Alternativa, hizo algo casi imposible de hacer. No reformó sus estatutos, sino que hizo unos nuevos. Pocas instituciones se pueden dar ese lujo que no es poca cosa. Es un experiencia clara de autoinstitución. Básicamente Alternativa está haciendo lo mejor que se puede hacer en la política, la experimentación institucional. Pueden haber cosas que funcionen, otras que no funcionen como se preveía pero que tengan buenos resultados, y otras que que claramente tengan malos resultados. Sin embargo, será con el cúmulo de experiencias que se construirá poco a poco una mejor institución, con reformas, cambios, modificación y aplicaciones.
Algunos elementos centrales que garantizan la democratización de Alternativa son los siguientes:
1) El poder emerge de los órganos más pequeños posibles, que son los Comités de Acción Política (CAPs) que están constituidos por entre 15 y 20 afiliados. Cada CAP tiene derecho a un representante en la Asamblea Estatal. En la Asamblea Estatal son electos los representantes de la Asamblea Nacional.
2) La elección de la fórmula de presidencia y vicepresidencia es electa, no por la Asamblea Nacional directamente, sino por el Consejo Político Nacional (CPN). El CPN es electo en la Asamblea Nacional por pequeños colegios electorales de 5 personas.
3) La presidencia puede ser removida si pierde el apoyo de 2/3 parte del CPN, de tal manera que la presidencia siempre estará en riesgo, de que si no cumple, puede ser revocada.
Los objetivos generales es tener una institución con mucha deliberación democrática y con mucha rendición de cuentas. El principal riesgo de este partido, como de cualquier organización, es que nos suceda lo que le sucede al resto de las organizaciones políticas de nuestro país: los intereses de las bases quedan absolutamente relegados por los intereses particulares de l@s dirigentes.
¿Qué opinión te merece el siguiente texto, Andrés? ¿Cómo lo reconcilias con la carta en la que nos pides que firmemos contra el «transfuguismo» político?
http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=301681
De tránsfugas y bancadas artificiales
Ciro Murayama
La Cronica de Hoy
El Partido Alternativa Socialdemócrata y Campesina, que contendió por vez primera en la elección federal anterior y refrendó con éxito su registro al superar el 2 por ciento de la votación, decidió la semana anterior, en un acto de congruencia, quitarse la coletilla “y Campesina” para llamarse, nada más, Alternativa Socialdemócrata. Y es que, en sus orígenes, los impulsores del partido fraguaron una alianza con distintos personajes que habían hecho su carrera política en agrupaciones de trabajadores del campo —de ahí lo de campesina— que en poco tiempo se convirtieron en una suerte de caballo de Troya en la naciente organización pues, entre otras cosas, militaron contra la candidatura presidencial de Patricia Mercado para impulsar, nada más y nada menos, que la del doctor Simi. Al final, esos “campesinos” acabaron llamando a votar por Roberto Madrazo. Ahora, ya sin ese lastre, y siendo un partido fundamentalmente urbano, sus dirigentes se quedan con un nombre más apropiado.
La congruencia de no aparentar lo que no se es —un partido campesino—, sin embargo, se echa de menos en la manera en que Alternativa toma sus decisiones en la Cámara de Diputados. Por Alternativa votamos en
la elección de diputados federales 850,989 ciudadanos, esto es, el 2.05 por ciento de la votación nacional, lo que se tradujo en cuatro diputados por el principio de representación proporcional que habrían de llevar la voz de una nueva fuerza política a la tribuna de la Cámara. Bien vistas las cosas, se trató de un triunfo: abrirse paso ante una legislación electoral restrictiva, que había sufrido una contrarreforma en 2003 para cerrar el paso a nuevos partidos, superar los obstáculos internos y conseguir luego de varios intentos —Alternativa es en cierto modo la continuación del esfuerzo que se plantearon Democracia Social en 2000 y México Posible en 2003— una votación mayor al 2 por ciento, para así llegar al Congreso, es una ruta venturosa.
Digo que, no obstante, las decisiones de Alternativa en San Lázaro dejan que desear porque, al inicio de la legislatura, nos encontramos con la noticia de que, sin saber bien cómo, el partido ya no tenía cuatro sino cinco diputados, lo que le permitía ser una fracción parlamentaria y, con ello, integrar la junta de coordinación política, recibir recursos adicionales —de acuerdo con la información publicada en prensa, de alrededor de un millón de pesos mensuales— y tener un representante adicional en el Consejo General del IFE, por ejemplo. Sin duda, es una legítima aspiración de toda fuerza política extender su presencia en los distintos espacios de representación, pero también es legítimo y oportuno preguntarse siempre si el fin justifica los medios. En este caso, el medio fue un diputado, de la bancada del Partido del Trabajo, convertido de la noche a la mañana, sin mayor explicación, en un legislador de Alternativa.
Hace un par de semanas el tema de la bancada de Alternativa volvió a moverse cuando uno de los cuatro legisladores que sí llegaron a la Cámara en las listas de ese partido, Eduardo de la Torre, decidió hacerse panista y mudarse de fracción. Algunos militantes de Alternativa han promovido una severa y pertinente carta a tal legislador, en donde se le señala que: “Queríamos que en el Congreso de la Unión estuviera presente una visión de izquierda, laica […] muchos de nosotros, votantes de Alternativa, ni su nombre [el de De la Torre] conocimos. Confiábamos en su responsabilidad y consecuencia con el programa que supuestamente defendió en la campaña. Por ello vemos con sorpresa que se ha convertido en un tránsfuga más de los que abundan en la política mexicana, tan proclive al oportunismo. Nosotros, señor De la Torre, no votamos por Acción Nacional. No compartimos la visión de ese partido, ni su programa. Usted tiene todo el derecho de cambiar de chaqueta y de acomodarse políticamente como le dé la gana, pero no puede, legítimamente, utilizar de manera patrimonial el cargo de diputado para el que fue electo a través de una lista partidista. Le exigimos, por tanto, que pida licencia a su escaño y permita a quien sí tenga la visión por la cual votamos, ocupe la representación de Alternativa en la Cámara de Diputados”.
La decisión de De la Torre implicaba que desapareciera la bancada de Alternativa —pues quedarían cuatro diputados; tres originales y uno prestado— pero, de nuevo, en una jugada fugaz, el PT volvió a “solidarizarse” cediendo a otro legislador. Siendo así, Alternativa es una bancada donde el 40 por ciento de sus integrantes son legisladores gracias al apoyo ciudadano que consiguió otra fuerza política —la coalición Por el Bien de Todos—.
¿Es coherente ser fracción gracias a que se infla el número de diputados con que realmente se cuenta? ¿Hay tránsfugas buenos y tránsfugas malos según el rumbo que tomen? ¿Es así como se consolida la identidad de una genuina alternativa? ¿Es esa la nueva política, el aire fresco en el parlamento que esperábamos los electores y simpatizantes del Alternativa? Me temo que no pero, retomando una sana costumbre de la izquierda, hay que ejercer la crítica y poner a discusión las decisiones políticas que dejan que desear.
Ay Andres, que feo es ver que no tienes nada que decir sobre el articulo de Murayama… el que calla, otorga.