Ayer en un conversación me acordé de una anécdota de la prepa. Un día, en sexto de prepa, fui descalzo a clases. La mayoría de los profesores me vieron con sorpresa, y decidieron mejor ignorarme. Mis compañer@s o no se dieron cuenta o simplemente dijeron "ha este cabrón con sus mamadas". Todo iba relativamente normal, mientras acumulaba todo el polvo y demás cosas en las plantas del pie, hasta que a un profesor de química le pareció inaceptable que entrara así al salón. Me dijo que era un problema de higiene, y que no estaba dispuesto a poner en riesgo al resto de la clase (no es como que los iba a contagiar de cosas horrorosas…no que no las tuviera, sino que simplemente era el único descalzo). Insistí que no había ninguna regla que lo prohibiera, que yo simplemente estaba ejerciendo mi libertad a ir vestido como quisiera, y…no tenía muchos más argumentos que "porque quiero y puedo". Fui a dar a la oficina del director, estaba ocupado, esperé 45 minutos ahí afuera y nunca me peló. Empezó el recreo y asumí que estaba liberado. Después de recreo fui a otra clase donde el profesor no me dejó entrar. Otra vez a la oficina del director.
El director era un tipo imponente. Se parecía un poco al Sr. Burns de Los Simpsons. Era un psicólogo australiano que con la simple mirada podía dar instrucciones, frenar y corregir. Su capacidad para "desactivar" la rebeldía juvenil es algo que nunca volví a ver. Un día, junto con un cuate, me aventé con ropa durante el recreo a la alberca de la escula mientras tomaban clase los niños de kinder. El director en vez de castigarnos o regañarnos, nos encerró el tiempo que quedaba de recreo para que los demás no nos festejaran la afrenta. Su argumento fue: "Cuando tenía ocho años vi a una turba quemar a unos
niños en la calle. No me precupa que se hayan aventado, me preocupa lo que provocan en los demás".
Cuando por fin entré a su oficina con toda la calma del mundo y sin enojo alguno. Me dijo: "Tienes razón, no hay ninguna regla que diga que no puedes venir descalzo a la escuela. Dice que tienes que venir con ropa, pero no dice nada de zapatos". (1. ¡Wow! El director me dió la razón) "Pero el problema es que sí te pasa algo en los pies, el seguro de la escuela no te cubre porque no traías zapatos" (2. ¡Wow! El problema no es la falta de respeto a las buenas costumbres, sino tuyo). "Así que para ahorrarte una situación en dónde tus papás tengan que pagar algún accidente, te recomiendo que vengas con zapatos. (3. ¡Wow! No hay castigo no hay imposición. Hay un argumento razonable). Al día siguiente fui con zapatos. (Ingenuo yo, tan listo era el doble del Sr. Burns, que sabía como controlar a cada persona. Unos con amenazas, otros con chistes, y otros con "argumentos razonables". ¡Eso es control!).
Después de contar la anécdota. Un cuate me preguntó "yo creí que estabas dañado por el CIDE, ¿pero por qué hacías esas cosas desde entonces?" Mi respuesta no fue muy buena, lo justifiaqué como una especie de usos y costumbres de mi pequeña comunidad familiar donde nos enseñaron a cuestrionar a la autoridad. Sin embargo, ahora me doy cuenta que más bien era algo más banal: las ganas de experimentar con uno mismo.
El director era un demócrata racionalista chafa.
http://comandanteguevoizquierdo.blogspot.com/2008/04/para-qu-se-invent-la-realidad-si-no.html
Nos da mucho gusto saber que desde la adolescencia empezaste a «experimentar contigo mismo».