
Hoy leí este artículo de Christopher Hitchens, verdaderamente brutal. He leído de Hitches, y sobre Hitchens varias cosas. Me acuerdo, de fascinarme al leer su pequeño ensayo "Letter to a young contrarian" en el cual recomienda, asesora, y le da valor a quienes necean para defender lo que consideran correcto. Me acuerdo que después de leer ese libro, comentarle a algún profesor que me parecía genial Hitchens. Con cara de sorpresa, me dijo "es un loco", ha apoyado irrestrictamente la guerra de Irak. Me puse a buscar en internet, y efectivamente, Hitchens cual cruzado de la "libertad americana" daba todos los argumentos morales imaginables para invadir Irak. Muy fácil hablar de ir a la guerra, cuando no es uno el que se muere. Sin embargo en este artículo cuenta una historia verdaderamente devastadora de como sus textos influenciaron a un jóven que se fue a la guerra a morir. Me llama la atención, que de cierta manera sigue defendiendo la idea de ir a a la guerra en Irak. De alguna manera aunque es un fan (e imitador) proclamado de Orwell, no le pareció suficientemente traumático "Homenaje a Cataluña" como para volverse un pacifista. Igual y si está loco.
(nota: Por cierto, este es un buen ejemplo de por qué el pragmatismo es pacifista. Louis Menand argumenta en el "Metaphysical Club" que el pensamiento pragmático es consecuencia de la guerra civil estadounidense. Una generación qué vivió violencia, muerte, sangre, y guerra, causada por causas abstractas decidió el resto de sus día oponerse a defender cualquier abstracción).
I was having an oppressively normal morning a few months ago,
flicking through the banality of quotidian e-mail traffic, when I idly
clicked on a message from a friend headed "Seen This?" The attached
item turned out to be a very well-written story by Teresa Watanabe of
the Los Angeles Times. It described the death, in Mosul, Iraq,
of a young soldier from Irvine, California, named Mark Jennings Daily,
and the unusual degree of emotion that his community was undergoing as
a consequence. The emotion derived from a very moving statement that
the boy had left behind, stating his reasons for having become a
volunteer and bravely facing the prospect that his words might have to
be read posthumously. In a way, the story was almost too perfect: this
handsome lad had been born on the Fourth of July, was a registered
Democrat and self-described agnostic, a U.C.L.A. honors graduate, and
during his college days had fairly decided reservations about the war
in Iraq. I read on, and actually printed the story out, and was turning
a page when I saw the following:
"Somewhere along the way, he changed his mind. His family says there
was no epiphany. Writings by author and columnist Christopher Hitchens
on the moral case for war deeply influenced him … "
Hola Andrés,
A riesgo de parecer disco rayado, no quisiera dejar pasar el artículo de Hitchens sin comentar que, por lo visto, el susodicho contreras prefiere errar con Trotsky («The end may justify the means as long as there is something that justifies the end», “Ideas that enter the mind under fire remain there securely and for ever”) que acertar con Weber («El mundo está regido por los demonios y quien se mete en política, es decir, quien accede a utilizar como medios el poder y la violencia, ha sellado un pacto con el diablo, de tal modo que ya no es cierto que en su actividad lo bueno sólo produzca el bien y lo malo el mal, sino que frecuentemente sucede lo contrario. Quien no ve esto es un niño, políticamente hablando). El artículo en cuestión es, a un tiempo, conmovedor y patético.
Saludos,
cbr