Preocupaciones y riesgos de la reforma energética

Me tiene auténticamente preocupado la aprobación de la reforma energética.

Primero, me preocupa el método de aprobación de la reforma que se está haciendo costumbre. Lo que se vio fue en estricto sentido un mayoriteo (el ejercicio de una mayoría no sólo para decidir -con lo cual no tengo problema- sino el ejercicio de esa mayoría para evitar la discusión pública). La coalición PRI-PAN hizo todo para que: a) el dictamen fuera público el menor tiempo posible antes de su aprobación y b) una vez que se presentó el dictamen evitaron tomar la palabra para explicarlo y defenderlo. Al mismo tiempo, en la desesperación, buena parte de los legisladores de izquierda fueron repetitivos en argumentos generales e incapaces de construir un discurso consistente para señalar los riesgos y errores de la propuesta del PRI-PAN. (Después de publicar este post me hicieron notar algunas excepciones de buenas intervenciones como la de Manuel Camacho y de Alejandro Encinas) Aprobar en fast-track reformas constitucionales que tienen importantes consecuencias económicas, sociales y políticas, no puede llevar a buen puerto. Justamente lo que hace un proceso deliberativo es resaltar los riesgos, atender las contradicciones, y revelar información. Ninguna de estas cosas realmente sucedió en el proceso de aprobación de esta reforma. Muy parecido a lo que pasó con la reforma política. Javier Aparicio escribió hoy un artículo en este sentido. Y hace unos días también escribió uno con una buena analogía Gerardo Esquivel.

Segundo, me preocupan los efectos de la apertura de la industria petrolera, entre otras cosas por razones políticas. Las leyes generan grupos de interés y «públicos beneficiados». Sobre todo las leyes que lo que hacen es crear algo parecido a un mercado. Eso en sí no está mal. Sin embargo, como en el caso de la regulación de partidos (el IFE y otros como las telecomunicaciones) al no ponerle atención a los grupos de interés que moviliza cierto diseño institucional, de un momento a otro, ¡zaz! ¡Zas! la regulación puede quedar capturada por los regulados, y no queda mucho por regular. De ahí no sólo surgen las consecuencias indeseables del diseño institucional, sino que después reformar lo reformado se vuelve todavía más difícil y ciertas opciones que serían óptimas quedan permanentemente cerradas. Un argumento parecido sobre las dificultades para regular cualquier cosa lo publicó Jorge Javier Romero.

Las consecuencias de una mala regulación (y después de mala implementación) las podemos ver con claridad en la primera privatización de la banca a principios de los años noventa. Un proceso no muy discutido, con muchos intereses de por medio y consecuencias verdaderamente desastrosas para el país (el colapso de la banca en el 95). El costo que tuvo ese colapso bancario es demasiado alto para decir «¿qué no es hoy más estable el sistema bancario?». El cual por cierto ha derivado en un oligopolio dominado por la banca transnacional que sigue sin lograr las consecuencias que quienes promovieron la privatización ofrecieron. Como dice Stephen Haber en un texto describiendo el proceso de privatización de la banca «Que la privatización bancaria en México produjo resultados desastrosos no está en duda», y uno puede estar o no de acuerdo con las razones que da Haber, pero esas razones sin duda cruzan por la incapacidad para regular una industria. A muchos se nos olvida, pero también en este tema vale la pena recordar lo costoso que fue privatizar el sistema de pensiones, y cómo tampoco ha logrado las consecuencias esperadas por sus promotores. En este sentido escribió hace unos días un artículo Carlos Puig.

Tercero, me preocupa el pobre desempeño de las izquierdas en el tema. Por un lado MORENA, me parece que de manera equivocada apostó por «el cerco» al Senado como si eso pudiera de alguna forma derivar en una victoria política. Sabiendo que el PAN y el PRI tenían una mayoría pactada en el Senado y que la Cámara de Diputados ya sólo es una oficialía de partes, esa sesión se iba a llevar a cabo donde fuera. Es decir, desde la convocatoria al cerco, la derrota estaba definida. La «anormalidad» de la toma del recinto ante la aprobación, como se hizo con la toma de protesta de FCH, ya no es evidente, porque a ratos parece más bien parte de la normalidad. Por el otro lado, el PRD que también hizo un esfuerzo por movilizarse parece que nunca se preparó para una discusión legislativa. No vi un conjunto de argumentos ofrecidos de manera consistente en contra de la reforma energética que podrían por lo menos haber hecho más evidentes los riesgos implícitos y las consecuencias de corto y largo plazo. Sobre todo cuando los panistas que votaron a favor estaba dando argumentos tan poco pensados o engañosos como que la reforma por definición baja el precio de la gasolina, y reduce las importaciones de gasolina y exportaciones de petróleo. Incluso me sorprendió un poco que por lo menos a Javier Corral Senador del PAN sí ofreció una buena explicación de su voto en contra de la reforma energética.

Al final lo que parece un acierto, habrá que ver, es hacer todo por llevar a la boleta para consulta en el 2015 la reforma constitucional. Es una batalla política, que obliga a que más argumentos a favor y en contra se hagan públicos, que abre la oportunidad de poner a prueba el mecanismo de consulta, y una movilización conjunta de las izquierdas. (Por cierto otra mala señal es que ni un sólo sindicato se movilizó en contra de la reforma o bueno sólo el CNTE como prolongación de su propia protesta. Ningún otro.)

Hacia delante el gobierno ha anunciado la reforma del sistema de salud. Ésta también puede ser trascendental por las mismas razones que la energética: una vez llevada a cabo se vuelve muy difícil echarla para atrás o modificarla. Espero que ante  esta discusión los legisladores de izquierdas no sólo estén mejor preparados para dar argumentos en contra de una mala reforma, sino que incluso ofrezcan de forma detallada una propuesta alternativa pensada en términos de los usuarios. Con la prolongación de la coalición PRI-PAN tal vez se pierda también en los votos, pero lo peor es perder la capacidad para generar un debate y asentar los elementos que constituyen una batalla política e intelectual de mediano plazo.


4 comentarios en “Preocupaciones y riesgos de la reforma energética

  1. Estimado Andrés,

    Estoy de acuerdo con tu preocupación sobre la incapacidad regulatoria del Estado. Sin embargo, yo veo un problema muy diferente, y es la auto-exclusión de la izquierda. Por motivos ideológicos (y sobre todo de cálculo político), se dejó fuera lo que pudo haber sido una discusión seria para mejorar la reforma, en lugar de ponerse opornerse por completo.

    A mí me da gusto ver que for fin, reformas de alto calibre están pasando en México después de 12 años de «deadlock» en los que el país verdaderamente no avanzó.

    Saludos

  2. Muy interesantes y atinados tus comentarios, desgraciadamente la gente que conoce sobre la materia y además que al menos tenga sentido común, sabe que se hizo a prisas y eso no es bueno

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