Con todo cínismo el Rey de Porros, en su editorial de hoy escribe lo siguiente:
El compromiso democrático supone que todos los actores políticos y
sociales despleguemos nuestras demandas e intereses legítimos en los
espacios institucionales que la democracia ofrece. El método
democrático obliga al diálogo y a la formación de acuerdos, con respeto
a las diferencias inherentes a la pluralidad. En este punto la
ambigüedad no tiene cabida en la socialdemocracia: es en el terreno de
la legalidad y las instituciones, con tolerancia, responsabilidad y
civilidad, donde debemos asumir en forma inequívoca la política. Se
trata de un signo de identidad imprescindible para la izquierda
democrática, por encima de toda forma de violencia y de las reiteradas
pretensiones de vulnerar los proyectos colectivos a través de
liderazgos unipersonales.
Escribe esto después de dar un golpe violento para excluir completamente a quienes piensan diferente que él. El Rey de Porros ha insistido en que ya había ganado y que por tanto no tenía necesidad de echar a una minoría. Sin embargo, queda claro que miente. La necesidad de echar a una minoría queda en evidencia cuando le cambian el nombre al partido, cosa que tenían claramente planeada desde antes. Una minoría del 33% (que en el peor de los casos sería la cifra si no nos echan a patadas) hubiera detenido ese cambio.