La elite crítica

He estado leyendo a Zizek. Tengo la misma sensación que cuando leí a Baudrillard y a Jameson. En el fondo son una especie de elite de sacerdotes de la crítica social (la verdad es que a ratos Zizek menos que los otros dos). En vez de democratizar la filosofía, han hecho lo mismo que sus adversarios de la escuela analítica, estos singulares personajes se han construido por lo menos dos instrumentos con los que pretenden separarse del discurso de la acción cotidiana:

1) Usan un lenguaje en el cual sólo ellos tienen la correcta interpretación. En serio quien diga que domina por completo la terminología lacaniana, marxista y deluziana, correo el riesgo de ser puesto a prueba y humillado por los sacerdotes. Un poco como aquel que antes de los 70s se atrevía a decir que entendía a la perfección las misas católicas en latín. O era cura, o no las entendía realmente.

2) Tienen un instrumento detector de lo Real que es más real que la realidad. Son ellos, quienes frente a las masas ignorantes pueden distinguir entre lo Real y lo no real. Los demás o hacemos doctorados en crítica cultural o nunca seremos tendremos acceso a lo Real, y seguiremos manipulados por la banalidad de lo no Real.

Sin duda ellos se lo pierden…

El auge en el pensamiento anglo-sajón estuvo directamente vinculado a la reforma de Lutero. Al dejar que cada persona leyera la biblia, que las misas fueran en cualquier idioma, y se "comunicara" directo con dios, etc. Se abrió la puerta de la diversidad y creatividad que produjo escuelas filosóficas previamente inexistentes. Los países católicos tardaron un par de siglos más en  crear escuelas de pensamiento. 

En vez de tenerle miedo a la vulgarización de la crítica social, deberían de reconocerla, aceptarla y promoverla. En vez de clamar autoridad alguna sobre lo Real deberían de hacer lo que hacen sin creer que poseen instrumentos que el resto de las personas no poseen. Las buena ideas las tienen, pero no deberían ser sólo para ellos.

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4 comentarios en “La elite crítica

  1. Hola Andrés,
    Difícilmente podría estar más en desacuerdo contigo con respecto a tu apreciación de Zizek. Quizás el suyo no sea el lenguaje más democrático posible, pero para mí que está mucho más acá que Baudrillard, Deleuze, Bordieu y demás demonios franceses (¿hay de otros?) de la posmodernidad. Ciertamente exige mucho del lector, pero según yo su inteligencia compensa los trabajos que impone esa exigencia.
    Me atrevo a sugerir, en todo caso, dos posibles remedios contra tu desencanto con Zizek:
    a) Busca «Zizek» en youtube.com. Encontrarás diversas perlas deslumbrantes, breves, contundentes, de su genialidad. Hay uno fascinante sobre el cosmos y el amor, otros varios sobre cine, uno lacaniano sobre el coito, etc.
    b) Busca sus ensayos «Welcome to the desert of the real»: nada más lejano a su pensamiento que la idea de que hay tal cosa como lo «real». No sé de dónde sacas aquello de que Zizek clama «autoridad sobre lo Real». Mi lectura es, precisamente, la contraria: que en Zizek lo «Real» se desvanace tal y como cualquier otra ideología…
    Seguimos platicando,
    cbr

  2. Así empieza el libro más accesible de Zizek.
    «…the Real in its extreme violence is the price to be paid for peeling off the deceptive layers of reality».
    Así lo describe y lo que yo entiendo es un cúmulo de ejemplos de lo Real que describe con cierto gusto frente a lo fantasioso. Tal vez suena menos a Jameson, y más a Marcuse. El lenguaje se está cerrando, y con ello el mundo. ¡no hay tinta roja!
    Y en Repetir Lenin dice:
    «Esta formalización es estrictamente correliativa al enfoque en lo Real de un antagonismo: «la lucha de clases» no es el último horizonte del significado, la última sginificación de todos los fenómenos, sino la matriz formal generadora para entender los diferentes horizontes ideológicos. Es decir, uno no debe de confunri esta noción de Forma propiamente dialéctica con la noción de forma liberal-multiculturalista como el armazón neutro de la multitud de ‘narrativas’…»
    La autoridad no la clama para sí mismo sino para lo Real.
    Entiendo el esfuerzo de Zizek por difundir su crítica, creo que es el mejor esfuerzo en mucho tiempo, tal vez lo que me empuja a pensar que comparte mucho con los sacerdotes postmodernos es la desconfianza que he desarrollado por cualquiera que usa términos con mayúsculas.
    Después de criticar a quienes defienden lo Real de manera más burda, Zizek busca la apertura «Auténtica». Aquella que movió a Lenin entre febrero de 1917 y octubre de 1917.

