Esta es la presentación que leí en Pase Ud. Vol. 4 Estuvo realmente divertido e interesante. La orquesta de patrullas de la CIudad de México de Lázaro Valiente estuvo de primera. Cuandto tenga tiempo escribo sobre las otras presentaciones que estuvieron muy muy buenas.
- Espero ser claro, pese a todo lo que se
puede decir, en por lo menos tres cosas
presentadas en orden. Uno: la idea de que hoy tratamos a la Ciudad
de México como un objeto, lo cual es un problema para sus habitantes. Dos:
que tenemos que elogiar y apreciar las pequeñas cosas de la vida cotidiana
para cambiarla. Y tres que podemos destruir la Ciudad como objeto si
cambiamos las reglas de cómo compartimos la vida urbana.
- Hace unos meses tomé esta foto desde la
ventana de un avión. Pensé en la Ciudad de México como objeto observable,
como idea dispuesta a ser descrita. Vista desde el avión la Ciudad no
parecía tener más vida que las fotos que vemos del planeta Marte desde el
espacio.
- Sin duda, la idea de la Ciudad como objeto
es atractiva. Nos permite resumirla y observarla. En unas cuantas palabras
la Ciudad es una y nada más. Una ciudad Chilanga, el DF. El objeto se
logra ampliar pero sólo al abrir y cerrar cajones que tienen diversas
atracciones. A lo más que puede llegar la Ciudad como objeto es a estar compuesta
por otros objetos.
- No hace falta más que hojear un libro que
contenga fotos, historias, y personajes para ver que la Ciudad como objeto
nos da muy poco. Esa idea no nos deja penetrar lo que constituye la vida
cotidiana a través de las relaciones de sus habitantes. Es decir, la
Ciudad como objeto no nos deja ver a los ciudadanos que se crean y recrean
en este territorio.
- Si cambiamos la atención del objeto a las
relaciones y las vidas de los habitantes. Podemos ver que se chutan
chambas muy chafas, que no checa andar de taxista y que chale con la
policía. Es decir, podremos creer que tenemos palacios, grandes
inversiones, y vías rápidas pero las condiciones que nos forman como
habitantes no tienen nada que ver con las odas y grandes proyectos con los que se visualiza la Ciudad.
- Los habitantes de esta ciudad tenemos tan
poco control de las decisiones que se toman en nombre del objeto que de un
día a otro nos puede caer una ballena en la puerta de nuestras casas. Sin
mucho análisis, sin mucha discusión, con la Ciudad como objeto nos dicen
que hay mucho tráfico, y que para reducirlos tenemos que ceder nuestro
espacio a más coches.
- El problema de la Ciudad como objeto se
presenta por todos lados. Hace unos meses, los habitantes de una zona
residencial dejaron de entender si cuando se hablaba de los “deprimidos de
Palmas” se hablaba de ellos, o de la serie de túneles que como la
providencia un día aparecerían en sus puertas. Al final no había duda el
gobierno se preocupaba por los deprimidos, pero no se refería a los
habitantes.
- Otro de los problemas de la Ciudad cómo
objeto, y que con justa razón nos reprochan los habitante del resto del
país, es que en nombre del objeto también se ha justificado el centralismo
histórico. El objeto es la Ciudad y la Ciudad es México. Las diferencias,
los intereses, los detalles del resto del país desaparecen y las usurpa la
idea de que este objeto es tan preciado que en su nombre todo se vale.
- En vez de lamentarnos. Los invito a que
desmontemos el objeto, que lo desagreguemos y lo diluyamos. Que
personalicemos. No podemos negar que algunos pasos se han dado. Hoy por lo
menos elegimos al Jefe de Gobierno, hay algo de discusión y diversidad en
la Asamblea Legislativa, y mal que bien hay un poder judicial local que se
supone reconoce y defiende nuestros derechos.
- Otra vez aquí está el objeto. De plano
invito a destruirlo, porque no nos deja ver la textura que lo entrelaza.
Se supone que hay alrededor de 8 millones de residentes Preguntémonos
¿cómo estos 8 millones de residentes pueden hacer algo para disolver el
objeto? ¿en dónde y en qué momento hacen que sea su vida cotidiana la qué
se tome en cuenta y no sólo la idea de la Ciudad?
- Bajemos un nivel. La Ciudad está dividida
en 16 delegaciones. Cada una tiene en promedio 550 mil habitantes. Para
darse una idea de la magnitud, en esta imagen hay 200 mil puntos
estáticos. No cambian, no se mueven y no piensan como lo hacen las
personas. ¿quién puede visualizar 500 mil vidas?
