A veces me pregunto si quienes dicen cosas parecidas a «tenemos que recuperar la Zona Rosa», o «vamos a abrir Av. Chapultepec a la ciudadanía», se dan cuenta de lo que nos están diciendo. Auténticamente me pregunto si creen que esas zonas están en manos de quienes no «deben» estar, o si están cerradas e inaccesibles a cualquier que quiera pasearse por ahí. Me vuelvo a preguntar si se dan cuenta lo que están diciendo porque actualmente, tanto la Zona Rosa como a su costado la Av. Chapultepec, están abiertas a miles de personas (y coches y autobuses) todos los días. Tal vez lo que nos quieren decir es que, a su juicio, esta zona y esta avenida están «ocupadas» y «cerradas» por personas que para ellos no son del todo personas. O por lo menos personas que hacen, están y actúan de una forma con la cual prefieren no tener ni siquiera contacto visual. Es decir que quienes cotidianamente usan esos espacios no son legitímamente habitantes de la ciudad ni miembros de lo que entienden por «la ciudadanía». Digo tal vez porque no me consta que quienes dicen que Av. Chapultepec y la Zona Rosa son espacios «ocupados» que necesita ser «desocupados» y luego «recuperados» piensen realmente lo que están diciendo. O por lo menos no me consta que todxs lxs que lo dicen lo hayan pensando muy bien antes de decirlo.
Quien imagino que sí lo ha pensado más o menos bien es Simón Levy, a quien el GDF dio la autoridad, a través de la «Agencia de Promoción de Inversiones» del GDF, para concesionar a una empresa privada un pedazo de Av. Chapultepec y varias calles de la Zona Rosa. Porque para hacer un proyecto del tamaño que pretenden hacer, que entre otras cosas, implica un gigantesco centro comercial construido como segundo piso a Av. Chapultepec, ha de haber pensado tanto en los objetivos puestos por escrito como los objetivos implícitos. Los objetivos explícitos están ya en la propaganda que ha empezado a movilizar la «Agencia de Promoción de Inversiones», y que Salvador Medina ya lúcidamente discutió en un texto por acá. Entre los objetivos implícitos, lo que se piensa y dice, pero rara vez se pone por escrito, está «quitar espacio al crimen organizado y dárselo al peatón» como dijo Levy en una reunión reciente. Si Av. Chapultepec está ocupada por «el crimen organizado» (así como «el crimen organizado» con el que se justifica «la guerra contra el narco») la cosa está grave y no estaría mal al menos llevar una denuncia a la PGR (que es delito federal).
Sin embargo, viví muchos años a cuadra y media del metro Sevilla, y en las banquetas «crimen organizado», así como de «saquen las bazucas y las AKs», ahí no hay. Habrá crimen, y las mil millones de violaciones a la ley por segundo que hay en toda la ciudad. Pero insisto, «crimen organizado» de «si te pones pendejo voy a sacar la motosierra», de plano no. Por eso sospecho que el encargado de la Agencia de Promoción de Inversiones simplemente usó «crimen organizado» como una hipérbole para referirse al nivel de «indeseabilidad» que representan quienes hoy usan esos espacios y que a veces se contraponen con el espacio peatonal. Sí, hay vendedores con puestos sobre la calle (sobre todo en las salidas del metro Chapultepec y del metro Sevilla), pero lo que más hay son coches. Considerando que Av. Chapultepec tiene 10 carriles para coches, uno imaginaría que si a alguien hay que «quitar espacio» para «dárselo al peatón» es precisamente a los coches. Y a menos de que su hipérbole sobre el «crimen organizado» estuviera dirigida a la industria automotriz (y quienes así la usaríamos y entenderíamos somos, me temo, una muy pequeña minoría), a lo que se refiere Levy es a las personas hoy que usan esos espacios, y no a los coches.
Esta discusión da para más que para interpretar una frase. Pero la frase sirve para ilustrar por qué este tipo de proyectos suelen salir tan mal. El centro comercial en un segundo piso sobre Av. Chapultepec, como tantas concesiones e intervenciones urbanas, no están pensadas en términos de quienes ya viven y usan hoy ese espacio. No está pensado en términos de quienes viven en las calles aledañas, ni de quienes van a las fondas sobre Av. Chapultepec, ni de los miles que a diario entran y salen de las tres estaciones del metro en esta zona; tampoco de quienes tienen que cruzar a pie una avenida de 10 carriles todos los días. Están pensadas desde una experiencia externa a la de la vida que hoy ahí se vive. Están pensadas desde absurdas equiparaciones con espacios públicos en otras ciudades que tienen otras características. Están pensadas para ganar proyectos de diseño. No están pensadas para mejorar la vida de quien ya la vive ahí, sino pensando que quien vive ahí la vida será expulsado y sustituido por alguien más deseable. Por alguien más parecido a lxs muñequitxs que se dibujan en los «renders» de lxs arquitectxs.
Entiendo que la expulsión y sustitución de quienes hoy viven y usan esas zonas es justamente lo que resulta para muchxs atractivo del proyecto del centro comercial sobre Av. Chapultepec; pero incluso quienes tienen una patológica preferencia por espacios distópicamente homogéneos tienen que conceder que los costos sociales de realizar esas fantasías son altísimos y que por suerte en lugares donde puede-que-haya-algo-medio-parecido-a-una-democracia no se pueden llevar acabo. Es decir, que después de ganar el premio de diseño y de darse palmadas en las espalda por «atraer inversiones», la implementación no logra ni una cosa ni la otra. Este fracaso se vuelve cíclico. Los proyectos así, fracasan porque nunca logran expulsar y sustituir por completo a quienes implícitamente querían expulsar y sustituir, y tiempo después alguien hace un nuevo proyecto «para recuperar el espacio» que termina por seguirle agregando capas al elefante blanco con el que empezaron.
