El día de hoy me publicaron este artículo en El Universal defendiendo el voto nulo.
Un acto contra el cinismo y la indiferencia
Andrés Lajous
El voto en México necesita ser defendido frente a dos adversarios que
son difusos y cada vez más fuertes. Entre más se fortalece uno de
ellos, con más fuerza repercute en el segundo. Funcionan como un ciclo
combinado que corroe quizá irreversiblemente nuestra democracia
electoral. Estos enemigos no tienen una sola cabeza. A veces se corta
una, pero es sustituida por las demás. Sobreviven a lo largo del tiempo
entre más los ignoramos, obviamos su existencia o provocan la
abstención. El primer paso para enfrentarlos es poniéndoles el nombre
de la actitud que los llama a existir: el cinismo y la indiferencia.
Los malos políticos en México viven de nuestro propio cinismo. De
nuestra renuncia a tratar de describir un país diferente. Cada que
pedimos a alguien que no sea ingenuo, que no sueñe, que acepte la
realidad tal y como la definen quienes hoy gobiernan, le estamos
pidiendo que no le exija nada a quienes nos representan frente a las
instituciones. Le estamos pidiendo que no los empujen a representarnos
mejor. Cuando aceptamos en la frustración que “así es la política”,
garantizamos que la política siga siendo como es. Cumplimos nuestra
propia profecía.
…
De la indiferencia también viven los malos
políticos pero, aún más grave, con ella se gesta el autoritarismo.
Cuando las personas se dejan de presentar a votar porque sólo pueden
votar por lo menos peor, cuando prefieren quedarse en casa porque creen
que su voto no vale o tienen demasiado miedo para salir, ya no hay
manera de castigar a los políticos por hacer la política que hacen. Las
democracias electorales viven de quienes votan y de quienes cuentan los
votos. Si no cumplimos una de esas dos condiciones es difícil que el
sistema electoral sobreviva. Los políticos que pueden gobernar sin
votos suelen ser malos gobernantes. El autoritarismo ya no tiene la
excusa de ser buen gobierno.
El llamado al voto nulo no debe asustar a
nadie. Es un paso para reconocer que buena parte de los problemas del
país se debe a cómo nos representan quienes se supone que lo hacen.
Incluso es motivo de celebración para quienes creemos en las
instituciones electorales de nuestra democracia. El llamado representa
el interés de ciudadanas y ciudadanos por comunicarse con el resto a
través del voto, aunque no se sientan representados por ningún partido.
No hay mejor forma de mandar el mensaje: “Creo en la democracia y en
las elecciones, pero no creo en ninguno de los que hoy quieren ser
nuestros representantes”. Si quienes quieren protestar no lo pueden
hacer a través del voto, dejarán de votar. Cuando nadie vota ahí sí es
cuando tenemos que preocuparnos, ahí es cuando la semilla del
autoritarismo deja de ser semilla y se convierte en raíz.
También salieron otros textos sobre el tema. Uno de Onésimo Flores en contra del voto nulo, y otros indirectamente a favor de Jorge Javier Romero, César Cansino, y Mario Campos
En defensa de ejercer el voto.
Andrés, sí, sería ingenuo pensar que a partir de anular el voto de forma masiva los partidos políticos harán un examen de conciencia y modificarán sus formas de proceder para dar lugar a candidatos más dignos. Esto no ocurrirá de una forma tan lineal ni por asomo.
Por otro lado, el votar en estos momentos se torna estratégico al privilegiar el objetivo electoral, por encima de la opción de preferencia (en eso coincidimos, no hay opciones de total preferencia).
Abstenerse sería darle mayores posibilidades de triunfo al competidor más alejado de la izquierda (con todo lo que ello implica).
Artiméticamente hablando, votar nulo equivale a abstenerse en la pràctica (no hablo del fin ideológico que son diametralmente diferentes). El mensaje de protesta de éste último creo que terminaría por difuminarse ràpido y quedar en el olvido, al margen de la sensación individual de satisfacción por denotar nuestro descontento.
Soy partidaria de desarrollar la tolerancia a la frustración, sobre todo en los tiempos que a nuestra generación le toca enfrentar, sobreponerse y optar por tácticas que se ajusten a la realidad, a los condicionantes existentes y que gradualmente vayan teniendo mayor relevancia política a largo plazo.
Sin embargo, reconozco que suena tentadora tu propuesta y me falta trabajar en mis argumentos.
Saludos.
..O indirectamente en contra. Jaja un gusto compartir página.
Apenas leí tu artículo. Está muy bueno. Coincido totalmente contigo, sin embargo, no sé si anular el voto constituya una herramienta para enfrentar al cinismo. Al contrario, creo que el cinismo está tan bien parado, y estructurado, que acciones como las que propones -y que yo apoyo totalmente, dado que eso haré en estas elecciones- no le hacen ni cosquillas; creo que no existe temor alguno por parte de los malos políticos a anular el voto. Al contrario, creo que su cinismo se refuerza, y concluyen con un tajante: «Pues, aun así sabes que ganará «x» candidato».
Habrá que buscar una manera de canalizar esa acción con otras. Por lo pronto, a los malos políticos les da igual; al fin y al cabo ganará alguno de ellos. En eso concuerdo con Lucía. Anular el voto equivale a abstenerse de votar.
Como sea, apoyo tu idea. Me parece muy bueno tu artículo
Saludos.