Nota 3: una ciudad donde quepan muchas ciudades

Dicen que la Ciudad de México la destruyó el metro. Dicen, l@s que ahí vivían, que antes del metro la ciudad tenía vida de barrio. Cada barrio con su identidad, con sus tradiciones, y con su forma de entnderse las y los vecinos entre unos y otros. Dicen que entonces, la vida era un poco más peatonal, había menos segregación de clase y raza, y la vida urbana parecía más una oportunidad para vivir más mundos que una tregedia cotidiana e inevitable.

Pero yo no creo que fue el metro el que destruyó la vida de barrio. Yo creo que fueron los ejes viales y el periférico. Creo que fue la imperiosa necesidad por ver el futuro en Los Angeles y no en Nueva York. Lo destructivo fue cambiar las banquetas por carriles de flujo contínuo. Cuando la vida no puede ser peatonal, uno sale de su casa, se sube a una cápsula acondicionada, y se baja en su destino. En el camino lo mejor que le puede pasar es ignorar el contexto de flujo y tráfico. Uno no conoce ni platica con sus vecinos, no los topa en la calle, no conoce la versión un poco más deshinibida y pública de su personalidad. Los ve retraídos, subiendo y bajando de prisa de sus autos, conoce más el coche que a la persona.

En cambio cuando la vida es peatonal, uno convive con las personas y los objetos que rodean el lugar donde habita. Construye en lo cotidiano relaciones personales y reflexiones de como vivir en ese contexto para hacerlo más nuestro. Es decir, cuando la vida es peatonal uno no sólo vive en un barrio, sino que vive su barrio.

Harlem es su propio barrio, con su propia gente con su propia personalidad. Las calles de Nueva York, en su mayoría númeradas, en Harlem tienen los nombres de los héroes de la comunidad negra, héroes locales. En Harlem la 125 es Martin Luther King Blvd. sobre la cual se puede caminar para cruzarse con las avenidas Frederick Douglass, Adam Clayton Powell Jr. y Malcolm X. Hay más puestos ambulantes que en el resto de la ciudad, y un número sorprendente tiene parafernalia de Obama. En las calles los blancos son minoría, y en Starbucks tanto servidores como servidos son negros.

La comunidad en Harlem es tan fuerte que se nota que tiene una relación ambigua con el Estado. Hay más policías que en otros lugares, y hay un gran edificio que tratando de hacer sombra a las actividades callejeras de manera prominente anuncia ser un edificio de Estado. Frente al Apollo ondea una bandera estadounidense con las barras y las estrellas negras, en diagonal a un letrero que declara a Harlem una ciudad de Estados Unidos.

Esta pequeña ciudad es tan ciudad que se entiende que tenga a sus propios poetas y artistas. Nos es difícil imaginar a Maya Angelou cantando desde la jaula racial, y a Langston Hughes celebrando la igualdad en la diferencia. Harlem es distinto, pero grita «yo también soy América».

Caminando por Malcolm X medí el ancho de ls banquetas. Si mi paso es de más o menos un metro, esas banquetas son de diez metros. En esas banquetas la gente se ve, habla, ríe y grita. Ahí en las banquetas, frente a inumerables edificios y tiendas, hacen su pequeña ciudad que tan sólo es parte de la ciudad de Manhattan, que a su vez es una parte de la ciudad de Nueva York.

Estoy seguro que donde hay banquetas hay ciudades, donde caben muchas ciudades.02152009031.JPG

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