A dos pueblos a parte de la Ciudad de México me debo. Uno a Tlayacapan, Morelos, y otro, con el cual a penas recupero el contacto, Erongarícuaro, Michoacán. Aquí una foto de Tlayacapan minutos antes de una tormenta.
Subí a la montaña justo tras la lluvia, me acordé de unos libros que de chico mi madre nos regaló a mis hermanos y a mí. Estaban publicados por la SEP y eran pasajes de la historia de La Revolución Mexicana en comic. El que trataba de Emiliano Zapata empezaba con la imágen de una cueva llena de armas y decía «…en las montañas de Tlayacapan».
No salgas con que también ibas cierto campamento ecologista, donde los niños cultivan bacterias y hacen grabados en linolio, en aquél remoto pueblito de Michoacán…