

Se equivocan. Ustedes son la policía. Ustedes que confirman y conforman con el grito de «puto» a la policía que todos los días nos recuerda (y para ello sanciona) que en nuestro país hay una frontera que no puede ser cruzada: la frontera que distingue a los hombres de las mujeres. El hombre que es puto, es el hombre que no es del todo hombre. El hombre del cual hay sospechas fundadas que traiciona a los hombres al parecerse a las mujeres. Claro: a las mujeres que sólo son mujeres si cumplen con el estereotipo que esa estridente frontera exige.

«Ándale no seas puto, juega futbol» dicen en el patio de la escuela. «Ándale no seas no-hombre, no seas mujer, juega futbol» dicen sin decirlo en el patio de la escuela. Grité, brinqué y bailé durante años la canción de «Puto» de Molotov, pero me espanté cuando puse atención en la letra de las canciones del resto del disco. La canción de «puto» no era (sólo) sobre los hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, sino sobre los hombres que corren el riesgo de parecerse a las mujeres que describen en el resto de las canciones (i.e. «una perra arrabalera»). Traidoras como Oswaldo Sánchez jugando para las chivas después de jugar para el Atlas.

Con el grito de «puto» se exige a los hombres ser dominantes y no ser dominados. No ser quienes están sistemáticamente dominadas: las mujeres. «No seas puto y ponlo en su lugar». «Rómpele la madre a ese puto, para que sepa con quién se metió». No seas no-hombre, no seas mujer y no te dejes dominar. Incluso un hombre no es puto si, pese a tener relaciones sexuales con un hombre, no se comporta como mujer.

Un chiste de Polo Polo dice:

«Mi general ¿lo estoy lastimando?

Póngale grava cabrón, que se está cogiendo a un hombre».

Al grito de «puto» se erige y exige el respeto a esa frontera. Sé valiente, sé aventado, sé machín, no seas puto, no se seas cobarde. «Sea machito, no llore», le dice un padre a su hijo. El grito de «puto» quiere acabar con toda ambigüedad. No puede haber duda alguna de quién es hombre y quién es mujer. «No seas nena, no te rajes» , le dice un primo al otro. Los que están en medio no pueden existir, literalmente. Su existencia, su comportamiento, se tiene que adecuar a la frontera brillante de género, una vez que ha sido denunciado. El grito de «puto» borra a quien es homosexual, a quien comprueba que la frontera de género no es binaria, que suele ser borrosa y fluida. También borra al hombre que se sabe sensible, que atiende el hogar, que no despliega su «hombría». El que no se defiende a golpes. El hombre que tiene comportamientos que se parecen a los de las mujeres es menos hombre: es un puto, que puede y tiene que corregir so pena de ser castigado, estigmatizado y excluido. O reacciona frente a a la advertencia del policía que le grita «puto» o se atiene a las consecuencias. Persiguen al que cruza la frontera, al migrante ilegal, que demuestra el fracaso de su modelo.

Esa policía no es como la de la FIFA ni como la de los adalides de la «corrección política». Esa policía actúa todos los días en las calles, en las casas, en las oficinas, en las cantinas, y en las escuelas. Esa policía es más poderosa que el Estado. Es la policía que se encarga de que no deje de haber «hombrecitos». Una policía hiperactiva y aterrada que sabe que sin sus sanciones, sin su preciada frontera de género, los «hombrecitos» dejarían de serlo y en el camino dejarían de ser dominantes.

Y dicen que esta discusión es banal. Que es una desviación de la atención de lo importante. Dicen que es una frivolidad de quienes están perdidos en las batallas de la identidad. Pero lo que saben y no les gusta es que esta discusión erige una nueva frontera  y como todo frontera su propia policía que observa y denuncia el cruce. La nueva policía, no implica un nuevo orden, pero sí una nueva línea. Quien con agudeza ya la vio, dice: «Vamos ser de los que gritan o de los que no».


12 comentarios en “Ustedes son la policía

  1. «El puto clima me está acabando», no sea no-clima, ándele, deje de andar en la puta calle, pero que ésta no pierda su identidad». El lenguaje no puede ser «congelado» por decreto ni por el «debe ser», y la palabra «puto» varía su valor de acuerdo al contexto y puede transitar desde un simple chacoteo a un temible insulto. Al grito de «todos somos putos», la palabra adquiere ahora la connotación de un reto ¿cómo limitarla a lo que las buenas conciencias quieren?

