Esta es una versión de un artículo que escribí para El Universal. Por desgracia la versión final, que es la que más me gustaba a mí, no salió.
Andrés Lajous
Salud pública: actuar ahora
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En los últimos días los gobiernos del DF y el federal han dado muestras de que el Estado mexicano no tiene una debilidad inherente para reconstruir su capacidad en materia de salud pública. Por el contrario, en pocas ciudades del mundo se pueden de un día para otro tomar las medidas de prevención que se han tomado y abrir todos los servicios de salud públicos para la población sin importar su afiliación o no a ciertas instituciones. Pero el secretario de Salud federal reconoció en conferencia de prensa la mañana del 27 de abril que no han podido dar el seguimiento necesario a los familiares de las víctimas de la influenza porque no cuentan con el personal necesario. Es decir, para proteger mejor a la sociedad frente a los riesgos que existen de salud es inminente la rehabilitación total de la capacidad del Estado para proveer servicios de manera universal.
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Ahora es cuando podemos tomar como lección que la salud pública es una tema tanto y más importante como cualquier otra perspectiva de protección para los integrantes de una sociedad. La protección de la salud es la mejor razón para que decidamos respetar las atribuciones del Estado. Pero esto sólo será reflejado con seriedad si nuestros representantes y gobiernos se toman como tarea, durante y tras esta experiencia, reconstruir el Estado como un instrumento de bien. Es una mejor oportunidad para reconstruir la capacidad y legitimidad del Estado que “la guerra contra el narco”, pues así no tenemos que apostarle todo a un Estado policial, sino mejor a un tanto más deseable Estado de bienestar.
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La versión final era esta.
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La estratificación que
existe históricamente en nuestro sistema de salud, que divide entre
el sistema privado, un sistema para trabajadores afiliados, y otro
sistema muy limitado para el resto de la población, hoy está
haciendo sus debilidades costosas en terminos de vidas humanas. Los
impulsos de privatiziación de los sistemas de salud, trajeron
consigo incentivos perversos. Ahora lo demuestran las capacidades de
nuestros hospitales: los privados invierten en tratamientos caros,
enfermedadedes crónicas, y quirófanos, mientras que la prevención
y atención temprana quedan relegadas a los márgenes del prespuesto
público. Sí este nuevo virus mata gente, pero es más mortal esta
preversa estratificación social que hace que los ciudadanos en vez
de buscar atención médica temprana nos acostumbremos a la
enfermedad permanente e inyectemos grandes cantidades de antibióticos
de propia mano para ahorrar los costos económicos y burocráticos de
ir al médico.
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Ahora es cuando
podemos construir un sistema de salud pública y universal. En vez de
flagelarnos sobre la incompetencia que ya
le conocemos a nuestros gobiernos vale la pena tomar como lección
que la salud pública es un tema tan y más importante que cualquier
otra medida de protección para los integrantes de una sociedad.
Sobre todo por que es difícil pensar que el gobierno va a lograr el
control de la violencia, sin antes legitimar la existencia del
Estado. Por eso nuestros representantes y gobiernos tienen que
aprender de la experiencia y estar dispuestos a corregir. En vez de
imaginar al Estado como un policía podrían aprovechar esta
oportunidad para imaginarlo como una fuerza de bien que puede
proteger la salud de todos por igual.