
Aproveché unos días de vacaciones para leerme un libro que hace algunos meses me recomendó Carlos Martínez, "El Orden del caos: Historia del fin del comunismo" de Fernando Mires.
El libro es interesante de cabo a rabo. Empieza fuerte con una narración y análisis de la caída de la Unión Soviética en donde los personaje principales son Gorbachov y Yeltsin. Después describe, y creo que es la parte que más me interesó, el fin de los regímenes comunistas en el este de Europa. A partir de ahí pasa por el resto de las regiones del mundo en un análisis paralelo de las politicas exteriores soviéticas y estadounidenses en la segunda mitad del siglo XX. Todo esto va mezclado con el análisis permanente sobre las implicaciones del fin del comunismo. Hace pedazos a dos académicos que e habían aventurado a reconstruir un orden post comunista, Francis Fukuyama y Samuel Huntington. Lo que más me gustó es que los describe como Hegelianos transnochados que insiten en la dialéctica de la Historia. Mires con una pericia de primer nivel destruye la Historia con mayúscula y le devuelve su tan extrañable minúscula: historia.
Como decía, lo que más me gustó fue el fin del comunismo en Europa del Este. El concepto de las revoluciones pacíficas me pareció genial, pues rompe con la interpretación, ahora predominante, que la llegada de la democracia en esos países fue por colapso y no por revolución. Me convenció que frente a Estados totalitarios la única opción para la oposición fue la organización de la sociedad (de ahí el tan desgastado término sociedad civil). Es decir, las oposiciones en el este de Europa no pactaron su entrada al poder, sino que la forzaron con la presión de la organización social. Esto nos deja una lección para el caso mexicano en el cual todos sabemos (y Mauricio Merino lo tiene aún más claro), la transición fue pactada. La oposición no se dio la tarea de organizar a la sociedad, sino de pactar con las elites del sistema priísta sus lugares en el poder. La oposición mexicana ha colonizado al estado, pero nunca ha colonizado a la sociedad. Hoy estamos pagando esa transición pactada. Toda la política es política de elites porque así aprendió la oposición a trabajar. "Si quieres lograr algo, ve y pacta con los poderosos, seguro que son sensatos". en vez de "Si quieres lograr algo, imagínalo, organízate, constrúyelo, y enfrenta al poder".
Tendré que leer más sobre Polonia, Checoslovakia, Hungría y Alemania del este, pero intuyo que estoy a unas semanas de considerarme un disidente de la transición política mexicana.
Andrés:
Te equivocas rotundamente en la referencia a Mauricio Merino. Su argumento es que la nuestra NO fue una transición pactada sino, fundamentalmente, VOTADA. O dicho de otro modo, que los acuerdos se circunscribieron exclusivamente a la esfera de lo electoral, por lo que no implicaron un pacto que rompiera con el orden anterior y diera un sustento institucional integral al cambio de régimen (léanse: no tuvimos nada como el Pacto de la Moncloa en España o el Pacto del Club Naval en Uruguay). Nosotros cambiamos las reglas electorales, y nuestra democratización se produjo como consecuencia de los resultados que arrojaron en las urnas esas nuevas reglas, no por un pacto entre las elites. No me meto a opinar sobre tu interpretación. Me limito, simplemente, a decirte que Merino no dice lo que tu crees que dice. Su argumento es precisamente el contrario: que la nuestra NO FUE una transición pactada.
Saludos,
C.
dime q factores produjero el fin del comunismo porfavor