Los opinadores sobrerreaccionan contra la acción estatal
Hay veces que me pregunta si hay algo más que factores estructurales para determinar la debilidad histórica del Estado mexicano. Sí hay problemas institucionales, sí hay problemas en la distribución de los recursos económicos, sí hay problemas en el proceso mismo de construcción del Estado, sí hay problemas en el abuso histórico de las élites. Todo eso es cierto. Sin embargo a veces pienso que a esa larga lista de problemas tenemos que agregar la muy terrible combinación entre la suspicacia generalizada sobre el Estado y el neoliberalismo como dogma. Esta alianza aunque parece a veces extraña, en las últimas décadas ha resultado particularmente común. Por un lado están los resabios de los sesentas cuando se argumentaba la desconfianza total al autoritarismo-burocrático del Estado modreno (desde la izquierda) y por el otro lado está la desconfianza total frente a la intervención del Estado argumentada por los neoliberales desde mediados de los años setenta (desde la derecha). Curiosamente, aunque con objetivos generales diferentes, estos dos grupos ideológicas se cruzaban en su batalla contra el Estado. La proliferación del discurso de ONGs cuasi-anarquistas, con el embate brutal de los neoliberlaes contra el Estado, terminaron dando el sustento para arraigar la desconfianza generalizada en el Estado como una fuerza de bien. Para unos el Estado sólo era autoritarismo contra los más débiles, para los otros el Estado era un obstáculo para la generación de riqueza y el mercado.
Una vez que empiezan a presentarse las pruebas de que la pandemia de influenza A H1N1 no se está extendiendo con la velocidad y fatalidad más terribles salen los opinadores liberales, neoliberales, e izquierdosos a reprochar al gobierno la sobrerreacción. Otra vez reviven sus argumentos. Unos sólo se preocupan por los costos económicos de la intervención estatal, otros, sólo se preocupan por el autoritarismo implícito en la declaración del estado de emergencia. Sin embargo ninguno de los bandos habla de lo que queda como telón de fondo frente a las mejores y peores partes de las recientes acciones del gobierno.
Desde que tengo memoria, nunca, nunca, nunca he tenido evidencia de que el Estado mexicano haya actuado en el interés de las mayorías (tal vez el establecimiento del IFE en 1996 y chance en 1985). Todo lo que yo he vivido del Estado mexicano es un Estado a medias, que existe en medio de disputa entre grupos (formales e informales) por controlar el poder sin tener ninguna visión sobre los intereses más generales de la sociedad. No hay nada en nuestro país que sea de aplicación realmente universal (excepto la credencial de electores) siempre hay excepciones, siempre hay alguien que si tiene un cuate de un cuate de un pariente de un amigo de un jefe, entonces no está sujeto a lo mismo que los demás. Siempre hay un grupo que en el despiste o la amenaza logra imponer sus intereses sin que le importen las consecuencias sobre el prójimo.
Con la emergencia sanitaria declarada la semana pasada, vimos por primera vez (por lo menos los que nacimos en las últimas 2-3 décadas dle siglo XX), que el Estado mexicano puede hacer dos cosas que casi tod@s reconocemos como deseables 1) que el Estado proteja el interés de las mayorías, 2) que el Estado nos trate a tod@s como iguales. Así es, tuvo que ser el riesgo real de una enfermedad anónima la que ha igualado durante unos días a la sociedad mexicana (por lo menos en términos de riesgo). La adquisición del virus no permite salida fácil, no hay contacto con salve a algunos de ello. Lo único que nos podía salvar, a tod@s, era tomar medidas de prevención de manera casi-universal, y para que eso fuera posible hicimos uso del Estado como la forma de organización de la sociedad para auto-protegerse.
Con la declaración de emergencia simplemente no hay ganadores de corto plazo. El PAN no sabía lo que venía, y no sabe todavía lo que le va a caer con todos los que gritan: conspiración!, dictadura!, sobrerreacción!, incompetencia! El PRD pagará sus propios costos, con los restauranteros y empresarios que de por sí son anti-perredsitas y que sólo le echaran gasolina a su antiperredismo acusando que con las medidas de protección sanitaria demostraron su desprecio por el libre mercado y la propiedad privada. Las empresas a su vez perdieron dinero, y los políticos incompetenetes terminaron de ponerse en evidencia. Sin emabrgo, la sociedad ganó simplemente porque no sabímos (ni sabemos) lo que ese virus todavía nos puede hacer, y el Estado en nuestro interés se organizó para reducir esos riesgos.
