Los costos de delegar

La democracia en nuestro país es la cosa más parecida a la democracia delegativa que tenemos a la mano. Cada seis años le entregamos la autoridad a una persona para que sea jefe de tribu. Si lo hace bien, que bueno, si lo hace mal, ni modo ya delegamos.

Las más recientes declaraciones de Vicente Fox diciendo que AMLO le ganó en el desafuero, pero que Fox cobró la venganza con la elección sólo son declaraciones dignas de alguien que no tiene ninguna responsabilidad frente a nadie. Un presidente, ahora ex, que simpre sintió que el poder se le entregó como si fuera su silla personal.

Yo no voté por Fox, el puño y la rosa ya iban en ascenso. Sin embargo sé que muchos de sus votantes viven arrepentidos. Si nuestra democracia fuera más participativa y menos delegativa, tal vez podrían hacer algo para saciar su frustración.

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6 comentarios en “Los costos de delegar

  1. Me temo, tocayo, que en tu post confundes la gimnasia con la magnesia.
    El problema de la democracia delegativa (sería bueno que consultaras el paper en el que Guillermo O’Donell propone ese concepto) no se resuelve con una democracia más participativa, como pareces sugerirlo al final de tu post. Puede haber una democracia muy participativa y, al mismo tiempo, muy delegativa.
    El núcleo del problema está, más bien, en la inexistencia o ineficacia de las instituciones para HACER RESPONSABLES a quienes son electos democráticamente (como bien dices, las declaraciones de Fox son de un ex-funcionario IRRESPONSABLE –en el sentido de no «accountable»).
    Una democracia es DELEGATIVA en la medida en que el electorado carece de instrumentos efectivos para llamar a cuentas a quienes elige (no importa si hay mucha o poca participación en las elecciones) en función de su desempeño público.
    Saludos,
    Andrea

  2. Estoy con Andrea en que más que la irresponsabilidad de Fox o de cualquier otro presidente en concreto, el problema está en las instituciones mexicanas. Estas instituciones están diseñadas específicamente para reducir hasta la nada la responsabilidad y la necesidad de rendir cuentas. Sin ir más lejos, el presidente tiene un mandato muy largo (de los más largos del mundo!), no es reelegible (con lo cual le dá igual lo que piense la gente de sus acciones, ya que nunca se volverá a enfrentar a las urnas) y está muy desligado de su partido (con lo cual tampoco el partido «sufre» las consecuencias de sus acciones). Obvimente este debería ser uno de los aspectos de la reforma constitucional que se lleve a cabo, pero parece complejo conseguir el consenso necesario para hacer estos cambios.

  3. Me temo que con la mala suerte de que sí estudié ciencia política, y sí leí el texto de Guillermo O’Donell. No es incompatible decir que se necesita una democracia más participativa y que se necesita mayor rendición de cuentas. Justamente aquellas democracias con más rendición de cuentas mantienen la participación política (que no electoral) más activa que las democracias sin rendición de cuentas. Para entender eso no se necesita citar a vacas sagradas de la ciencia política.

  4. Efectivamente, Andrés, «no es incompatible decir que se necesita una democracia más participativa y que se necesita mayor rendición de cuentas». Tampoco es incompatible utilizar un concepto y no entenderlo bien (a todos nos puede pasar).
    A continuación transcribo una cita del trabajo «Delegative democracy?» del autor en cuestión (Guillermo, a.k.a. vaca sagrada de la ciencia política, O’Donell), accesible en línea para cualquiera que se interese (http://dspace.library.nd.edu/dspace/handle/2305/208), en la que se puede ver claramente que el problema de la democracia delegativa NO tiene que ver con la participación política:
    «Delegative democracies are grounded on one basic premise: he (or eventually she, i.e., Indira Gandhi, Corazón Aquino, and Isabel Perón) who wins a presidential election is enabled to govern the country as he sees fit, and to the extent that existing power relations allow, for the term to which he has been elected. The President is the embodiment of the nation and the main custodian of the national interest, which it is incumbent upon him to define. What he does in government does not need to bear any resemblance to what he said or promised during the electoral campaign—he has been authorized to govern as he sees fit. Since this paternal figure has to take care of the whole nation, it is almost obvious that his support cannot come from a party; his political basis has to be a movement, the supposedly vibrant overcoming of the factionalism and conflicts that parties bring about. Typically, and consistently, winning presidential candidates
    in DDs present themselves as above all parties; i.e., both political parties and organized interests. How could it be otherwise for somebody who claims to embody the whole of the nation? In this
    view other institutions —such as Congress and the Judiciary— are nuisances that come attached to the domestic and international advantages of being a democratically elected President. Accountability to those institutions, or to other private or semi-private organizations, appears as an
    unnecessary impediment to the full authority that the President has been delegated to exercise. Delegative democracy is not alien to the democratic tradition. Actually, it is more democratic, but less liberal, than representative democracy» (pag. 8).
    ¿Cuántas veces menciona O’Donell la palabra «participación» en todo el trabajo? Cero.
    ¿Qué tiene que ver la mayor o menor participación política con el problema de la democracia delegativa? Nada.
    ¿Quién usa los conceptos como le viene en gana, sin entenderlos bien, o torciéndolos para que digan lo que a él le interesa que digan (independientemente de lo que hayan querido decir quienes originalmente los formularon)? Andrés Lajous (no es la primera vez que le pasa esto. Basta con recordar el gazapo aquel de la «transición votada» de Mauricio Merino).
    A veces da la impresión de que tus ganas de decir, tocayo, le ganan a tus ganas de entender.
    Saludos,
    A.

  5. 1) la participación electoral no es lo que define a una democracia participativa. una democracia participativa tiene un arreglo institucional diferente al de una democracia formal (liberal-representativa, creo que ahí está el asunto).
    2) en todo caso hay una falsa discusión: una condición suficiente de una democracia formal es la rendición de cuentas (lo cual si no hay puede derivarla en una democracia delegativa). En el caso de una democracia participativa las rendición de cuentas es una condición necesaria aunque no suficiente. Por lo tanto una democracia participativa (insisto la participación no sólo se mide electoralmente) no puede ser una democracia delegativa.
    3) los conceptos y palabras viven en resignificación permanente. no hay autoridad para el significado de las cosas. uno en todo caso puede elegir que autoridad reconocer al respecto. en mi caso sólo elijo como autoridad una combinación de mi voluntad con el contexto (y no del todo como autoridad).

  6. 1. La democracia es liberal-representativa o no es. Dame UN ejemplo de lo contrario…
    2. Tu nocion de participacion politica (no electoral) es muy poco clara. A que te refieres EN CONCRETO?
    3. Los conceptos «viven en resignificacion permanente», cierto. Pero su «elasticidad» tiene limites…

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