Este año, como escribió ayer Rafael Pérez Gay, se cumplen los treinta años de la publicación del libro de crónicas literarias Función de medianoche, y los sesenta años de su autor José Joaquín Blanco. Leyendo sus crónicas de la ciudad, con los ojos de quien nació en esos convulsos años ochenta que narra en el libro, me pareció inevitable pensar en las preguntas que le haría al autor de esos años, al que está ahí pero que tal vez ya no existe.
¿Qué piensa el José Joaquín Blanco de hace treinta años de la arquitectura que ahora presumen nuestras instituciones democráticas? ¿Qué piensa del nuevo edificio que el Senado se construyó sobre Reforma, que parece un pequeño misil envuelto por dos grandes murallas y rodeado de una barda de acero negra? ¿Qué tan fuerte es nuestro poder legislativo frente al poder presidencial que antes buscaba recovecos en dónde arrumbar a los legisladores, como lo hizo en Donceles?
¿Qué piensa el autor de aquellos años del exitoso avance de las buenas causas clasemedieras? De las causas que, aunque surgieron de los oprimidos, pasaron a manos de los opresores para curar sus conciencias, y ahora se presentan como las victorias clasemedieras de la democracia. ¿Qué piensa del feminismo en el matrimonio exprés y la despenalización del aborto; del ambientalismo en todo lo que se llama verde y en las cada vez más bicicletas que circulan por la ciudad; de la tolerancia a la homosexualidad que terminó por normalizar las relaciones entre personas del mismo sexo al grado de darnos el derecho (u obligación) a un marido o una esposa a todos?
¿Qué habitantes vería en el mercado de Pachuca a unas cuadras del metro Chapultepec que todavía se pone todos los martes? ¿Que nos diría de cómo amanece hoy la ciudad en las afueras de Pantitlán y de El Rosario, o del recién construido CETRAM de Ciudad Azteca, o mejor aún: del centro comercial en el que se envía al pasajero de autobús a la vida subterránea con tal de que recorra los aparadores de las tiendas?
¿Qué diría de los locutores de radio que todas las mañanas con gritos de indignación moralina crean la conciencia crítica de los automovilistas? ¿Y qué de esa minoría automovilista que ha dado un golpe de estado a la Secretaría Obras y Servicios? ¿Esos que se niegan a pagar impuestos sobre esa expresión motorizada del fetiche de la propiedad privada?
¿Cómo explicaría el éxito continuo de la Dianética en manos de actores de Hollywood, y sus cada vez más grandes edificios como el que ostentan frente a la Alameda?
¿Cómo juzgaría la reinvención de los triunfadores a través de los cursos de autoayuda, del pentacostalismo tropicalizado por “Pare de sufrir”, de los libros de “El Secreto”, la combinación de egoísmo radical con cursilería pacifista del “Executive Success Program”, y la alquimia de la pulseras con un holograma que transmite buena vibra?
El blog de José Joaquín Blanco, La iguana del ojete
Todos los texto del libro "Un chavo bien helado".
Todos los textos del libro "Se visten novias (somos insuperables)"