Los intelectuales y el PRI

Colaborador Invitado / Los intelectuales y el PRI

REFORMA
Colaborador Invitado

(5 marzo 2010).- Humberto Roque Villanueva
 
 
Ahora
que resurge el temor para algunos de que el PRI regrese a la
Presidencia de la República en 2012 y que se convoca a alianzas
electorales estatales para combatir al enemigo común, sacrificando
ideologías y principios, conviene recordar con qué facilidad y
simplismo se puede juzgar la historia política del país.

Un buen
ejemplo de este simplismo es ignorar la relación entre el PRI y los
intelectuales. Si tendemos un puente entre la creación del Colegio
Nacional en 1943 que convocó a lo mejor del mundo del arte y de la
ciencia en México para integrar, entre otros, a José Vasconcelos,
Alfonso Reyes, Diego Rivera, Clemente Orozco, Manuel Sandoval Vallarta,
Antonio Caso, Mariano Azuela e Ignacio Chávez y el voto razonado que
anunciaron destacados intelectuales y científicos en favor de Adolfo
Ruiz Cortines candidato del PRI a la Presidencia de la República en
1952, podemos encontrar una línea histórica poco comentada.

Hablar
de la elección presidencial de ese año no nos lleva a la imagen de un
partido hegemónico que no tuviera problemas para refrendar su vocación
mayoritaria. Por el contrario, en ese año se presentó la división de
una corriente cardenista que impulsó la candidatura de Miguel Henríquez
Guzmán, al tiempo de que el Partido Acción Nacional postulaba a Efraín
González Luna con amplia aceptación en determinados grupos católicos;
por su parte, el Partido Popular resultó abanderado por Vicente
Lombardo Toledano con ideología de izquierda y con sólida preparación
intelectual. Todo lo anterior abona el valor de la definición política
que decidieron asumir prominentes mexicanos de los campos científico y
humanista de la cultura nacional.

Los personajes que decidieron
hacer pública su preferencia electoral responden a diversas
trayectorias de neutralidad política o incluso de franca oposición a
los gobiernos revolucionarios. En el primer caso destaca la figura de
Alfonso Reyes que, como señala él mismo en su carta publicada en el
periódico Excélsior, su deseo de no mezclarse en la política interior
de México proviene de «las amargas experiencias de mi infancia y de mi
primera juventud». No olvidemos que el destacado literato fue hijo del
General Bernardo Reyes quien murió frente a Palacio Nacional en la
rebelión antimaderista. Con estos antecedentes resulta de mayor valor
que él afirmase en esa ocasión: «con todo el respeto que me merecen los
hombres señalados por los distintos criterios nacionales para ocupar la
Presidencia de la República durante el próximo sexenio, y tras un
detenido examen de sus cualidades y de la conveniencia determinada por
las circunstancias y por el momento histórico -es decir: razones
intrínsecas y razones exteriores y circunstanciales-, no vacilo en
escoger al candidato Don Adolfo Ruiz Cortines».

Así como Alfonso
Reyes de la neutralidad política pasa a la definición de preferencias
electorales, es de destacarse el caso de José Vasconcelos que, como lo
demuestran sus libros autobiográficos, tuvo radicales diferencias con
distintos gobiernos procedentes del PNR. Es conocida la penetración
intelectual de su campaña por la Presidencia en 1929.
Independientemente del juicio que cada quien quiera hacer sobre la
figura de José Vasconcelos, nadie podrá negarle su destacada tarea como
educador, su recia formación filosófica y su pasión política. Es en
este contexto que aparece la abierta preferencia del distinguido
filósofo por el candidato del PRI.

No concluye con este episodio
la relación entre los intelectuales y el PRI; fue fructífera la
participación de Jaime Torres Bodet, Agustín Yáñez y Jesús Reyes
Heroles en la cartera de Educación Pública en distintos gabinetes
presidenciales. De igual manera habría que resaltar figuras como la de
Pedro Ramírez Vázquez, Gustavo Baz y Jesús Kumate en la administración
pública federal. Por lo que se refiere al servicio exterior, no podemos
dejar de señalar a Carlos Fuentes y Octavio Paz. Es importante aclarar
que la participación de estos últimos no implicó sujeción política
alguna.

Sirvan éstos ejemplos, que seguramente no son todos,
para evidenciar algunas luces en el largo periodo de la hegemonía
priista que, por supuesto, no está exento de sus respectivas sombras.
Lo que ahora nos interesa destacar es que no resulta fácil descalificar
a un partido político por los años que se mantiene en el poder.

El autor es ex presidente del PRI

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: General