- Nuestras vidas dependen de 16 delegados
que se encargan de solucionar los problemas más directos de vivir en
sociedad. El tráfico, la contaminación, la inseguridad, la basura. No que
sean los responsables únicos, pero son en buena parte los responsables de
los permisos de construcción y de uso que estructuran el espacio físico
que nos rodea. Ahí en sus oficinas es dónde los habitantes de esta ciudad
tenemos el primer contacto con el gobierno.
- Las cosas pequeñas que a veces parecen
irrelevantes son las que estructuran la forma en la que vivimos todos los
días. Es por esas cosas que decidimos en que zona vivimos, cuánto y cómo
nos transportamos, cómo organizamos nuestras actividades, con quienes nos
relacionamos, quiénes son nuestros vecinos. Es decir esas pequeñas cosas
son tan poderosas que las damos por sentado.
- En la Ciudad como objeto no tenemos
capacidad de vernos a los ojos, cruzar palabras, saber un poco de nuestras
intimidades sin decirlas. No compartimos las lavanderías, no nos peleamos
por qué plantas hay en el parque, ni qué tan ancha es la banqueta qué
compartimos. En el mejor de los casos somos desconocidos que pelean por
espacios impersonales a la mitad de la calle sin volvernos a ver.
- Los habitantes de la Ciudad de México no
nos celebramos por nuestra vida en común. Por nuestra consideración por el
otro. Por el contrario a veces nos celebramos por gandallas, por
avispados, por listos, impacientes. Y tenemos razón, no hay otra manera de
mantenerse a flote en este océano de 8 millones y en estos mares de 500
mil personas. Por eso cuando caemos, caemos solos.
- Si queremos destruir el objeto tenemos que
construir los instrumentos que nos sirvan como pequeñas balsas de flote.
Tenemos que pensar en sobrevivir juntos. Construir los espacios dónde sí
nos vemos a los ojos, donde compartimos intimidades sin decirlas. Lugares
dónde discutimos, peleamos, confrontamos pero no nos espantamos. Donde nos
reconocemos unos a otros.
- Así sucede en la Ciudad de Porto Alegre en
Brasil, donde el presupuesto de la ciudad es discutido en Asambleas de
Barrio. La evidencia del caso muestra dos cosas que no necesito describir
de nuestra ciudad para que sean deseables 1) el gasto se dirigió a cosas y
lugares tradicionalmente abandonados y 2) las discusiones pese a las
diferencias socioeconómicas, fueron rápidamente encontrando un lenguaje y
estilo aceptable para todos.
- Otro
ejemplo es el de la Ciudad de Cambridge en Estados Unidos. Ahí todo
permiso de construcción, público o privado es aprobado y discutido en
público. Están presentes las
autoridades que anuncian la audiencia pública, los solicitantes, y los
afectados por la construcción. En público tienen que convencerse,
negociar, disputar, debatir, y aguantar. Las consecuencias sentidas son
moderadas por la discusión pública.
- Si en nuestra ciudad van a existir estos
mecanismo no va a ser porque hay una autoridad iluminada que amablemente
se abre al público. Si van a existir, es porque la ciudadanía le va a
arrancar la construcción a la providencia. Si no te dan información,
grítales, si se resisten movilízate, si te empujan bloquéalos.
- Los invito a cambiar la idea de cómo se
construye una ciudad. Pasemos de la Ciudad como objeto, a una ciudad que
reconoce que toda decisión pública es eminentemente política. Hay siempre
beneficiados y afectados. La única manera de saber quiénes y cómo son
afectados, es forzando la discusión. Estoy seguro que así la idea de la
ciudad será la de la vida de sus habitantes no la de quienes dicen que SÍ
saben.
Órale Andrés. Me hiciste recordar lo que alguna vez comentamos algunos amigos.
Vecinos del mismo edificio de departamentos durante años y desde niños, hasta la fecha, nunca nos hemos encontrado al azar en alguna parte diferente de la colonia San Rafael por allá en el D.F.
Toda la entrada tiene mucha tela de donde cortar. Tratando de tomar el hilo por alguna parte, en concreto somos la gente que habitamos un barrio los que debieramos ser los que decidamos sobre nuestro espacio público. El punto 16 casi se está convirtiendo en una utopía. Con el problema de la inseguridad los espacios públicos, en algunas cuidades medias como Torreón, están ahora ocupados por los «malos». No exagero. Eso que debe ser de la gente está dominado por la delicuencia (con uniforme o sin uniforme). Simplemente utilizamos la calle para transitar sin detenernos más allá de lo necesario. En cambio la delicuencia si tiene «controlada» la vida callejera.
Pero también están las experiencias en otras ciudades del mundo que pueden enseñarnos a ver el asunto mucho más positivamente. Lo de Cambridge suena interesantísimo.
Qué buena entrada Andrés. Un saludo.