Tengo un amigo que cada vez que regresaba de vacaciones de navidad con su familia me decía: «cabrón, la revolución me ha alejado de mi familia». No había revolución alguna, sino que la vida lejos de su familia lo iba alejando en términos sus estándares éticos o de su idea de la buena vida. Supongo que todos en algún momento sentimos algo parecido cuando nos vamos de «casa».
Hace unos días regresé a la colonia donde crecí: Jardines del Pedregal (o Pedregal de San Ángel o Jardines del Pedregal de San Ángel o simplemente «El Pedregal»). No es que no viniera nunca, al contrario venía seguido, sino que hace muchos años, antes de que «la revolución» me alejara no había pasado tiempo haciendo algo parecido a mi vida aquí. Y claro el asunto es que lo que considero «hacer mi vida» es muy distinto hoy a lo que era hasta los 20 años.
Me acuerdo que de niño caminaba por El Pedregal. Las «banquetas» (son más bien una extensión de la calle pues están a la misma altura y se usan de estacionamiento) creo que estaban en mejor estado que hoy pero no lo puedo asegurar. Recuerdo que caminábamos de regreso del kinder con una lonchera, y que siempre en el mismo escalón hecho por una raíz levantando la banqueta nos deteníamos y me sentaba a tomar agua de mi termo. También recuerdo ir al parque a un lado del Super. Siempre abandonado y con los mismos tres «juegos para niños» que no eran muy divertidos (Un coche de tubos de metal, un par de escaleras de caracol a la nada, y un circulo de fierro con agarraderas al que te subías y le debas vueltas. Sobre todo las escaleras parecían más divertidas de lo que eran).
De adolescente daba vueltas a la manzana de mi casa en la bicicleta toda la tarde. No lo hacía sólo. Pocas veces con mis hermanos, más con mis primos segundos, y casi siempre con el hijo de la señora que trabajaba en casa de mi tía abuela. A veces después de comer íbamos en bicicleta a la heladería Bing que estaba un poco más lejos de los trayectos más cercanos al Super o a la papelería «Rainbow». Otras veces caminaba a casa de mi abuela para ver tele a escondidas. También me acuerdo de pasear al perro y de ir a pedir Jalogüin. Con el perro salía poco, porque como casi nunca salía, al salir me jaloneaba todo el tiempo en cada puerta donde ladraba y era ladrado por otros perros encerrados. Al fin, imagino que pensaba, «para qué pasearlos si tienen jardines». De más chico pedir Jalogüin me entusiasmaba porque no notaba que nuestra adaptación de una tradición anglosajona aquí cruza por las desigualdades evidentes. Poco a poco Jalogüin lo único que hacía era resaltar esa desigualdad que tras las bardas y los coches es más fácil de ignorar.
En fin, regreso a El Pedregal y se me ocurre sacar a pasear al perro. No es tarea fácil. Las calles son todas de alta velocidad, y las banquetas son también para coches. En algunos lugares están completamente apropiadas por quien vive frente a ellas y pone cadenas, tubos y postes para delimitar su territorio. No se puede caminar en muchas banquetas no sólo por los coches estacionados en ellas, o por la irregularidad que causa que cada quien se construya su rampa de garage o por la banqueta destruida, sino porque hay cadenas que al llegar a la esquina no te dejan cruzar (claro todo esto en las calles que no están cerradas. Porque una cosa es que la CNTE te bloquee la calle para presionar al gobierno, y otra es que tus vecinos te bloqueen la calle para hacerla suya). El parque de a un lado del Super está igualito. Podado pero hecho pedazos. Abandonado, vidrios en el piso, basura. Pocas personas paseando a su perro, y nadie se atreve a soltarlos en el parque porque uno nunca sabe si el único mantenimiento que le dan es poner veneno para ratas. Los juegos para niños casi no han cambiado. Las escaleras a la nada ahí siguen engañando ser más divertidas de lo que realmente son.
Caminar por El Pedregal da la sensación de que está destruido y abandonado. Tal vez tuvo mejores épocas. Mi mamá dice que de niña ella lo cruzaba en los diablos de una bicicleta para ir a la escuela. Hasta hace poco, casi una vez a la semana, yo lo cruzaba en bici, nunca vi a un niño en bicicleta y menos a alguien en los diablos. Sólo al afilador o al taquero. Mi papá se acuerda de caminar por los maizales hacia un riachuelo, y de atrapar tarántulas entre las piedras. Todo eso suena tan lejano, tan poco «natural», que tal vez esas mejores épocas sólo lo hayan sido en la nostalgia. Sin embargo, lo que es inevitable pensar es que la ausencia o destrucción de banquetas y espacios públicos en El Pedregal son un daño autoinfligido. Una elección de las personas que aquí viven (o vivíamos). Podrán decir que el problema es la gestión de los gobiernos, pero será que hay colonias menos ricas con mejores gobiernos, y colonias tan ricas también con mejores gobiernos. Será que aquí hay malos vecinos.
Podré creer, como en el caso de otras colonias, que es un asunto de quién usa las banquetas en una colonia para coches: quien no tiene uno; los choferes, jardineros, albañiles y muchachas. Muchas quejas y campañas por lo baches, pero ninguna por las banquetas. Pero eso es así en otras partes de la ciudad donde las banquetas y el espacio público no está tan mal. Aquí creo que hay algo más, una idea de lo que es la «buena vida». Diría mi amigo que la «revolución» me ha alejado de El Pedregal, pero es menos que eso, lo que me aleja es saber que pudiendo mejorar un poquito el entorno en el que viven, decidan amurallarse y dejarlo como está.
Me permito tomar esta frase y publicarla en mis redes con el debido cédito a la cita «una cosa es que la CNTE te bloquee la calle para presionar al gobierno, y otra es que tus vecinos te bloqueen la calle para hacerla suya»
hoy sí difiero totalmente, creo que es de las colonias con menos coches en las calles, eso sí, en las banquetas, como en muchas otras o casi todas las colonias, pero no cuentas más de 50 coches en todo el pedregal.
No todo es esfera pública, bienvenido a la realidad.
http://creativetimereports.org/2014/02/17/marc-bamuthi-joseph-race-class-green-politics-consumerism/ Creo que te gustaría este artículo por si no lo has leído, no está tan relacionado con esta nota, pero tiene algo que ver.