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Luis de la Calle
El
Universal
Martes 11 de octubre de 2005
finanzas

 
La crisis intolerante del IMSS

Indignantes los insultos contra Santiago
Levy, pero igual la falta de reacción de la sociedad en general ante
pronunciamientos inaceptables


El reciente cambio
en la dirección general del Instituto Mexicano del Seguro Social es un
recordatorio de lo mucho que nos falta por recorrer para inaugurar la modernidad
del país.

Nos recuerda que la debilitación de instituciones es deporte nacional. Que el
aparato político no se intimida por la erosión permanente que hacemos a
instituciones que tanto trabajo costó construir, que se prefiere el avance de
los intereses de grupo al respeto de los derechos de las mayorías, que no
tenemos ni en el Ejecutivo ni en el Legislativo líderes que vean la protección
de las instituciones como una actividad prioritaria.

El IMSS es una de las instituciones que más necesita el país para proveer el
bienestar de la población de que tanto hablan los políticos y los candidatos.
Sin embargo, parece que nos empeñamos en debilitarlo financieramente para que
muera de inanición en el no muy lejano futuro.

Las reformas aprobadas el año pasado para que no pudieran dedicarse recursos
corrientes al pago de contingencias de retiro para los nuevos trabajadores del
IMSS, a menos de que estuvieran plenamente provistas, es un paso en la buena
dirección, pero altamente insuficiente: no evita que el instituto siga
actuarialmente quebrado y que se tenga que escoger entre gasto en salud y las
pensiones de estos trabajadores. A pesar de que el remedio es claramente
insuficiente para la enfermedad diagnosticada, se ha gastado un enorme capital
político en legislar el cambio y, ahora, en la aplicación obligatoria de la ley.

El sindicato, por su lado, pelea esta medida parcial para evitar el
precedente de una reforma y, sobre todo, porque disminuye su poder clientelar
por la disminución de contrataciones en que resulta la medida por la restricción
presupuestaria.

La renuncia forzada nos recuerda también que en el país hay muchos que
piensan incluido el sindicato, algunas personas en el gobierno y hasta
legisladores que las leyes deben aplicarse sólo si nos gustan. Que es posible
discutir y hasta consensuar la no aplicación de la ley sin necesidad de
modificarla democráticamente. Que algunos funcionarios públicos no recuerdan que
al asumir sus puestos protestan, bajo el artículo 128 de la Constitución,
guardar ésta misma y las leyes que de ella emanen.

Pensiones, una bomba

Por otro lado, los cambios en
el IMSS nos deberían llevar también a una reflexión sobre el problema que
implican las pensiones de sus trabajadores, de los del ISSSTE, los gobiernos
estatales, Pemex, CFE, Luz y Fuerza, universidades públicas, bancos de
desarrollo y otros. Ésta es una bomba de tiempo que tenemos, todos, que
desactivar pero que, como no urge de un día para otro, los políticos prefieren
posponer y heredarle un problema mayor a las siguientes generaciones.

Las reformas esenciales del país giran en torno a la solución a este
problema: por un lado, los principales opositores a las reformas estructurales
son los sindicatos que representan a los futuros jubilados. Se oponen a la
reforma laboral para no perder poder sobre trabajadores y empresas, se oponen a
la reforma energética porque se saben dueños de las empresas del sector, se
oponen incluso a la reforma fiscal que tenía como propósito obtener recursos
para pagar las pensiones.

Por otro, la única manera de fondear sus pensiones es con instituciones
financieramente sólidas y esto no se dará sin las reformas estructurales. El
colmo: los que más necesitan las reformas son sus principales opositores.

¿Por qué? Porque ellos piensan, equivocadamente como la mayoría, que sus
pensiones son deuda pública y están garantizadas por el gobierno y serán
sufragadas por los contribuyentes sin chistar. Esto, no obstante, es incorrecto:
el director general del IMSS puede ser una persona muy importante, Ricardo
García Sainz por ejemplo, pero no tiene facultades para endeudar al país aunque
haya firmado generosos contratos colectivos. La Constitución confiere al
Congreso en la fracción VIII del artículo 73 la facultad de endeudamiento.

El corolario es que si las pensiones no son deuda pública, el IMSS, el
ISSSTE, Pemex y los otros pueden quebrar y verse incapacitados para pagar las
pensiones. La solución es una renegociación de éstas que reconozca la deuda
contingente acumulada hasta la fecha y de ahora en adelante que todos los
trabajadores se sometan al mismo trato que reciben el resto: afores con cuentas
individuales. Sin embargo, esta renegociación que asegura las pensiones de los
trabajadores y que garantiza la solvencia financiera de las instituciones debe
darse a cambio sólo de la aprobación de las reformas estructurales.

Racismo sin condena

Finalmente, las demostraciones
racistas del sindicato del IMSS nos recuerdan la enorme pobreza en materia de
tolerancia que tenemos en México. Indignantes son los insultos proferidos en
contra de Santiago Levy, pero igualmente indignante es la falta de reacción de
la sociedad en general ante estos pronunciamientos a todas luces inaceptables.

En un país más civilizado, los agravios injuriosos hubiesen recibido una
condena universal de toda la clase política y todos los medios de comunicación.
En México, pasaron casi desapercibidos excepto por un par de periódicos, y
algunos columnistas y la muy notable posición de Patricia Mercado de Alternativa
Socialdemócrata y Campesina. ¿Dónde estaban los congresistas tan prestos a pasar
puntos de acuerdo sobre temas irrelevantes? ¿Dónde estaban la izquierda y los
defensores de los derechos de las minorías? ¿Dónde el sector privado que exige
el apego a la ley?

Parecemos a veces un país ahistórico donde pueden ser aceptables, o
incomprensibles, gestos que en otros lugares han sido proscritos por su carga
moral y su simbolismo inaceptable. Un país en que no se condena llamar a un
funcionario ejemplar "cerdo judío" y en que se toma protesta para presidente de
la República o de la cámara local de comercio con un saludo fascista desterrado
del resto del mundo.

El autor es socio de De la Calle, Madrazo, Mancera, S.C. (CMM).

buzon@cmmsc.com.mx

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