El narcotráfico, la ciudad, la Iglesia y la familia

Este es mi artículo de hoy en El Universal. En la versión online, tiene un par de errorees con párrafos repetidos, pero se puede leer sin broncas.

Hace unas semanas leí las memorias del exalcalde de Palermo, Leoluca Orlando, "Hacia una cultura de la legalidad: la experiencia siciliana" (UAM, 2004). El argumento central de Orlando, es que el crimen organizado es poderoso en una sociedad, entre otras cosas, porque la sociedad tolera y (directa o indirectamente) respeta a los jefes de las mafias. En una sociedad católica como la siciliana -dice el autor- el papel de la Iglesia es fundamental en la sociedad civil, pues es común que quienes viven al borde de la ley, arriesgando la vida todos los días, pongan particular atención a quienes se hacen cargo del más allá. Uno de los eventos más importantes en el combate al crimen organizado en Palermo, fue cuando la Iglesia católica, condenó públicamente a la mafia:"Cuando cardenales anteriores habían dicho que la mafia no existía, y habían actuado en consecuencia, de hecho estaban alentando a que el cura de la parroquia de cualquier pueblo pequeño tratase de congraciarse con los capomafia locales para obtener el honor de premitírsele que celebrase la ceremonia del matrimonio de su hijo o hija… Pero cuando la cabeza de la Iglesia siciliana dice que la mafia es la encarnación del mal y que los mafiosos son pecadores, este mismo sacerdote de la parroquia lo pensará dos veces antes de pasar por alto las conexiones de la mafia con los miembros de su parroquia".Este párrafo me vino a la mente cuando leí la nota de periódico, y después escuché en radio, al vocero del Arzobispado de México, Hugo Valdemar, quien afirmó: "¿Él [Ebrard] y su gobierno han creado leyes destructivas de la familia, que hacen un daño peor que el narcotráfico" (EL UNIVERSAL, 18/08/10).

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Publicado en: Política