  3. Ahora entiendo mejor lo que te molesta de Zizek. Y tienes razón: en una conferencia que dio en la Universidad de Chicago a propósito de sus desacuerdos con Ernesto Laclau, también salió con una jalada sobre la «epifanía de la justicia» como última frontera contra lo real… o algo así.
    En todo caso, creo que ese es el peor Zizek: la diva a la que de vez en vez le da por el esoterismo «realista». Es cierto: existe. Pero no es el único.
    En su defensa agregaría que nadie (al menos nadie que yo conozca) ha hecho una crítica tan elaborada y certera sobre la pervivencia de la ideología en nuestra circunstancia dizque post-ideológica; o dicho de otro modo, nadie ha mostrado con tanta nitidez como Zizek todo lo que de ideológico hay en la noción de un estar «más allá de las ideologías».
    Por lo demás, ocurre que Zizek (para bien y/o para mal) no es, ni tenemos porque esperar que sea, Rorty…

  4. Tienes toda la razón. Después de leer tu último comentario me cayó el veinte que en mi cabeza soy una especia de pragmático totalitarista pues a veces no le doy ni chance a otras ideas que no suenen pragmáticas.
    Por otro lado, Zizek no será Rorty, pero Rorty (chingonzaso que era) si puede ser Zizek (por cierto tanto Zizek como Rorty hablaban bien uno del otro).
    “It seems to me that the regulative idea that we heirs of the
    Enlightenment, we Socratists, most frequently use to criticize the
    conduct of various conversational partners is that of ‘needing education
    in order to outgrow their primitive fear, hatreds, and
    superstitions’ . . . It is a concept which I, like most Americans who
    teach humanities or social science in colleges and universities, invoke
    when we try to arrange things so that students who enter as bigoted,
    homophobic, religious fundamentalists will leave college with views more
    like our own . . . The fundamentalist parents of our fundamentalist
    students think that the entire ‘American liberal establishment’ is
    engaged in a conspiracy. The parents have a point. Their point is that
    we liberal teachers no more feel in a symmetrical communication
    situation when we talk with bigots than do kindergarten teachers talking
    with their students . . . When we American college teachers encounter
    religious fundamentalists, we do not consider the possibility of
    reformulating our own practices of justification so as to give more
    weight to the authority of the Christian scriptures. Instead, we do our
    best to convince these students of the benefits of secularization. We
    assign first-person accounts of growing up homosexual to our homophobic
    students for the same reasons that German schoolteachers in the postwar
    period assigned The Diary of Anne Frank. . . You have to be educated in
    order to be . . . a participant in our conversation . . . So we are
    going to go right on trying to discredit you in the eyes of your
    children, trying to strip your fundamentalist religious community of
    dignity, trying to make your views seem silly rather than discussable.
    We are not so inclusivist as to tolerate intolerance such as yours . . .
    I don’t see anything herrschaftsfrei [domination free] about my handling
    of my fundamentalist students. Rather, I think those students are lucky
    to find themselves under the benevolent Herrschaft [domination] of
    people like me, and to have escaped the grip of their frightening,
    vicious, dangerous parents . . . I am just as provincial and
    contextualist as the Nazi teachers who made their students read Der
    Stürmer; the only difference is that I serve a better cause.”
    Richard Rorty, Universality and Truth

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