Todavía más más y más de la partidocracia.

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Solo la posibilidad del divorcio genera el efecto buscado por Silva Herzog. Para que las dirigencias realmente escuchen a los militantes inconformes, tiene que estar por ahi -aunque sea implícita- la amenaza. Dicha amenaza no será creíble nunca si los costos de la renuncia son prohibitivamente caros. Es como el niño de trece años que le dice al papá que dejará la casa. El papá se preocupa, pero nunca demasiado. La amenza no es creíble porque el niño no tiene a donde ir.

Romero matiza el artículo de Silva-Herzog en su propio artículo en Crónica:

Es verdad que la democracia mexicana necesita de partidos sólidos. También es cierto que es mejor tener partidos disciplinados que grupos de díscolos en constante trifulca. Pero no creo que sean las reglas actuales las que propicien el sistema partidista que llevaría a superar la bajísima calidad de la representación que hoy vivimos. Me parece lógico que los coludidos defiendan lo que ellos han pactado, pero es necesario que desde los excluidos se construya una crítica capaz de proponer una nueva ley de partidos que rompa con el proteccionismo hoy existente, que no ha hecho otra cosa que copiar y adaptar las viejas normas de los tiempos del monopolio del PRI a las condiciones del nuevo oligopolio.

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Publicado en: General