17 marzo, 2015

Un error en este blog

Hace unos meses publiqué un post sobre la ausencia del Estado en Guerrero y en el resto del país. Como evidencia a esta ausencia hice un mapa con el porcentaje de “domicilios conocidos” por municipio. Esto es, el porcentaje de votantes registrados que aparecen en el padrón electoral del INE con “domicilio conocido” en vez de una dirección.

Sobre los errores en público hay dos escuelas. Una dice que si cometes un error y nadie se da cuenta, mejor no digas nada. Mientras nadie se haya dado cuenta no tienes por qué ser tú quien señale que cometiste el error. Recuerdo que alguna vez alguien me dijera (en otro contexto), algo así como, “Si ellos nunca reconocen sus errores para qué los reconoces tú. Va a parecer que ellos nunca los cometen, y tú sí”. La otra escuela dice que siempre debes de reconocerlo si cometiste un error en público. La razón es que cometer un error, sobre todo cuando se trata de información, el asunto no es sobre ti, sino sobre la información que ahora tienen otros y que por tu error, es incorrecta. La atención es pues sobre los efectos de la información sobre los otros y no sobre los efectos de cometer un error en público sobre ti.

En más de una ocasión he estado en un lugar en el que se discute si se reconoce un error público o no. La mayoría de las veces he pensado que se tiene que reconocer, pero he resultado tímido en mi opinión y dejo que impere la lógica de no anunciar el error propio. Creo que la peor consecuencia de no reconocer un error es que es probable que los sigas cometiendo. Nada mejor para ser más cuidadoso que comprometerse en público a tratar de ser más cuidadoso. Y todavía mejor si del error que comete uno pueden aprender otros.

Para hacer el mapa en el post al que me refiero usé la cartografía del INEGI y los datos del INE. A la hora de unir ambas bases de datos no me di cuenta que no usan los mismos “códigos municipales” (normalmente una concatenación del código de entidad con el de municipio). No tengo claro cuándo y por qué empezaron a divergir. La consecuencia fue que la distribución geográfica de los datos en aquél mapa era incorrecta porque son varios cientos los municipios en los que tienen distintos códigos en cada base de datos. Este es el mapa bueno.

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No soy la primera persona que comete este error, y por suerte me di cuenta antes de seguir trabajando con estos datos. Sólo noté la divergencia porque en Baja California Sur no sólo los municipios tienen distintos códigos, sino que usan distintos números. Este mismo error fue señalado por Javier Márquez que se lo topó en un documento de “México Evalúa” sobre la Cruzada Contra el Hambre hace un par de años. También en el repositorio de Diego Valle se pueden descargar las dos listas de códigos. Aprovechando el asunto, no estaría mal saber por qué el INE usa distintos códigos a los del INEGI, y si ya es imposible empatarlos.

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Entre todas las discusiones (académicas y no académicas) que se han generado en torno a la violencia en México, una de las más interesantes es la de si la violencia se explica por la “ausencia del Estado”. Creo que es interesante porque cualquiera, después de decir”el Estado está ausente en muchas zonas del país”, cae en cuenta que no es que “el Estado” esté ausente, sino que está presente cierto tipo de Estado en ciertos lugares. El matiz es interesante porque las personas se relacionan distinto con la autoridad, e incluso se comportan distinto, dependiendo, en parte, cómo se comporta esa autoridad. Es decir, como no tendría que ser una sorpresa que haya variación local en lo que es el Estado, entonces tampoco tendría que serlo que haya variación en cómo las personas se comportan frente a éste. él (se siente raro usar “él” para “el Estado”). Hay partes del país donde el Estado mexicano se parece más al danés (tal vez estoy exagerando, y también un danés me podría decir, “al de ciertas partes de Dinamarca”), y hay partes del país donde se parece más a algo así como el del feudalismo ruso (y un ruso me dirá, depende en dónde y cuándo en lo que hoy llamamos Rusia).

Dilucidar esta variación no es fácil porque en general no es fácil medir la presencia/ausencia del Estado. Hay miles de criterios y medidas posibles. Algunas, que me gustan por básicas, son las que describe James C. Scott, como los instrumentos que hacen a la sociedad legible para el Estado. Un ejemplo de instrumento de legibilidad estatal son los nombres de las calles. Cualquiera, después de vivir un rato en un lugar, puede construir referencias locales para moverse de un sitio a otro. Sin embargo es probable que estas referencias no sean legibles para una persona que no tiene información local (“ahí en la segunda casa después de la del párroco que antes era una panadería”). Por ello, la estandarización de los nombres de las calles, le dan legibilidad externa o “desde arriba” a una comunidad (hace unos años escribí sobre la estandarización de los nombres de las calles en el DF). Los Estados controlan de hecho o en potencia la vida de los habitantes bajo su autoridad. Que las calles tengan nombre hace posible que el Estado localice a las personas para el sin fin de relaciones que se construyen entre Estado y ciudadano, por ejemplo, cobrar impuestos, enviar información, identificar individuos, votar y un largo etcétera.  Por lo tanto, si esas relaciones en buena medida necesitan mínima capacidad de localización de las personas ¿qué tanto Estado puede haber, si no hay nombres de calles, y por tanto si los domicilios no tienen dirección?

Como una aproximación a una medida de legibilidad desde el Estado pongo aquí un mapa que hice con datos del IFE con el porcentaje de domicilios cuya dirección es “Domicilio conocido” (es decir no hay calle ni número) por municipio en Guerrero. Como el tema de hoy es Guerrero, puse ese mapa en frente, y atrás el de todo el país para darse una idea relativa. Los colores están graduado por deciles, y entre más oscuro mayor el porcentaje de direcciones con “Domicilio conocido”. (En el mapa chiquito de todo el país, el centro y sur se ven negros, pero eso es porque son más chiquitos los municipios entonces los bordes se notan mucho. Visto en grandote, el centro del país es bastante más clarito que lo demás, y el sur oscuro aunque campechaneado).

[Actualización]

La versión original de este post tenía datos equivocados. Ya fueron corregidos en el mapa que se muestra abajo.

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