Una batalla de todos los días (referenciado)

Esta es mi columna en El Universal de hoy.

En las calles de la ciudad de México hay una batalla cotidiana por el espacio para el estacionamiento de coches. Esta batalla, cada mañana y tarde se resuelve de diferentes maneras. Sin embargo, las escaramuzas serían menos frecuentes y menos estridentes si asumiéramos que si queremos transportarnos en automóviles privados, siempre tenemos que pagar por estacionarnos.

Por un lado, están quienes aceptan sin mayor rencor la solución que ofrecen los franeleros mediante el apalabramiento de mediano plazo para tener “su lugar” aparatado todos los días. Por el otro lado, están los que cada vez que topan con un bote/silla/botella/caja sobre la calle, enfurecen y despotrican contra la idea de la apropiación privada del espacio público. Sobre los primeros me parece que hay poco que decir, han encontrado una solución práctica a un problema generado de manera imprevista por años de una visión urbana que prioriza el uso del automóvil privado frente a otras formas de transporte. Sobre los segundos tengo más que decir. Cada vez que se ofenden e indignan de que los franeleros “tomen” la calle, en realidad lo hacen porque somos nosotros -los conductores- quienes queremos “tomar” ese espacio público para nuestro disfrute privado.

Es decir, hay poca diferencia entre quien quiere dejar su coche estacionado sobre la calle de manera gratuita, y quien deja un bote/silla/botella/caja. En esas disputas de todos los días lo único que vemos es un microcosmos de la disputa que implica la apropiación de tierras sin dueño. El estado de naturaleza en tres metros cuadrados. ¿Quién tiene derechos sobre el espacio que es de todos y de nadie? ¿Es de quien llega primero con su coche, o de quien llega primero con su bote/silla/botella/caja? ¿Para quien no usa coche, cómo es diferente un  bote/silla/botella/caja que un automóvil ocupando un pedazo de la calle en términos del espacio público?

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Claro que buena parte de los argumentos en este artículo vienen de Donald Shoup, quien se volvió famoso por escribir "The High Cost of Free Parking" (El alto costo del estacionamiento gratuito) cuyo título original era Aparkalypse Now o Parkageddon.

Aquí algunos links:

1) El primer capítulo de su libro.

2) The Trouble with Minimum Parking Requirements

3) y este video de Streetfilms que concí gracias a @oneflores.

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Publicado en: Cosas nada buenas

Un comentario en “Una batalla de todos los días (referenciado)

  1. En mi opinión hay una gran diferencia entre poner un bote en la calle o estacionar un coche en el mismo sitio. Primero que nada, lo primero va en contra de la ley y lo segundo está reglamentado para que sea de esta manera. En segundo lugar, el poner un bote es discriminatorio pues logra que solo la persona que tiene el dinero para «pagar» el uso de dicho espacio PÚBLICO sea quien pueda hacer uso del mismo.
    En tercer lugar creo que es completamente abusivo que alguien lucre con el espacio público, más cuando dicho lugar esta designado o generalmente aceptado para el uso conocido (y de manera gratuita).
    Imaginemos por un momento franeleros apartando las bancas de cualquier parque para el uso de aquel o aquellos que acepten pagar lo que el apartador decida. Diríamos que está bien que un bote o cubeta esté sobre una banca mientras su dueño espera al mejor postor, mientras una familia busca por decenas de minutos un espacio donde descansar y disfrutar del domingo??
    Estoy a favor de una ciudad con mejor transporte público y en donde la gente busque, si así lo desea, otras opciones de transporte, pero, estoy a favor de que cada quien decida como se transporta, y si el tener un coche es su decisión, que lo pueda estacionar en los lugares públicos designados para dicho objeto.
    GRAN diferencia creo que hay entre un bote o cubeta en la calle a un coche en el mismo sitio.
    Un abrazo
    P.D. La mayor parte de los apartadores de lugares, además, se convierten en amenazas para la seguridad del propietario del vehículo. Ya no solo solicitan una propina por el lugar liberado, sino que ponen precio a dicho lugar público, sopena de dañar la propiedad privada o integridad física de los individuos que rechacen su cuota.

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