A destruir el objeto (la ciudad)

Esta es la presentación que leí en Pase Ud. Vol. 4 Estuvo realmente divertido e interesante. La orquesta de patrullas de la CIudad de México de Lázaro Valiente estuvo de primera. Cuandto tenga tiempo escribo sobre las otras presentaciones que estuvieron muy muy buenas. 

  1. Espero ser claro, pese a todo lo que se
    puede decir, en por lo menos tres cosas 
    presentadas en orden. Uno: la idea de que hoy tratamos a la Ciudad
    de México como un objeto, lo cual es un problema para sus habitantes. Dos:
    que tenemos que elogiar y apreciar las pequeñas cosas de la vida cotidiana
    para cambiarla. Y tres que podemos destruir la Ciudad como objeto si
    cambiamos las reglas de cómo compartimos la vida urbana.


  1. Hace unos meses tomé esta foto desde la
    ventana de un avión. Pensé en la Ciudad de México como objeto observable,
    como idea dispuesta a ser descrita. Vista desde el avión la Ciudad no
    parecía tener más vida que las fotos que vemos del planeta Marte desde el
    espacio.


  1. Sin duda, la idea de la Ciudad como objeto
    es atractiva. Nos permite resumirla y observarla. En unas cuantas palabras
    la Ciudad es una y nada más. Una ciudad Chilanga, el DF. El objeto se
    logra ampliar pero sólo al abrir y cerrar cajones que tienen diversas
    atracciones. A lo más que puede llegar la Ciudad como objeto es a estar compuesta
    por otros objetos.


  1. No hace falta más que hojear un libro que
    contenga fotos, historias, y personajes para ver que la Ciudad como objeto
    nos da muy poco. Esa idea no nos deja penetrar lo que constituye la vida
    cotidiana a través de las relaciones de sus habitantes. Es decir, la
    Ciudad como objeto no nos deja ver a los ciudadanos que se crean y recrean
    en este territorio.


  1. Si cambiamos la atención del objeto a las
    relaciones y las vidas de los habitantes. Podemos ver que se chutan
    chambas muy chafas, que no checa andar de taxista y que chale con la
    policía. Es decir, podremos creer que tenemos palacios, grandes
    inversiones
    , y vías rápidas pero las condiciones que nos forman como
    habitantes no tienen nada que ver con las odas y grandes proyectos  con los que se visualiza  la Ciudad.


  1. Los habitantes de esta ciudad tenemos tan
    poco control de las decisiones que se toman en nombre del objeto que de un
    día a otro nos puede caer una ballena en la puerta de nuestras casas. Sin
    mucho análisis, sin mucha discusión, con la Ciudad como objeto nos dicen
    que hay mucho tráfico, y que para reducirlos tenemos que ceder nuestro
    espacio a más coches.


  1. El problema de la Ciudad como objeto se
    presenta por todos lados. Hace unos meses, los habitantes de una zona
    residencial dejaron de entender si cuando se hablaba de los “deprimidos de
    Palmas” se hablaba de ellos, o de la serie de túneles que como la
    providencia un día aparecerían en sus puertas. Al final no había duda el
    gobierno se preocupaba por los deprimidos, pero no se refería a los
    habitantes.


  1. Otro de los problemas de la Ciudad cómo
    objeto, y que con justa razón nos reprochan los habitante del resto del
    país, es que en nombre del objeto también se ha justificado el centralismo
    histórico. El objeto es la Ciudad y la Ciudad es México. Las diferencias,
    los intereses, los detalles del resto del país desaparecen y las usurpa la
    idea de que este objeto es tan preciado que en su nombre todo se vale.


  1. En vez de lamentarnos. Los invito a que
    desmontemos el objeto, que lo desagreguemos y lo diluyamos. Que
    personalicemos. No podemos negar que algunos pasos se han dado. Hoy por lo
    menos elegimos al Jefe de Gobierno, hay algo de discusión y diversidad en
    la Asamblea Legislativa, y mal que bien hay un poder judicial local que se
    supone reconoce y defiende nuestros derechos.


  1. Otra vez aquí está el objeto. De plano
    invito a destruirlo, porque no nos deja ver la textura que lo entrelaza.
    Se supone que hay alrededor de 8 millones de residentes Preguntémonos
    ¿cómo estos 8 millones de residentes pueden hacer algo para disolver el
    objeto? ¿en dónde y en qué momento hacen que sea su vida cotidiana la qué
    se tome en cuenta y no sólo la idea de la Ciudad?


  1. Bajemos un nivel. La Ciudad está dividida
    en 16 delegaciones. Cada una tiene en promedio 550 mil habitantes. Para
    darse una idea de la magnitud, en esta imagen hay 200 mil puntos
    estáticos. No cambian, no se mueven y no piensan como lo hacen las
    personas. ¿quién puede visualizar 500 mil vidas?


