Este es un comentario que puse en el blog de Jesús Silva-Herzog M. como reacción a su artículo de ayer en el Reforma. Supongo que para que tenga sentido vale la pena leer antes su artículo.
A)
"El caso es que la relación con la figura de autoridad es, por
definición, antidemocrática: se basa en la confianza que el súbdito
tiene en la sabiduría e integridad moral de su superior."
¿esto quiere decir que no hay autoridades democráticas? ¿o qué toda
autoridad para no ser antidemocrática tiene que ser totalmente
democrática (sea lo que sea que esto signifique)? Los enemigos de la
democracia liberal aciertan cuando dicen que esta forma de organización
social como cualquier otra, tiene autoridades y argumentos de autoridad
(y a veces con buenos argumentos afirman que es una mala forma de
autoridad). El liberalismo democrático aunque lo pregone de vez en
cuando, no es relativista moralmente, y por eso se suele argumentar
como "más sabio" o moralmente superior a otras formas de organización
social.
B)
La Voz de Dios, la Verdad, y la Ciencia pueden tener problemas
parecidos, pero la experiencia pensaría que es harina de otro costal.
Por dos posibles razones 1) porque la Voz de Dios, la Verdad y la
Ciencia no están basadas en otra cosa más que la experiencia, y/o 2)
porque la experiencia admite la incertidumbre de este mundo.
Si tomamos la primera, entonces lo que hay que hacer es confrontar
la Voz de Dios, la Verdad y la Ciencia con nuevas y diferentes
experiencias para retarlas (cosa que supongo por estar esos tres
valores en mayúsculas no admiten facilmente); si tomamos la segunda
entonces es difícil pensar quién no tiene acceso potencial a cualquier
experiencia. Es decir,la experiencia es de acceso menos restringido que
las otras tres, lo cual sugiere que es más "democrática" (la diferencia
entre la Ciencia, la Voz de Dios, la Verdad, y la ciencia (con
minúscula) es que la que tiene minúscula tiene mecanismos propios que
facilitan el reto de nuevas experiencias).
C)
En la democracia como en cualquier otra forma de organización hay
autoridades. Lo que suele distinguir a la democracia (y supongo que en
particular a la liberal, pero no exclusivamente) es que implica ciertos
límites a estas autoridades. Por ejemplo a diferencia de autoridades en
otras formas de organización social, en la democracia estas son sujetas
a escrutinio público, su autoridad es contingente al proceso
democrático, al resultado de ese proceso, y a algún límite en términos
de espacio y tiempo (en términos generales y en nuestra Const). La
medidas de emergencia sanitaria hasta ahora aplicadas no rompieron
estos límites (en estos términos hay que preocuparse más por "la guerra
contra el narco").
D)
Sí, los argumentos de autoridad, que no es lo mismo que la autoridad,
suelen ser desagradables, pero sólo dejan de ser democráticos si no son
tratados como el resto de las autoridades en un contexto democrático,
de manera pública, contingente y temporal. Es decir, el problema del
argumento de autoridad no es un problema sólo de quien lo argumenta,
sino de quien lo asume como algo más que resultado de alguna(s)
experiencia.
E)
Me preocupa menos el posible uso de la Ciencia (o ciencia) como valor
para argumentar cierto uso de la autoridad en este caso, que los
valores implícitos en la acción estatal o en su ausencia. Si
efectivamente existe la información para saber que nuestros sistema de
salud mata a miles de personas a la año, ¿por qué el gobierno sólo
actuó hasta ahora? ¿por qué buena parte de las y los ciudadanos, y de
los que participan activamente en la discusión pública normalmente no
reaccionamos con la misma fuerza para criticar o defender a un sistema
que sabemos mata gente? ¿por qué estas vidas, las que ataca este virus,
valen más la pena que defender que las otras vidas?
