Es impresionante como la planificación y arquitectura de una ciudad pueden reflejar y definir grandes conjuntos de ideas y símbolos. Por ejemplo la Ciudad de México nunca se ha resistido a considerarse el único centro de nuestro país. La vida de otras ciudades del país, la vida de muchísimas personas de una frontera a otra ha sido definida por decisiones que llegan del centro como si fueran enviadas por la providencia. Como un rayo divino, que a veces para bien y muchas veces para mal cae sin que nadie pueda contenerlo ni denunciarlo.
El Templo Mayor define tanto el centro como el origen. Se reconoce la legitimidad histórica de un solo pasado compartido, y se excluye cualquier reconocimiento a la diversidad que en los hechos construye la historia. Se celebra la patria grande y se ningunean las patrias chicas. No hay héroes ni símbolos ni historias que vengan de experiencias diferentes a las de quienes están, estaban, llegan y se van del centro. Así no es del todo descabellado ver como un país que se quería decir democrático en parte no lo era porque la Ciudad de México actuaba como poder colonial frente a otras ciudades.
En Washington D.C. el conflicto es parecido pero más amplio. En la ciudad, en su diseño y monumentos se distingue el impulso de una visión imperial, que habla de una sola historia, de un orígen compartido y reivindicado. Es escandaloso como desde principios del siglo 19 lo que mejor se le ocurrió hacer fueron grandes edificios que imitan los de la antigua Grecia. No les parecía suficiente ser un país en ruta democrática, sino que les pareció necesario justificar su existencia diciéndose los herederos de la cultura occidental, la nueva Grecia que ahora encabezaría la historia. Es tan burdo este anhelo totalizador que dentro de la sala de la Cámara de Representantes mezclan imágenes de George Washington con las de Moisés, Maimónides, y el emperador Octavio. Cuando lo que se está haciendo es revivir en un gobierno o en un país lo que se ilustra como "el pasado glorioso" entonces hay poco que hacer por el cambio la innovación y la diversidad. La responsabilidad deja de ser con los vivos y se vuelve con el pasado. La justicia termina por estar siempre del lado del que reivindica la gloria, y en contra de quien no la reconoce como tal, de quien no pertenece a ese pasado glorioso, único y total. Es este pensamiento, donde Washington es el centro del mundo, que hace que desde aquí solo se puedan imaginar establecer relaciones coloniales con el resto.
Una consecuencia es que la ciudad no está construida para personas sino para monumentos, espacios gigantes y abiertos, con avenidas amplias para depositar el ego-centrismo nacional. La ciudad no es agradable para caminar, son grandes distancias donde los coches dominan el paisaje en avenidas de 6 carriles. Hay banquetas angostas, pocas bicicletas, y un sistema de metro caro e incompleto. El centro monumental contrribuye de manera ineludible a la segregación racial y socioeconómica de la ciudad que ayuda a explicar porque en general es una ciudad sucia e insegura. En la ciudad monumental hay gente valiosa, en el resto de la ciudad viven los irrelevantes.
Sin emabrgo lo que hace a D.C. interesante es que sufre la ambigüedad de la imposición global con la democracia local. A mi sorpresa los folletos para visitantes en el Capitolio empiezan diciendo que el edificio es importante porque es la sede de un "experimento de democracia representativa" (tómenla universalistas), en la biblioteca del Congreso la exposición permanente es sobre la construcción de Estados Unidos a través de sus propios documentos. Al pasear entre estos dos edificios lo que se celebra es el autogobierno y por tanto el reconocimiento de la diversidad. De cada estado hay una anécdota, alguna estatua, algún diminuto hecho histórico que contribuye a la riqueza compartida. No es la grandeza del pasado lo que se celebra, sino el éxito de la aventura común donde se reconocen errores y correcciones. Cada documento histórico dónde no se hace explícita la esclavitud o la exclusión de las mujeres, tiene una nota explicatoria a lado. Muchos turistas aprovechan el viaje para visitar a su representante y simplemente conversar con ella/él, saben que alguien los respresenta y saben que a alguien representan. Los guías de turistas explican los procedimientos más que las biografías de los poderosos.
Me puedo imaginar que si lo que celebrara la ciudad fuera más el autogobierno, más el experimento, y más la diversidad, en vez de un renacimiento griego. No habría espacio para tanto monumento porque estrían las calles llenas de gente auto-gobernándose, experimentando, desegregada. Estarían los otros 3/4 de la ciudad que viven fuera, dentro. Sería más como Nueva York, y menos una imitación de otras descabelladas ambiciones.
No hay duda prefiero la egolatría democrática, que el egocentrismo imperial.
Las ciudades más cosmopolitas del mundo tienen un encanto especial para aquellos viajeros sin fronteras de pensamiento ya que la diversidad resulta uno de los tesoros más apreciados de observar. Por otro lado, al visitar otros lugares sin esta cualidad (tal vez con otros encantos con menor atractivo ideológico) más vale confrontar que comparar.
Saludos y gracias por el viaje virtual.