En un país sin huevos

262014-87 Hace unos años vi los cortos de «Amar te duele». Recuerdo pensar que sería una película absolutamente irrelevante por tratar de un tema tan tan trillado: un amor imposible. Sin embargo, por razones por ahora inexplicables por fin vi la película. Confieso que me asombró por no ser únicamente una cursilería amorosa, sino por también cargarse un poquito de fácil y evidente crítica social.

Este segundo tema me interesó porque podemos siempre decir lo fácil que es hacer crítica social en nuestro país, sobre todo en el tema de la desigualdad de clases, pero en el fondo pocas veces la hacemos. Las y los intelectuales se consideran gente demasiado seria para entrar al detalle de la desigualdad de la interacción cotidiana. Pocos ejemplos hay, tal vez el de nuevos juristas, de gente que no sólo se fije en las condiciones o razones de la pobreza, sino que se fije en las consecuencias que estas condiciones tienen sobre las relaciones sociales. Por el otro lado los políticos, cuando hacen explícitas estas desigualdades en el trato son acusados de divisionistas, violentes, populistas etcétera.

De alguna manera «Amar te duele» logra transmitir los problemas de la desigualdad sin citar un índice de Gini.  En la película se dicen las cosas que a tod@s nos resultan incómodas. Por ejemplo, una chica que habla en inglés frente a su chofer para hablar de él sin que le entienda. El resto de la hisotria del amor imposible es impecable como género. Una mujer de clase alta se enamora de un hombre de clase baja. La niña es frese fresa fresa de un lugar muy como de Las Lomas (o reputísimas Lomas como dicen), y él es de un lugar muy poco fresa del pueblo de Santa Fe en la Delegación Alvaro Obregón. Las familias y los grupos de amig@s no les parece que tengan una relación. Para que la tengan no hay otro camino para pasar que el de la violencia de clase. «No se trata de tu y ella, sino de nosotr@s contra ell@s y ell@s contra nosotr@s».

Aunque termina en tragedia, la tragedia no es lo que me perturbó, o por lo menos no la tragedia evidente. Lo que me perturbó es que en el fondo es una fantasía, no sólo la fantasía igualitaria de los personajes, sino la fantasía de la historia misma. Es decir, estoy seguro que en nuestro país, nos faltan huevos (esto lo digo simplemente como jerga del lenguaje, no literalmente, y tomo en serio el chiste que dirá «y ovarios también») como para buscar más cosas en común con las personas de diferentes clases sociales que tomar la ruta fácil de repetir lo que ya existe en el medio que nos movemos cotidianamente. Los huevos que nos faltan son para brincar barreras que no nos permiten imaginar que tod@s tenemos cosas en común, pero que estas se ven opacadas por una avalancha de cosas que sólo son determinadas por la clase social a la que pertenecemos.

Por eso  la película vale la pena. Por que tal vez, sólo tal vez, si vemos esa fantasía, se nos antoje y tal vez hagamos algo al respecto. Tal vez y sólo tal vez con la fantasía de que las diferencias de clase son superables, imaginemos y después hagamos un lugar donde (Rorty dice), «el amor será la única ley».

Claro, y el tema de género….la historia sería completamente diferente si el rico fuera hombre, y la pobre fuera mujer.

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Publicado en: General

Un comentario en “En un país sin huevos

  1. Gracias por el post… me recordó a libro de Amy Chua «The World on Fire», donde se discute el tema de las minorías étnicas privilegiadas. En el caso de América Latina, Chua habla de una «pigmentocracia»… de una separación tácita entre clases, de una fractura social poco explícita en el discurso político, pero muy evidente a la vista. (me imagino que ya lo leíste)
    Como bien dices, lo perturbante es que las barreras entre clases se mantienen impermeables. Para Chua, el peligro está en que la democracia y la globalización funcionan en sentido contrario: la primera le transfiere el poder a las clases desfavorecidas (mayoría) y la segunda aumenta desproporcionalmente el poder económico de la clase privilegiada (minoría). Esto lleva, según Chua, a un choque inevitable entre clases.
    Pero el resultado más imporante de este choque es que la división de clases se hace explícita en el discurso político (AMLO, Chávez, Morales) porque incrementa los dividendos electorales. Para Chua esto es desastroso.
    Sigo sin decidir mi posición al respecto…acabo de terminar el libro y me falta digerirlo. Pero estoy convencido de que, en el caso de México, la división de clases es tan profunda que se debe de discutir abiertamente. Las desigualdades son reales, evidentes, y terribles, y creo que el primer paso para tratar de superarlas es incluyéndolas en el discurso público.

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