La relevancia que le das al espacio público es muy importante sin embargo no aprendimos la lección que nos dejo: Buenavista al no ser integrado con los aforos importantes ni con el entorno inmediato le significo en términos de rentabilidad perdidas importantes al desarrollo y seguramente al Gobierno Federal el proyecto de Chapultepec está planteado en los mismos términos podrá parecerte poco importante pero seguir construyendo proyectos perdedores en concesiones no beneficia a nadie terminan renegociando así paso con todos los proyectos del tren interurbano seguro va suceder por que los tiempos de remodelación de los edificios paralelos no serán similares para todo el corredor así que la densidad de compradores no será suficiente para el área rentable hasta pasados cuatro años si Acosta Verde está previendo consolidar un punto venta como todos sus proyectos arranca con un ROI muy bajo en una zona donde vende hace 100 años no se debe entender el área igual que abrir un mercado nuevo
«¿No es razonablemente posible llamar «delincuentes» a aquellos individuos cuya única norma es el provecho?» Alain Badiou, en El despertar de la historia.
Andrés querido: lo que dices es muy interesante y muestra con claridad tu conocimiento de la zona y tu gusto por la gente del rumbo. Eso hay que respetarlo, ni duda que debe que ser la misma gente que ahí vive, por ahí convive y ahí se enamora y alimenta, la que tiene que ser dueña de ese espacio. No hay que entender por recuperar, quitar pobres y poner hipster, como está pasando en Brooklyn según sugiera Nicólás Medina Mora en su artículo aquí mismo. Eso no hace que deje de ser urgente mantener limpia y agradable esa zona. Justo para la gente que ahí la vive. Hay que ver el basurero cerca de la Secretaría de Salubridad para pensar en que es urgente hacer algo por esa zona. Pero tienes razón, no convertirla en Centro Comercial y hacerle un segundo piso. Mucha gente, tienes razón, la pasa feliz en un sólo piso, yo aún paso buenos tiempos por ahí. Sigue habiendo la misma marisquería deliciosa en la que tantas veces comemos. Ahora, con la mugre, sí es urgente no convivir. Y aunque nos apena, sí violan la ley los puestos sobre las aceras. Lo que no puede quitarnos de pensar que ¿en dónde más puede comer mucha gente? Conclusión, qué bueno entrarle al tema, porque urge, y cómo está lleno de contradicciones.
Querida Ángeles,
estoy de acuerdo contigo en que urge atender y mejorar los espacios en esa zona. Pero justamente por eso creo que nada podría ser peor que poner un centro comercial elevado sobre la calle al que para llegar sea tan parecido a escalar los pasos peatonales que hoy marcan la deferencia que hay a los coches en la ciudad. Lo peor de este tipo de proyectos gigantescos es que se suelen hacer bajo la amenaza de que o se acepta el proyecto o se abandona una vez más la zona.
Abrazo,
Andrés.
Propuestas como las que señalas estimado Andres, no tendrían eco, es más nisiquiera se hubieran pensado, si los comerciantes en vía pública cuidaran su fuente de trabajo con hábitos tan básicos como lo son el orden y limpieza. Con ello, los propios habitantes de la zona de esta y de otras en la ciudad los defenderían. En la Delegación Cuauhtémoc la mayor parte de los compás comerciantes no residen en ella, algo así como el 70%, vienen trabajan y se retiran dejando varias toneladas de basura, complican el transito peatonal y de ciclistas, por ejemplo, metro Cuauhtémoc, etc. Es importante que los proyectos gubernamentales no prosperen, por lo que señalas, pero también es fundamental que los comerciantes en vía pública modifiquen sus hábitos laborales y de convivencia con la comunidad residente. Lo fundamental es que GOBIERNO-RESIDENTES Y COMERCIANTES encuentre soluciones para tener una sana convivencia y ello genere desarrollo económico y social en cada colonia, en cada barrio. La sobrevivencia de la microempresa local depende de esta armonía y visión de crecimiento. Un ejemplo más, son los mercados públicos, a cualquiera que vayas a pesar de que existen mesas directivas, los conflictos internos y corrupción no les permite remodelar y renovar sus servicios convirtiéndose en centros distribuidores de alimentos ineficientes e ineficaces pese a que el arraigo en sus comunidades existía perdiéndola frente a las cadenas de tiendas de auto servicio y de conveniencia. Insisto, no estoy de acuerdo con proyectos como el del extinto Parque Delta de Beisbol que lo convirtieron en Plaza Comercial con un proceso lleno de corrupción en la venta de ese inmueble que le pertenecía al IMSS. Sin embargo, hay que reconocer que esa zona obtuvo una mayor plusvalia y modifico sustantivamente el entorno social que se vivía en todos los sentidos. La solución no era la construcción de la Plaza Comercial sino la modernización del estadio que favoreciera desarrollo económico y un entorno social seguro en favor de los residentes. En fin, ahora que esta Patricia Mercado como Secretaria de Gobierno creo que es la gran oportunidad de que las políticas públicas en la materia sean distintas a las que hasta el momento se han implementado, saludos.