En defensa del experimento

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No estoy convencido de que la democracia que se vive en México, sea satisfactoria. Al igual que tod@s quienes han leído las encuestas de Latinobarómetro, de Mitofsky, la Encuesta Mundial de Valores, del PNUD sospecho que muy poca gente está satisfecha. Sin embargo, creo que llego a una conclusión diferente a la de quienes claman, el fin de la República, el colapso de la democracia, el restablecimiento de viejo régimen. No le temo a la instaisfacción, porque en parte se producto de un espacio de experimentación. Es deicr, ¿con qué estándares pretenden medir la eficacia y eficiencia de la democracia mexicana, si sabemos que la vida social no es estática?¿qué no la restauración en vez de entrar por la vía de los errores y malestares puede entrar por la vía del anhelo estático?

Habitos

Lo más difícil de cambiar son los hábitos personales. Sin embargo, ya los hemos ido cambiando. No sólo el hábito de votar (que se puede argumentar que ese existía desde que terminó la revolución), sino el hábito de la competencia pública. ¿En serio, después de los últimos 15 años, alguien puede imaginar un estado aceptable de las cosas, en donde no haya un mínimo de competencia? Aquellos que se quejan de que hay tantas elecciones todos los años, locales, estatales, y federales, que l@s ciudadan@s no descansamos, tendrían que pensar que la presencia evidente de la competencia por el poder ha formado más nuestros hábitos y costumbres, que la propaganda del IFE sobre valores democráticos. ¿Cuántas veces hemos vistos toneladas de propaganda de desconocidos? ¿cuantas veces hemos tenido la oportunidad de expresar nuestro voluntad votando a favor y en contra de alguien? ¿cuántos programas de televisión y radio hemos visto de todo lo que hay que hacer en el país y no se hace? ¿cuántos intereses hemos visto representados? Aunque, haga falta más, sabemos ha sucedido bastante. Es decir, hemos cambiado nuestros hábitos a partir de la experiencia democrática, no gracias a la teoría.

Reglas

Con solemnidad algunos hablan de "la importancia de las reglas". Sin duda, nada como tener y formar reglas. Sin embargo ¿no se preguntan que tal vez las reglas no funcionan porque no tienen como base la experiencia sino la teoría? Con tono de obviedad, algunos (los más ñoños) se preguntan "¿cómo puede ser que en nuestro país hayan tantas precampañas y no se fiscalicen? ¿como puede ser que duren tanto tiempo? ¿cómo puede ser que se use tanta publicidad en las calles?" La mejores reglas son las que surgen de la experiencia, de la evaluación que hacemos de lo sucedido. ¿Por qué las campañas son largas? Porque no teníamos razón alguna para hacerlas cortas (todavía creo que no la tenemos). ¿Por qué hay tantos precandidatos en elecciones locales que no se anuncian como parte de un partido, pero a la hora de la hora se registran como candidatos de un partido? Porque están aprendiendo nuevas formas de competir en un sistema de partidos relativamente rígido. Estamos viendo como la gente innova para conseguir votos, como inventan, nuevas frases, nueva propaganda, sin duda nuevos mecanismos de acarreo, pero también nuevos mecanismos de hacer política. La innovación está sucediendo electoralmente, por todos lados.

Instituciones

Las instituciones tienen que aguantar. Soportar la presión con un poco de flexibiliad. Lo que no destruye apoya. Tienen que ser empujadas a incorporar la experiencia que se vive en el resto del sistema. Pensar que las instituciones son menos evolutivas que el resto del mundo, es una vez más imaginar un anhelar estático. El IFE no está muerto, no es verdad que ya no tendrá nunca ninguna legitimidad. Lo que sí sabemos es que las cosas se entienden y se entenderán diferente. No sabemos como, ni cual sea el resultado. Tal vez terminamos inventando otra institución por completo, tal vez sólo modificamos la actual, tal vez no pasa nada. Lo importante es pensar que algo bueno puede pasar.

El experimento ahí va mal que bien. Hay más oportunidades, para pensar repensar, vivir y revivir las cosas. Cambiaremos las que no funcionen y nos quedaremos con las que sí. Pero para lograr eso tenemos que darnos chance de probarlo, de experimentar. El mayor peligro de una restauración autoritaria es regresar a la auto-contención del miedo a experimentar.

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Publicado en: General