La Ciudad del Caudillo

Este es mi artículo de la semana pasada que se me olvidó subir, y que claro es sobre una novela que me leí en vacaciones. Abajo puse el link a la película completa en YouTube.

 
No es fácil imaginar la ciudad como fue. Los últimos 29 años, la ciudad que he visto no cambia mucho. O La_sombra_del_caudillosólo cambia en algunas zonas. Un segundo piso por aquí, unos rascacielos por acá, unos desarrollos masivos de vivienda por allá, un desastre inmobiliario ahí etc; pero la estructura del centro de la ciudad es más o menos la misma.

Leo “La Sombra del Cuadillo”, la edición a cargo de Rafael Olea Franco, y a grandes rasgos veo la misma ciudad que en la década de los veinte. Los Fords, Packards y Cadillacs, se mueven por las misma calles de hoy, pero con distintos nombres: San Francisco (hoy Madero), Av. Veracruz (hoy Insurgentes), Av. Verónica (después Melchor Ocampo, hoy Circuito Interior). Cuando empecé el libro imaginé una ciudad completamente distinta, creí que describiría parques, jardineras, banquetas, tranvías, empedrados como los que ya no conocemos. Sin embargo, el centro de la ciudad, para 1924-1929 se describe de manera parecida a lo que hoy vemos excepto por las desaparecidas estaciones de trenes, y los espantosos Ejes Viales y Circuito Interior que Hank González tuvo a mal construir en los años setenta.

Una explicación posible sobre por qué la ciudad no se lee muy distinta ochenta años después (aunque inevitablemente lo es) es por los huecos estructurales en la imposible omnipresencia del autor y de sus personajes. En la narración el único espacio intermedio entre la puerta de un edificio y otro es el coche. Entre las oficinas de la Secretaría de Guerra y el restaurante “El Chapultepec” (hoy el Museo de Arte Moderno) hay un Cadillac. Entre el Frontón Nacional y la casa de Axkaná González un Chevrolet. Entre una casa en Av. Durango y Toluca, un Ford. Pero en una novela la omnipresencia o la visión en primera persona es una opción, una posibilidad. El novelista que en su mundo es omnipresente escoge las ausencias y presencias de su descripción. Es decir, sus ausencias tanto reflejan lo que describe como sus presencias.

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Publicado en: Cosas buenas