¿Qué no se dan cuenta esos opinadores que nos están arrojando a los brazos de los empresarios y del PRI? ¿Qué no se dan cuenta que terminarán por rendir ante el cinismo hasta a los mejores servidores públicos? Muchos funcionarios públicos ahora se preguntarán ¿para qué actuar por el interés general si no sólo tengo que hacer un sacrificio, sino que a parte me van a patear una vez que estoy en el piso por hacerlo? Pareciera que quieren regresar a ese terrible estado de las cosas en dónde el PRI simulaba el interés general (y escondía sus deficiencias), pero de alguna manera nadie tenía que sufrir costos, excepto los que siempre sufren los costos del statu quo de manera desigual.
Durante estos días por primera vez en la historia tuvimos muestras de la posibilidad real del acceso a la salud universal. Por primera vez una emergencia una crisis hizo que el Estado mexicano se desnudara e hiciera completamente visible sus deficiencias al hacer un esfuerzo por ser un buen Estado. El Estado está desnudo y ahora es cuando tenemos que hacer todo por suplir y corregir sus deficiencias. No puedo pensar en nada más inútil, y de cierta manera poco generoso (o empático), que aprovechar esa desnudez para terminar por agarrarlo a patadas en el piso. En serio a estos opinadores no les agradeceré que el gobierno regrese a su estrategia de fortalecer al Estado con el uso de la violencia.
¿No se dan cuenta que esto acaba con el mito del Estado fallido? ¿Qué Estado fallido puede organizar la acción que ha organizado el Estado mexicano estas semanas?
A ver ahora quien es el valiente gobierno de país en desarrollo que reporte una epidemia. Entre los golpes internos, y los castigos, como los cierres de frontera de China y Argentina, habrán todo tipo de incentivos para esconder las epidemias el mayor tiempo posible, no para informarlas.
Tengo que felicitarte por ver bien la cosa. Este es un buen post Andrés. Estamos de acuerdo.
Saludos cordiales.
Matías Regules.
Mi estimado Andrés,
Creo que aparte de la credencial hay otros acciones universales por parte del Estado: desde la vacunación infantil a la educación pública básica. El Estado mexicano, a pesar de los pesares, es robusto, no es como el chileno, que ha dejado por ejemplo el uso del agua al mejor interés del mercado. Sin embargo tengo dudas con esta frase:
«Con la declaración de emergencia simplemente no hay ganadores de corto plazo. El PAN no sabía lo que venía, y no sabe todavía lo que le va a caer con todos los que gritan: conspiración!, dictadura!, sobrerreacción!, incompetencia!»
Creo que una cosa es el Estado, y el gobierno, y otra el PAN. Concuerdo contigo que no hay una conspiración, una dictadura… sin embargo, después de analizar mucho todo lo sucedido creo hubo varios actos de incompetencia cometidos más que por el Estado Mexicano, por el gobierno federal y por varios gobiernos estatales.
El Financiero habla hoy, por ejemplo, de como un año antes de concluir su sexenio el gobierno Fox se aprobaron 600 millones de pesos para desarrollar una vacuna contra influenza aviar. Pero ese presupuesto no se ejerció, es más su rastro se esfumó, pese a los recursos de información que el diario interpuso ante el IFAI.
Otro caso terrible es como el gobierno sabía desde marzo que algo muy extraño sucedía (como cuenta el Reforma de hoy) y por no tener los laboratorios de alto nivel (que la OMS había sugerido tener desde 1999) se perdieron hasta dos semanas para tomar decisiones vitales.
Raymundo Rva Palacio cuenta hoy en El País como intrigas palaciegas hicieron que fueran despedidos antes de la epidemia algunos de los mejores epidemiólogos del país que habían estado trabajando en una estrategia contra la influenza.
Ahh, y qué decir de la danza de cifras entre el gobierno federal, los gobiernos estatales y la OMS. Y es claro que Granjas Carroll-Smithfield no fue supervisada con rigor ni por el gobierno ni por las ONGs. No entiendo como el CEMEFI le dió su reconocimiento de Empresa Socialmente Responsable con toda la contaminación que ha provocado.
Seguramente con el tiempo sabremos más, y sí, nuestro Estado no es fallido, el gobierno de Calderón actuó, pero sí existieron tremendas incompetencias. Creo que esta epidemia sí pudo haber sido evitada. México hoy importa sus vacunas, un gran problema de seguridad nacional. Creo que lo bueno de esta crisis es que ayudó a vernos con mayor transparencia y que son las políticas universales las más adecuadas para todo lo referente a la salud pública.
No has leído el excelente artículo de Pablo Ordaz en el país…
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/servicio/salud/complice/virus/elpepisoc/20090503elpepisoc_4/Tes