F) En lo que buscamos respuestas a esta última pregunta lo que sí
sabemos es que el intento de los gobiernos en esta excepcional ocasión
fue proteger a todas la vidas por igual (una posible respuesta es que
hay indicios de que en este caso los muertos no han sido ni pobres, ni
indígenas, ni viejos y la única manera de proteger a quienes "la
normalidad" si valora era protegiendo a todos). No creo que haya sido
por buenas personas, ni por visionarios. Sino simplemente porque la
publicidad de muertes aparentemente aleatorias (entre "los normales")
les restarían votos. Pero a los gobiernos que surgen de elecciones
mínimamente democráticas ese es el límite inferior que les hemos
exigido, "preocúpense por seguir consiguiendo más votos".
G) Con la información que hemos contado, y la que hasta ahora
sabemos que contaban los gobiernos se actuó de tal manera que se valoró
más (insisto no sabemos bien por qué excepto por la existencia de un
mínimo proceso democrático), mantener a más gente viva que a mantener
los ingresos de empresas y comercios. Creo que esa es una mejor
experiencia que la experiencia a la que nos hemos acostumbrado en la
cual mantener a más gente viva está sujeta a la amenaza de la fuga de
capitales y de menor crecimiento económico.
p.d. ¿Qué no la Ciencia como autoridad es más moderna que premoderna y por tanto parte de los problemas de la modernidad?
Andrés: no resulta fácil saber qué texto que comentas. A pesar de que incluyes un enlace a mi artículo en tu blog, no registras el sentido de mi argumento.
En efecto, de acuerdo a la noción que trato de aplicar a la circunstancia, la democracia expulsa la autoridad del campo. Ahí hay poderes, instituciones, hay órganos de poder restringidos normativamente. Hay argumentos, polémicas; decisiones, vetos. Pero es imposible el encumbramiento de una autoridad. Me parece convincente la idea de Lefort de que la novedad de ese régimen es que ahí se disuelven los asideros de certidumbre definitiva y se rompe la antigua fusión de saber, verdad y poder. No hay ahí, por tanto, sitio para una voz que se reclame obediencia epistémica y política.
Que las harinas de la ciencia y de la Religión sean distintas es algo que hasta yo veo. Mi argumento no es que sean lo mismo. ¿Necesito decir que el experimento es una cosa y la revelación mística algo diferente? Mi argumento es que pueden revestirse de idéntica inapelabilidad cuando se les pretende convertir automáticamente en mandato. Es por eso que debe meditarse sobre las implicaciones de la lógica de la excepción y los reflejo políticos ante la emergencia. Eso trato de decir. Al leerte me percato que lo he dicho muy mal. Intento precisar: resulta claro que hay nuevas amenazas en el mundo y que son muy serias. No son triviales ni producto de una conspiración. Por eso necesitamos pensar en los permisos para encararlas. No estoy increpando, estoy comunicando una preocupación.
Por eso no he dicho en ningún momento que la respuesta del gobierno haya sido excesiva, ni caprichosa. Lo que he dicho, en relación a la respuesta gubernamental, es que su acción no se ha sustentado en su propia argumentación.
La parrafada sobre la insensibilidad de las y los ciudadanos (como dices tú) ante las muertes invisibles es conmovedora pero no aporta un argumento: es un golpe de pecho. Andrés llora las y los muert@s de hemorragia abdominal tanto como llora las y los muert@s de influenza. Su igualitarismo no discrimina virus ni bacterias.
Y sí: nuestro sistema de salud es un crimen cotidiano.
Un saludo
Jesús, te agradezco mucho tu respuesta. Si no estaba completamente claro a qué texto me refería, creo que tu respuesta hizo explícitas las referencias que mi comentario (aunque imagino en partes poco claro) hace al artículo aquí posteado, y sí, de manera indirecta al artículo de la semana anterior.