  2. ¿Ya leyó la columna de Jorge F. Hernández «El grito homofóbico» en El País? ¿O el de Jesús Silva-Herzog Márquez «De homofobia y estupidez»? Estoy en contra de la homofobia pero me parece que usted exagera como esquizofrénico viendo enemigos en cada sombra. Lea cualquier libro de lingüística o pragmática y verá que por muy ofensivo que sea una palabra en un contexto determinado, si cambia el contexto tendrá otro significado distinto. No conozco ni me importa ni critico sus gustos o preferencias, pero si se siente aludido u ofendido por lo que la gente grita en un estadio, tal vez sea problema su falta de autoestima o alguna paranoia de perseguido. Me gustaría que un lingüista profesional hiciera un artículo donde explicara sin proyectar sus fobias personales, esta situación; estoy seguro que estaría de acuerdo con lo que opina el Sr. Hernández.

    1. Aquí nomás avisando que la columna “El grito homofóbico” es de Fabio Morábito; Jorge F. Hernández tiene otra, igual de buena y pertinente para el tema: «Despeje de putería» también en El País. No son necesarios los insultos, pero estoy de acuerdo contigo Joaquín y con lo que dice Silva-Herzog, no se debe de censurar ni tratar de cambiar las expresiones de la gente.

    2. Esta confundiendo fobia, esquizofrenia y paranoia. Si usted pide a un lingüista profesional para opinar sobre el uso del lenguaje, yo pido que un profesional de salud mental le instruya sobre psicopatología.

  3. NO AL «PUTO» DE LA PORRA MEXICANA EN LOS MUNDIALES

    AMIGOS/AS DE LAS REDES, OPINIÓNALPUNTO HACE UN LLAMADO PARA IMPULSAR QUE LOS MEXICANOS/AS EN BRASIL SE ABSTENGAN DE GRITAR “PUTO” CADA VEZ QUE EL PORTERO RIVAL DESPEJA DE SU META.

    SI BIEN ESTE GRITO PUEDE ENTENDERSE COMO “UN CANTO DE GUERRA”, TAMBIÉN PUEDE INTERPRETARSE COMO UNA AGRESIÓN. HACE UNA SEMANA, UNA COMENTARISTA DE ESPN MENCIONÓ QUE EL GRITO LE PARECÍA MUY AGRESIVO PARA UNA PORRA QUE EN LOS MUNDIALES SE DISTINGUE POR SU APOYO INCONDICIONAL A LA SELECCIÓN MEXICANA.

    LA PALABRA “PUTO” ES MUY COMÚN A NUESTRA CULTURA VERBAL. ACÁ, NOSOTROS PODEMOS INTERPRETARLA COMO UNA BROMA, UNA LLAMADA DE ATENCIÓN, O UN INSULTO QUE PUEDE TOLERARSE, PERO NO ES PROBABLE QUE ASÍ LO ENTIENDA UN BRASILEÑO, UN CAMERUNÉS O UN CROATA CUANDO SE ENTERAN QUE LA PALABRA, EN SU SENTIDO GENERAL, SIGNIFICA “PROSTITUTO”.

    A NOSOTROS NOS PUEDE PARECER MUY GRACIOSO, DEBIDO AL PREDOMINIO DE NUESTRA CULTURA MACHISTA, PERO EN OTRAS CULTURAS E IDIOMAS PUEDE SIGNIFICAR UN INSULTO SOEZ, INNECESARIO O ANTIDEPORTIVO. EN EL MUNDO NO SE SABE DE OTRAS PORRAS QUE GRITEN ALGO SEMEJANTE.

    LA FIFA YA ABRIÓ UNA INVESTIGACIÓN AL RESPECTO. DE ACUERDO CON SUS ESTATUTOS, EL GRITO ES CONSIDERADO UN ACTO DE HOMOFOBIA, SANCIONADO CON MULTA O, EN CASO EXTREMO, CON LA EXPULSIÓN DEL EQUIPO VINCULADO A LOS HECHOS.

    HAGAMOS EL LLAMADO PARA QUE LA PORRA MEXICANA NO GRITE ESTA OFENSA EN LOS MUNDIALES. NO MANCHEMOS NUESTRA IMAGEN DE ALEGRÍA QUE “EL CIELITO LINDO” NOS HA DADO EN TODO EL MUNDO. NO PONGAMOS EN RIESGO NUESTRA PARTICIPACIÓN EN EL MUNDIAL. NO ECHEMOS A PERDER EL BUEN TRABAJO DE LA SELECCIÓN.

    SI ESTÁS DE ACUERDO CON ESTE LLAMADO HAZLO CIRCULAR EN ESTA O EN OTRAS REDES, DALE “ME GUSTA”, O PARTICIPA EN NUESTRA CAMPAÑA
    #NoalPutodelaPorraMexicana
    GRACIAS.

