El fantasma del populismo

Gustavo Gordillo

   

El fantasma del populismo, el espectro oligárquico

1. Un fantasma recorre América Latina: el fantasma del populismo. Todas
las fuerzas de la vieja América Latina se han unido en santa cruzada
para acosar a ese fantasma. ¿Qué partido de oposición no ha sido
motejado de populista por sus adversarios en el poder? ¿Qué partido de
oposición, a su vez, no ha lanzado, tanto a los representantes de la
oposición más avanzados, como a sus enemigos reaccionarios, el epíteto
zahiriente de populista? De este hecho resulta una doble enseñanza: Que
el populismo está ya reconocido como una fuerza por todas las potencias
de la región. Que ya es hora de que los populistas expongan a la faz
del mundo entero sus conceptos, sus fines y sus tendencias; que opongan
a la leyenda del fantasma del populismo un manifiesto del propio
partido. Con este fin, populistas de las más diversas nacionalidades se
han reunido en (…) y han redactado el siguiente Manifiesto, que será
publicado en castellano, inglés, francés, portugués, aymara, nahuatl,
zapoteca.

   

2. La pregunta clave no es en qué consiste el populismo sino a qué
circunstancias políticas, sociales y económicas responde? Es necesario
volver a decirlo, ésta es la región con la mayor desigualdad del
ingreso en el mundo. Todos los países de la región son más desiguales
que el promedio mundial. En 17 de estos países 25 por ciento de la
población vive por debajo de la línea de la pobreza y en tres de ellos
la proporción de pobres supera 50 por ciento.También encabeza la mayor
desigualdad en el acceso a activos como la tierra o el empleo. Siete de
cada 10 empleos creados en la región desde 1990 corresponden al sector
informal. Algunos analistas estiman que la pobreza en América Latina
que afecta a más de 200 millones de personas se habría eliminado si la
región tuviera la misma distribución de ingreso que tiene algunos
países de Europa del Este o de Asia.

   

3. Un estudio del Banco Mundial concluye que estos altos niveles de
desigualdad en el ingreso y el bienestar: disminuyen el ritmo de
reducción de la pobreza al reducir el crecimiento, disminuyen el mismo
crecimiento económico y el desarrollo, reducen la capacidad de la
región para manejar la volatilidad económica, y limitan la calidad en
las respuestas macroeconómicas a los shocks, y propician un contexto que favorece espirales de violencia y crimen.

   

4. La inequidad acrecienta la disparidad social y productiva de
nuestras sociedades, dificulta la construcción de consensos duraderos y
alimenta una visión política cortoplacista y depredadora. Los estados
nacionales tienen dificultades para establecer compromisos creíbles.
Los agentes sociales no siempre se embarcan en acciones colectivas para
defender intereses comunes. Se dañan instituciones capaces de procesar
conflictos. La desconfianza mina la ciudadanía y la competencia
económica, porque la exclusión es el enemigo principal del desarrollo.
Este fantasma populista enmascara apenas una revuelta popular contra
las formas de intervención del poder oligárquico. Este poder
oligárquico que está basado desde luego en el dinero pero sobretodo en
el acceso al poder político y al conocimiento mina la democracia en la
medida que captura la mayor parte de las ventajas económicas, políticas
y culturales de la globalización y arroja a la exclusión social a un
número mayor de grupos y ciudadanos.

   

5. Las movilizaciones y el debate entre las distintas fuerzas que
integran la entretejedura de las sociedades latinoamericanas en las
últimas dos décadas obedece claramente a la extenuación del modelo
oligárquico apoyando por un Estado patrimonialista. Este modelo se
marchita respecto al: a) formato central
basado en el entendido de que las clases sociales son conjuntos no
homogéneos sino heterogéneos y por tanto no obedecen a un principio
automático de unificación; b) discurso de justicia social que
se ve cuestionado desde el espacio de la construcción democrática con
el reclamo de mayor participación en la toma de decisiones; c) concepto de intervención patrimonialista
impugnado desde la reivindicación de plena ciudadanía de los distintos
agentes sociales. Este poder oligárquico no sólo prohijó corporaciones
sindicales o agrarias sino sobre todo corporaciones privadas que
alegremente entonaban el himno al capitalismo puro y a la libre empresa
al amparo de todas las formas legales e ilegales de protección estatal.

   

6. Con todos estos procesos en marcha hay una fuerte tendencia a la
fragmentación social. Esta etapa de fragmentación y anomia social se
despunta peligrosamente en el horizonte latinoamericano. El aparente
dilema al cual se enfrenta distintos conglomerados progresistas es cómo
reagrupar fuerzas sociales, actores políticos y sobre todo ciudadanos.
¿Proponiendo un gran programa de reformas institucionales o un paquete
de políticas públicas? ¿Hay que reformar el presidencialismo, los
sistemas electorales o la ineficiencia de los gobiernos? Lo que más
importa es sortear las opciones excluyentes a través de una secuencia
de intervenciones que transporta como idea central que toda acción
pública es un proceso de aprendizaje ciudadano. El mensaje tiene que
ser un estado con respuestas y con responsabilidad. Protección y
seguridad para los excluidos.

   

7. ¿El populismo es por tanto un fantasma que erosiona la
democracia, pero también el síndrome en clave que busca paralizar a las
fuerzas progresistas con el petate del pasado? ¿Proviene de marxistas
trasnochados -y en consecuencia el primer párrafo de este artículo es
su renovado lema- y de quienes pregonaron reformas estructurales en
lugar de y en contra del fortalecimiento de democracias incipientes -en
cuyo caso el primer párrafo es una ironía que se les revierte? ¿Al
evocar esta palabra -populismo- evocamos por igual a Perón y a
Pinochet?

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Publicado en: General