En el último número de Nexos (que en línea ya es gratis), sale un artículo de José Antonio Aguilar Rivera sobre la ciencia política en México. Estoy seguro que no estaría de acuerdo, pero en el fondo de su argumento hay un poquito de crítica postcolonial. No es lo mismo decir lo que decimos de nosotros mismos, que decir lo que los demás nos enseñas a decir de nosotros mismos. Es decir, no hay nada en su artículo que no le hubiera gustado a Edward Said.
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Copiar estándares no es, necesariamente, una buena idea. Por el contrario, como señala Phillip Schmitter, en las periferias la estrategia más exitosa no es la simple imitación sino la especialización en aquello que se hace mejor, “especialmente cuando la comunidad de politólogos es relativamente pequeña y por lo tanto sus productos de ‘nicho’ no amenazan el status o la tajada de mercado del productor hegemónico”. Hallarse en los márgenes debería significar una mayor oportunidad para la innovación, la experimentación y la diversidad. La tiranía del mercado no siempre es positiva. Sin embargo, en los enclaves lo que reina es un espíritu de conformidad. Imitar es lo que proporciona status. El problema es que al proceder de esta manera corremos el riesgo de adoptar, como criterios infalibles, meras modas teóricas provincianas que pueden resultar irrelevantes al final del día.