Lo que sí podemos resistir
Lo que sí podemos resistir es aquello que no nos permite tener las
experiencias que elegimos tener, considerando las restricciones
fácticas que nos rodean. (Esa primera frase esta larga y casi
incomprensible, pero está escrita con el cuidado que implica no querer
caer en un voluntarismo mal encauzado.) Igual y por partes se entiende
mejor.
1) resistir aquello que no nos permite elegir;
2) resistir tomando en cuenta las restricciones fácticas.
1) Por lo menos los primeros 10-15 años de nuestras vidas nuestras
elecciones están restringidas a tomarse dentro de lo que el mundo nos
ofrece, y menos sobre lo que nosotr@s queremos tomar del mundo. No
escogemos dónde nacemos, quién nos educa, qué religión nos inculcan, a qué grupo étnico pertenecemos, en que clase social nos criamos.
Por ejemplo, a los 8 años mi madre me preguntó que religión quería ser
y me dio un menú informativo para escoger. Yo felizmente escogí seguir
siendo ateo. En aquél momento creí que estaba escogiendo libremente,
sin embargo ahora veo que en una familia de ateos ya me tenían
condicionado para que escogiera eso. Lo cual les agradezco. Con esto
sólo quiero ilustrar que a esa edad, incluso cuando creemos que estamos
escogiendo libremente (y por tanto resistiendo la inercia de la
comunidad a la que pertenecemos), no estamos haciéndolo por completo.
Pasan los años, y entonces empezamos a tomar del mundo lo que
queremos tomar. Un@s sentimos que los hacemos con más libertad frente a nuestro contexto, otr@s
sentimos que lo hacemos con más resistencias del mundo frente a
nosotr@s. Es en este momento cuando un@ puede armarse para la batalla.
Cuando un@ puede hacerse del mayor número de herramientas y aliad@s
para resistir las cosas que no escogimos del mundo en el que nacimos.
Es cuando no tenemos que ser l@s hippies, ni l@s fresas, ni l@s
rockers, ni l@s tetos, ni l@s ñoñ@s, ni l@s matad@s que esperan que
seamos. Tampoco tenemos que ser católicos, protestantes, judíos, ateos
o musulmanes. Tampoco tenemos que ser heterosexuales, homosexuales, o
lesbianas. Tampoco tenemos que ser l@s licenciad@s, ingenier@s,
artistas, músicos, médic@s, cintífic@s, que otr@s esperan que seamos.
Es más hasta podemos pensar que ni siquiera tenemos que ser mexican@s.
Pero claro, aunque sabemos que no tenemos que ser todas estas cosas que
no elegimos ser, la mayoría de las veces terminamos siendo aquellas
cosas que tampoco estamos eligiendo del todo, sino que nos estamos
dejando llevar por lo que nos parece más cómodo frente a la realidad
social en la que vivimos (siempre hay excepciones, siempre hay quienes
resisten desde entonces).
Y entonces…
2) Y entonces es aquí cuando podemos dibujar nuestras disyuntivas, cuando podemos imaginar el árbol de decisiones y seguir ciertos caminos para modificar las futuras disyuntivas que podamos tener. Insisto toda elección tienes restricciones fácticas, pero estas restricciones no dejan de tener algún campo de maniobra. Por ejemplo, te ponen una pistola en la cabeza, ¿tu cartera o tu vida? Las elecciones son limitadas, pero cualquiera que tomes tiene diferentes consecuencias. En un caso menos extremo pero tal vez tan importante es: ¿la comodidad de la vida que ya conoces, o la incomodidad de una vida que todavía no construyes? Cualquier decisión que tomes tiene consecuencias. Sin embargo la segunda parte de la pregunta tiene un peso doble, no sólo porque implica cierta incomodidad, y evidentemente tiene costos sobre tus intereses previos, sino que te hace responsable de los resultados posibles. Aquí la resistencia. Al elegir, estamos resistiendo el gigantesco momentum de la vida hasta entonces. No es menor, se necesita ser algo neci@, incluso terco. Se necesita estar dispuesto a ser calificado, de loc@, excéntric@, estúpid@, irresponsable, infantil, imprudente, egoísta, enferm@. Aunque por su puesto con el paso del tiempo le agarraremos gusto a estos calificativos.