1)Creo que entiendo mejor tu preocupación sobre la «emergencia de la autoridad», pero también creo que el término «autoridad» está usado de tal manera que siembra más confusiones que aclaraciones. Sin duda se puede cambiar el significado de las cosas como queramos, pero simplemente para tener un parámetro común imagino que su significado está de alguna manera basado tanto en el significado coloquial como en el del diccionario. Considerando esto, me resulta difícil pensar que la democracia expulsa la autoridad del campo, pese a que sí disuelva buena parte de los asideros tradicionales de certidumbre. La democracia tiene sus propias autoridades, diferentes a las religiosas, diferentes a las científicas, etc. Pero aún así tiene sus propias autoridades con características democráticas. En este caso particular, no fue una autoridad científica la que simplemente decretó una emergencia, fue una autoridad política. Fue una decisión ponderada frente al contexto político no fue la ciencia misma la que determinó la prevención cuasi-universal durante la emergencia. Tan tenían consideraciones políticas las decisiones que Javier Lozano no perdió la oportunidad para representar a los intereses de su partido frente al GDF.
2) De acuerdo, los argumentos científicos (y cualquier otro argumento) pueden revestirse de inapelibilidad. Sin embargo, en este caso no me parece que así haya sido. Creo que la discusión y por tanto apelabilidad de estos argumentos es demostrada con la multiplicidad de fuentes de información que se han generado sobre el tema. Quien no confía en el Gobierno Mexicano puede ir a buscar información de la CDC, OMS, y de cualquier investigador que diga lo que uno quiere escuchar. Justamente por esta multiplicidad de fuentes de información pareciera que el gobierno decidió reducir las medidas de emergencia en relativamente poco tiempo (comparado con otras epidemias en otros países).
3) Sin duda la lógica de la excepción debe meditarse, pero creo debe meditarse sobre todo sobre las consecuencias de esta emergencia en la vida del país, no sobre su correspondencia con principios previamente definidos. Lo que se entiende de tu preocupación es la preocupación liberal (o foucaultniana ahora que es hasta de buen gusto) que por principio sospecha del poder del Estado. No veo en el Estado mexicano en este caso una fusión entre saber, verdad y poder (por cierto, esa fusión la veo más seguido cuando se aprueban reformas al sistema de seguridad social). Entiendo, nuevas amenazas, que son preocupantes, merecen nuevas discusiones. No hay duda, pero esas discusiones y esas amenazas me parece que no vienen de la autoridad (de por sí débil) del Estado mexicano, esas amenazas provienen de otros lugares y por eso nuestra atención podría ser más valioso depositada en esos otros lugares que esta emergencia ha hecho evidentes.
4) Me da gusto que sea conmovedor mi argumento. Es parte del argumento mismo. Si no estamos dispuestos a aceptar los sentimientos que generan ciertos hechos como parte de los argumentos políticos, entonces creo que estaríamos no sólo encumbrando con injusta autoridad sólo ciertos argumentos (no emotivos. ¿o qué las emociones tienen menos autoridad que la razón?), sino una vez más evadiendo la atención que merecen temas importantes.
No es un golpe de pecho, no es sobre mí el argumento. Es sobre el Estado mexicano y sobre nuestras costumbres compartidas. La información que se hizo más evidente en números rojos (y fotos) es una oportunidad para cambiar esas costumbres y al Estado mexicano. El tema no es mi igualitarismo, es el anti-igualitarismo que hemos permitido en el Estado mexicano, y que ha dejado de ser motivo de cuestionamiento. Si el problema sólo fueran mis quejas (y mis emociones) no tendría interés en discutirlas en público, pero no evadamos el tema de fondo, el problema es nuestro Estado (y nuestra sociedad) que no ha logrado aspiraciones que se pregonan con relativa frecuencia y que en la retórica justifican su existencia.
Insisto nuestras preocupaciones tendrán mejores resultados si las ponemos al servicio de la deseable construcción de un Estado de bienestar que si las ponemos al servicio del temor al fantasma de 1984.
Muchos saludos, Andrés