Hoy en la mañana me despierto con la agradable sorpresa de leer una nota de periódica en la que describen el tal "deabte" sobre el incumpliemnto de los compromisos de Peña Nieto en el Estado de México. En la nota los priístas, acusaron a los panistas de "violentos" (cosa que los panistas suelen hacer con los perredistas y demás enemigos/adversarios).
La nota dice:
En el debate, el PRI acusó al PAN de generar “violencia”para levantar la campaña de su candidata Josefina Vázquez Mota, y AN reiteró que Peña Nieto incumplió promesas de campaña como gobernador del Estado de México, que hoy da por buenas.
Casualmente el uso del términos "violento" para descalificar a los adversarios, es una vieja usanza del PRI. En un libro sobre las elecciones en Tabasco en 1988, leo:
Sabedores de que el fraude podría generar brotes de violencia, los priístas, pusieron en práctica una campaña de prensa, en la cual se manejaba constantemente que nosotros ibamos a provocar el enfrentamiento.
¿Qué tanto radica el peso de esa estrategia en la perversidad que contiene? ¿Será que lo necesario para revertirla es abrazar el término «violencia» como elemento propio de la lógica de transformación contra el «simulacro» que representa un falso acontecimiento con la idea subyacente de que todo permanezca igual?