Ahora es cuando



Ahora es cuando

Aprovechar las crisis con
sabiduría implica hacer un esfuerzo por ver las consecuencias de
largo plazo de crisis semejantes, y de las oportunidades que estas
presentan. En 1997 y en 2003 el gobierno de Hong Kong tuvo que
reaccionar a sorpresivas epidemias de virus poco comunes. Hoy la isla
está más preparada que cualquier otro lugar para detectar y
controlar cualquier brote. Un ejemplo histórico aún más
ilustrativo es el de la epidemia de tifoidea que golpeó a las tropas
americanas en la guerra con España en 1898. Aunque fue una epidemia
relativamente pequeña y concentrada, provocó que las fuerzas
militares de Estados Unidos pusieran atención al tema de salud
pública y empezaran a hacer grandes inversiones en investigación
científica, hospitales, y medidas básicas de higiene, hasta
entonces inexistentes, para reducir la posibilidad de que sus tropas
fueran diezmadas por la enfermedad. Hay muchos otros ejemplos en la
historia de cómo se aprende de las experiencias difíciles y se
modifica de manera sustancial la actitud y el comportamiento de las
sociedades para tratar de controlar los riesgos de lo incierto.

La principal razón para
la existencia del Estado es la protección de la sociedad frente a la
incertidumbre que provocan los riesgos más dolorosos y cotidianos.
Esto cruza por la seguridad material frente a la violencia, pero sin
duda también cruza por la seguridad frente a los riesgos de salud.
El Estado mexicano a sus tres niveles en décadas recientes ha
concentrado sus esfuerzos en la protección de la propiedad privada
de manera desigual frente a la protección de la salud. No hay mejor
muestra de ello que el contraste entre el incremento en la cantidad
de recursos humanos y monetarios invertidos en el combate al crimen
acompañado de reformas legales con el mismo objetivo (incluyendo la
propiedad intelectual), y la constante disminución en la inversión
pública al sistema de salud. Pero en estos días, contrasta la
estrategia estatal basada en el uso de la fuerza, con las medidas
sanitarias contra una inesperada epidemia que representan una
oportunidad inmejorable para reconstruir la capacidad del Estado para
la protección de la salud de tod@s l@s mexican@s.

Frente a esta reciente
emergencia los gobiernos de la Ciudad de México y el federal han
dado muestras de que el Estado mexicano no tiene una debilidad
inherente para reconstruir su capacidad para proteger la salud. Por
el contrario, en pocas ciudades del mundo se pueden de un día para
otro tomar las medidas de prevención que se tomaron y abrir todos
los servicios de salud públicos para la población sin importar su
afiliación o no a ciertas instituciones. Sin embargo, los 26 muertos
que hasta ahora se han contabilizado por causa del nuevo virus son
responsabilidad de nuestro sistema de salud, y de la renuncia
explícita hecha hace décadas para construir un sistema de salud
público y universal. Esos 26 muertos, nos deben llamar la atención
sobre los otros tantos muertos, que tienen como responsable principal
a este Estado y a estos gobiernos que hasta que no percibieron el
riesgo para ellos mismos, no han hecho mucho por proteger la salud de
todos.

La estratificación que
existe históricamente en nuestro sistema de salud, que divide entre
el sistema privado, un sistema para trabajadores afiliados, y otro
sistema muy limitado para el resto de la población, hoy está
haciendo sus debilidades costosas en terminos de vidas humanas. Los
impulsos de privatiziación de los sistemas de salud, trajeron
consigo incentivos perversos. Ahora lo demuestran las capacidades de
nuestros hospitales: los privados invierten en tratamientos caros,
enfermedadedes crónicas, y quirófanos, mientras que la prevención
y atención temprana quedan relegadas a los márgenes del prespuesto
público. Sí este nuevo virus mata gente, pero es más mortal esta
preversa estratificación social que hace que los ciudadanos en vez
de buscar atención médica temprana nos acostumbremos a la
enfermedad permanente e inyectemos grandes cantidades de antibióticos
de propia mano para ahorrar los costos económicos y burocráticos de
ir al médico.

Ahora es cuando
podemos construir un sistema de salud pública y universal. En vez de
flagelarnos sobre la in
competencia que ya
le conocemos a nuestros gobiernos vale la pena tomar como lección
que la salud pública es un tema tan y más importante que cualquier
otra medida de protección para los integrantes de una sociedad.
Sobre todo por que es difícil pensar que el gobierno va a lograr el
control de la violencia, sin antes legitimar la existencia del
Estado. Por eso nuestros representantes y gobiernos tienen que
aprender de la experiencia y estar dispuestos a corregir. En vez de
imaginar al Estado como un policía podrían aprovechar esta
oportunidad para imaginarlo como una fuerza de bien que puede
proteger la salud de todos por igual.

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Publicado en: General