Sobre la mediocridad del GDF:
"…una investigación de cómo se erigen los edificios revela que los casos más desafortunados al final pueden ser atribuidos, no a la mano de dios, o a cualquier inamovible necesidad política o económica, no a a los deseos enquistados de compradores, o a nuevas profundidades de la depravación humana, sino a una combinación pedestre entre poca ambición, ignorancia, avaricia y accidente.
Un desarrollo que echa a perder diez millas cuadradas en el campo será el trabajo de unas cuantas personas ni particularmente malevalolas ni particularmente pecadoras. Pueden llamarse Dereck o Malcolm, Hubert o Chigeru, pueden amar el golf y los animales, y en unas semanas pueden echar a andar planes que de manera sustancial arruinarán el paisaje por 300 años o más.
El mismo tipo de pensamiento banal que en la literatura no produce nada peor que libros incoherentes u obras de teatro aburridas, cuando se aplica a la arquitectura, deja heridas que serán visibles desde el espacio exterior. La mala arquitectura es una error congelado, agigantado".
Sobre la "falta de recursos" según el GDF:
"Harto de escuchar que ninguna gran ciudad se podía construir en la era moderna porque los recursos necesarios no estaban disponibles, Le Corbusier preguntó sarcásticamente: '¿Acaso no poseemos los medios? Luis XIV pudo con picos y palas… el equipo de Hausmman también era escaso; la pala, el pico, el vagón, la carreta, las herramientas simples de cualquier raza previas a la era mecanica'. Nuestras grúas, escavadoras, concreto de secado rápido y máquinas para soldar nos dejan sin nada a qué echarle la culpa excepto a nuestra propia incompetencia".
Sobre el autoritarismo del GDF:
"Como los días del absolutismo se han acabado, no nos podemos comportao como Luis XIV, quien con un simple movimiento de mano movía edificios como si fueran juguetes para niños.
En una era más colectiva, más democrática, los arquitectos se tienen que convertir en artistas de la reunión de comité….Como observó incicisvamente Le Courbusier: 'Siempre debemos recordar que el destino de las ciudades se decide en el cabildo del pueblo'"
Alain de Botton, La arquitectura de la felicidad