Babel o los ricos también lloran

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Ayer en la noche ví la película Babel de González-Iñarritu. Sí, si es tan espectacular como dicen que es. Sí, si transmite lo que dicen que transmite, la dificultad para comunicarse. Sí, si tiene la misma estructura narrativa que Amores Perros. Sí, si sale otra vez Gael García Bernal. Sí, si se nota que Rodrigo Prieto sabe lo que hace. Sí, si se escucha el score de Gustavo Santaolalla resumiendo el cúmulo de scores brillantes que ha hecho. Y sí, si queda claro que esta es la obra maestra de González-Iñarritu. Por cierto ¿que se traen él y Volpi con las trilogías que sienten que México es un país muy chico para su imaginación? ¿Creadores en los tiempos de la aldea global?

La igualdad del Dasein

Lo  más llamativo de la película es la sensación de Dasein (ser-ahí/aquí) en el mundo. Todas la vistas de la película ponen a los personajes en espacios enormes en donde se nota que estamos aventados en el mundo. El desierto marroquí, el desierto de las Californias, los rascacielos en Tokio. Los colores vívidos de cada tomas agregan al hiperealismo de la historia. Es decir, no es suficiente una historia verosímil, sino que es necesaria una textura vívida que nos haga adentrarnos empáticamente en cada personaje. No importa quien "sea" el personaje, lo importante es lo que siente, es ahí en el sentir donde la empatía pierde todo esencialismo y cualquiera puede sentir lo que siente una chica japonesa sordomuda, una madre baleada en Marruecos, un esposo desesperado intentando salvarle la vida a su esposa, unos niños marroquíes jugando solos y arrepintiéndose de su travesuras, una nana mexicana queriendo a unos niños gringos que nos son suyos como si lo fueran. Ya aventados en el mundo que importa lo que somos, lo que importa es lo que sentimos y hacemos, en lo que nos convertimos.

La lucha de clases

Al terminar la película y resolverse las tensiones que pasaron por un climax desgarrador. Todos pierden y algunos ganan. Sin embargo la magnitud con la que pierden unos y otros, depende en buena medida a la clase social a la que pertenecen. Los ricos pierden poco y ganan poco, los pobres pierden mucho y no ganan nada. Los estadounidenses (ricos globales) regresan a una vida relativamente normal después de que tanto padres como hijos pasa por experiencias traumáticas con las cuales tocan fondo y recuperan el aprecio por la vida que viven. Los japoneses (ricos globales) son los que empiezan en la peor situación, pero también son aquellos que en el peor de los casos se quedan iguales, pierden poco. La soledad y el dolor se combaten llamando la atención (sin poder pegar de gritos), al fin y al cabo alguien pone atención. Los mexicanos (pobres globales) pierden todo lo que tienen. Pierden sus pertenencias materiales y emocionales. Pierden la oportunidad de disfrutar lo que disfrutan, pierden todo sin vistas a que puedan recuperarlo (depositar la esperanza en los polleros de la frontera no me parece suficientemente esperanzador). Los marroquíes (pobres globales) pierden la vida. Un niño muerto, varias personas golpeadas y seguramente mermadas económicamente por una muerte en la familia y un futuro incierto frente a la arbitrariedad de la ley. Los ricos lloran, los pobres pierden.

La solidaridad del subdesarrollo

La conclusión no es del todo evidente pero todos saben que está ahí presente sin decirlo. Los ricos ganan en la balanza de la fortuna, mientras que los pobres ganan en la balanza de la solidaridad. Los compañeros occidentales del estadounidense prefieren dejarlo a él y a su esposa con tal de no correr riesgos propios y no sofocarse en el desierto por la falta de aire acondicionado. Mientras que el guía, un marroquí, se mantiene durante todos los momentos difíciles a su lado y al final cuando este le ofrece dinero pagando por su ayuda, el segundo lo rechaza (no lo dice, pero se entiende "te ayudé porque tu esposa se estaba muriendo no porque me fueras a pagar"). Al mismo tiempo el gobierno de E.U. espera mandar apoyo médico hasta que Marruecos reconozca que fue un acto terrorista (la vida de una persona es secundaria). Los niños marroquís, hermanos, asumen las consecuencias de sus actos (al igual que su padre) aunque uno es más responsable que el otro de lo que sucedió. Uno está dispuesto a ir a la cárcel con tal de que no le pase nada a su hermano, quien acaba de morir. La nana mexicana se pierde en el desierto, y cuando la peca la Border Patrol lo único que le interesa es encontrar a los niños estadounidenses y saber si están bien. La Border Patrol sólo tiene interés en arrestarla y hacer cumplir la ley. Los niños perdidos en el desierto son un tema secundario. La joven japonesa, sordomuda y a unos meses del suicidio de su madre, recibe burlas de otras jóvenes por estar de mal humor. Cuando por fin cree que se ligó a un galán su amiga la rebasa por la izquierda. Cuando da todo indicio de quererse suicidar, hasta el policía más empático la deja a su propia suerte. Es decir, la pobreza genera redes socioemocionales insustituibles, mientras que la riqueza termina por sustituir estas redes socioemocionales sin mayor consecuencia. La solidaridad es una característica del subdesarrollo. La mejor.

González-Iñarritu es un marxiano. Las mismas clases sociales de diferentes lugares del mundo tienen más en común entre ellas que con otras clases sociales de sus propios países. Lo mejor es transmitir esto con esos colores, esos paisajes, esa música, esos silencios, esos diálogos, sin tener que aburrirse con textos del viejo Marx.

 

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Publicado en: General

Un comentario en “Babel o los ricos también lloran

  1. Oye, muy interesante la forma en que deconstruyes «Babel». No he visto la película aún, el cine es muy caro en gringolandia, sin embargo no estoy seguro si tu lectura postestruturalista de la misma, que no solamente se aplica a textos literarios, sea la base adecuada para sentenciar que González-Iñarritu es un «marxiano».
    ¿No será que el acabar de leer el «Fin de la Locura» de Volpi afecte tu crítica hacia «Babel»? Recuerda, las estructuras no salen a ver películas.
    Por cierto, me gustó mucho tu comentario en «La izquierda buena y la izquierda mala». A ver cuando finaliza la locura mexicana.
    ¡Saludos desde Atlanta!

Comentarios cerrados