Una amistad transatlántica

Tengo una amistad transatlántica. Cuando empezamos a ser amigos jamás imaginé que los seríamos diez años después. En un principio sólo compartíamos el lenguaje, después los gustos musicales, más adelanta las discusiones sobre política internacional, y ahora compartimos el gusto por pinturas bien pintadas. En esta amistad transatlántica siempre ronda el fantasma postcolonial. La dudas sobre que tan parecidas son nuestras culturas, sobre como vemos el mundo a través de lentes forjados en un mismo origen pero con caminos divergentes. Nuestra relación es pesada porque la única manera de enfrentar al condición postcolonial es con algo de ironía, burlándonos de los prejuicios que tendrían que hacer una relación transatlántica difícil. Riéndonos se hace fácil. Este amigo para inflamar su nacionalismo español e insistirme en los atardeceres violaceos de Madrid, me llevó a ver una exposición de Antonio López García.

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Acá se pueden ver más cuadros de él.

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Publicado en: General