  4. El riquísimo uso del idioma español en nuestro país, pone a las palabras – sin entrar en convencionalismos inútiles – en contextos donde su significado puede ser radicalmente opuesto. Gritar «puto» no es ni homofóbico, ni racista ni clasista. Claramente el público no piensa: «Caray, qué amanerado es el portero, seguro es puto» ni «Yo sólo a le grito a los brasileños, que son putísimos» ni menos «Sé que el 4 de Camerún es pobre y maleducado, hay que gritarle puto»

    No es un grito elegante ni sofisticado; no incita al fair play ni a los más altos valores de la humanidad. Pero tampoco ofende a los homosexuales ni a alguien por su nacionalidad. Es genérico. Le gritan igual al de Pachuca, que al brasileño o al Panameño. Al rico o al pobre. Diría, pues, es universal. Parte del juego, que obviamente si sacamos de contexto, puede ser bastante ofensiva.

    Algo muy curioso es que a todos los amigos homosexuales que les he preguntado, se han reído del debate y entienden que decir «puto» en este contexto ya rebasó su significado original, y que lo ofensivo, está en otro lado.

  5. Perfecto. Ahora comentemos cómo la palabra «villano» y su acepción de «malvado» es clasista, pues ofende a la gente que vive en las villas.

  6. Sépanlo ahora, los que se sienten agredidos por el «puto» como expresión cotidiana y normal no como expresión violenta, en realidad se sienten agredidos porque ustedes quieren convertirse en esa policia poderosa que aquí critican, sepalo usted, hay «putos» que se gritan putos entre ellos, el puto tambiénse utiliza como arenga entre colegas para realizar actividades recreativas y de otro tipo y nadie se ofende, sea usted critico de verdad y no un critico que se preocupa de vanalidades cuando hay cosasmás importantes que debatir.

  7. Las sociedades y las instituciones siempre tienen que lidiar con temas como este, en el que se contraponen la libertad de expresion y otros derechos. En este caso, el derecho de los gays a vivir en paz y a no ser discriminados. Por supuesto que no es un tema claro, en el que sea obvia la respuesta a una pregunta espinosa. Pero las sociedades se definen por lo que escojen privilegiar: en Mexico no se puede quemar la bandera, pero en Estados Unidos si. Quien tiene razon? El problema de la discriminacion es que vulnera uno de los preceptos mas profundos de una sociedad libre, y es que somos todos iguales. Si no lo somos, entonces no hay libertad de expresion que valga. Por eso estoy de acuerdo con Andres Lajous y estoy dispuesto al «exceso» de la policia de lo correcto: la sociedad Mexicana exhibe -eso si sin lugar a dudas- un sesgo anti-gay. Que vamos a hacer al respecto? Nada? El lenguaje es poderoso y sus expresiones aparentemente mas inocuas («trabajo como negro», etc.) traen el sesgo nocivo de polizon. Todas las libertades tienen limites, desde la de pasarse los altos hasta la de insultar al vecino. La civilizacion obliga al respeto: de las reglas, de la otredad, de que los demas existan en paz al lado nuestro. La respuesta al dilema no es obvia, pero si es clara para mi. Oir a un individuo expresar la palabra «puto» me ofende; oirla de miles de personas gritarlo a pulmon batiente de manera colectiva me aterra.

  8. Supone una inocencia supina asumir que la afición, cándida como un niño, casi virginal (la misma afición que rocía con orines a los jugadores y a la hinchada contrincante, o que abuchea durante la entonación del himno nacional de los rivales), ignora por completo la referencia homofóbica de “puto”. Precisamente por eso se grita, porque se equipara la cobardía o la minusvalía con la homosexualidad. Mientras la Conapred ya condenó su uso y la prensa internacional ya puso en la misma canasta a los nazis europeos y a la afición mexicana, aquí seguimos fingiendo demencia. No se trata de beatería ni de censura, pero que nadie se engañe, que nadie pretenda lavar su conciencia apelando a la costumbre, al contexto o a acepciones que por extensión ha adquirido la palabra. Guillermo Sheridan expuso un ejemplo ilustrativo hace unos días: si se presencia un partido de fútbol femenil y la afición le gritara “puta” a la guardameta, ¿luego vendríamos aquí, al feis y al twitter a publicar que no hay sexismo en el denuesto porque el lenguaje es una entidad viva, o porque se gritó en el estadio, o porque la palabra tiene otras acepciones?

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