  1. Nuestras vidas dependen de 16 delegados
    que se encargan de solucionar los problemas más directos de vivir en
    sociedad. El tráfico, la contaminación, la inseguridad, la basura. No que
    sean los responsables únicos, pero son en buena parte los responsables de
    los permisos de construcción y de uso que estructuran el espacio físico
    que nos rodea. Ahí en sus oficinas es dónde los habitantes de esta ciudad
    tenemos el primer contacto con el gobierno.


  1. Las cosas pequeñas que a veces parecen
    irrelevantes son las que estructuran la forma en la que vivimos todos los
    días. Es por esas cosas que decidimos en que zona vivimos, cuánto y cómo
    nos transportamos, cómo organizamos nuestras actividades, con quienes nos
    relacionamos, quiénes son nuestros vecinos. Es decir esas pequeñas cosas
    son tan poderosas que las damos por sentado.


  1. En la Ciudad como objeto no tenemos
    capacidad de vernos a los ojos, cruzar palabras, saber un poco de nuestras
    intimidades sin decirlas. No compartimos las lavanderías, no nos peleamos
    por qué plantas hay en el parque, ni qué tan ancha es la banqueta qué
    compartimos. En el mejor de los casos somos desconocidos que pelean por
    espacios impersonales a la mitad de la calle sin volvernos a ver.


  1. Los habitantes de la Ciudad de México no
    nos celebramos por nuestra vida en común. Por nuestra consideración por el
    otro. Por el contrario a veces nos celebramos por gandallas, por
    avispados, por listos, impacientes. Y tenemos razón, no hay otra manera de
    mantenerse a flote en este océano de 8 millones y en estos mares de 500
    mil personas. Por eso cuando caemos, caemos solos.


  1. Si queremos destruir el objeto tenemos que
    construir los instrumentos que nos sirvan como pequeñas balsas de flote.
    Tenemos que pensar en sobrevivir juntos. Construir los espacios dónde sí
    nos vemos a los ojos, donde compartimos intimidades sin decirlas. Lugares
    dónde discutimos, peleamos, confrontamos pero no nos espantamos. Donde nos
    reconocemos unos a otros.


  1. Así sucede en la Ciudad de Porto Alegre en
    Brasil, donde el presupuesto de la ciudad es discutido en Asambleas de
    Barrio. La evidencia del caso muestra dos cosas que no necesito describir
    de nuestra ciudad para que sean deseables 1) el gasto se dirigió a cosas y
    lugares tradicionalmente abandonados y 2) las discusiones pese a las
    diferencias socioeconómicas, fueron rápidamente encontrando un lenguaje y
    estilo aceptable para todos.


  1.  Otro
    ejemplo es el de la Ciudad de Cambridge en Estados Unidos. Ahí todo
    permiso de construcción, público o privado es aprobado y discutido en
    público.  Están presentes las
    autoridades que anuncian la audiencia pública, los solicitantes, y los
    afectados por la construcción. En público tienen que convencerse,
    negociar, disputar, debatir, y aguantar. Las consecuencias sentidas son
    moderadas por la discusión pública.


  1. Si en nuestra ciudad van a existir estos
    mecanismo no va a ser porque hay una autoridad iluminada que amablemente
    se abre al público. Si van a existir, es porque la ciudadanía le va a
    arrancar la construcción a la providencia. Si no te dan información,
    grítales, si se resisten movilízate, si te empujan bloquéalos.


  1. Los invito a cambiar la idea de cómo se
    construye una ciudad. Pasemos de la Ciudad como objeto, a una ciudad que
    reconoce que toda decisión pública es eminentemente política. Hay siempre
    beneficiados y afectados. La única manera de saber quiénes y cómo son
    afectados, es forzando la discusión. Estoy seguro que así la idea de la
    ciudad será la de la vida de sus habitantes no la de quienes dicen que
    saben

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Publicado en: Cosas buenas

Un comentario en “A destruir el objeto (la ciudad)

  1. Órale Andrés. Me hiciste recordar lo que alguna vez comentamos algunos amigos.
    Vecinos del mismo edificio de departamentos durante años y desde niños, hasta la fecha, nunca nos hemos encontrado al azar en alguna parte diferente de la colonia San Rafael por allá en el D.F.
    Toda la entrada tiene mucha tela de donde cortar. Tratando de tomar el hilo por alguna parte, en concreto somos la gente que habitamos un barrio los que debieramos ser los que decidamos sobre nuestro espacio público. El punto 16 casi se está convirtiendo en una utopía. Con el problema de la inseguridad los espacios públicos, en algunas cuidades medias como Torreón, están ahora ocupados por los «malos». No exagero. Eso que debe ser de la gente está dominado por la delicuencia (con uniforme o sin uniforme). Simplemente utilizamos la calle para transitar sin detenernos más allá de lo necesario. En cambio la delicuencia si tiene «controlada» la vida callejera.
    Pero también están las experiencias en otras ciudades del mundo que pueden enseñarnos a ver el asunto mucho más positivamente. Lo de Cambridge suena interesantísimo.
    Qué buena entrada Andrés. Un saludo.

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