"México es un pueblo que se ha distinguido, en su vida pública, por una pasividad oscilante entre el estoicismo y el nihilismo. La pasividad es la otra cara de la religiosidad mexicana. La resignación, una de las más altas virtudes cristianas, en el duro mundo de la política y enfrentada a nuestra tradición autoritaria, se transforma en indiferencia y en cinismo apático. La pasividad es renuncia a la acción y por eso mismo renuncia a la libertad. El pasivo rehuye decisiones. El sujeto se convierte en espectador y quiere ser objeto. Incluso finje serlo, para ahorrarse decisiones. La pasividad es la antesala del nihilismo, ese estado de espíritu en el que la deseperanza se convierte, por una suerte de compensación psíquica en un acto de fe."
Un México Desconocido
Octavio Paz, 1994