Experiencia democrática

Sobre la democracia hay una variedad de teorías. Unos dicen que simplemente es la regla de mayoría; otros dicen que es la voluntad común; unos más dicen que es un conjunto de reglas que respetan las libertades de los individuos al mismo tiempo que les permite elegir representantes; los menos ambiciosos dicen que la democracia es la posibilidad real de que bajo mínima competencia electoral el gobierno en turno pierda una elección. Todo eso se dice de la democracia y más.

Durante años en México nos han pedido que no le pidamos mucho a la democracia. Nos dicen que no le pidamos más que un simple método de elección de gobernantes. Que no canalicemos nuestra frustración colectiva a los detalles desagradable de la vida social en protesta en contra de la democracia que tenemos. Dicen que la democracia es un sistema político frío, sin pasiones, sin rupturas, sin grandes expectativas. Nunca hay escasez de esa vieja cita de Winston Churchill "la democracia es la peor forma de gobierno, excepto por todas la demás que se han intentado".

Tampoco escacéan quienes desde una suerte de pedestal ilustrado nos dicen, después, que esta es una democracia sin demócratas. Nos dicen que es un problema cultural que se arregla en el largo plazo con educación. Nunca nos dicen exactamente cómo se arregla. Creerán que será con que todo el país asista a cursos del IFE sobre la democracia y el Estado de Dercho. ¡Bah!

La democracia sólo puede ser más de lo que nos suelen decir. Es más, es problema es que la democracia es un conjunto de cosas que no se pueden decir simplemente que no se pueden resumir en un cuadernillo de divulgación. Es un conjunto de prácticas adquiridas en la experiencia. Nadie puede decirse demócrata por nacimiento, ideología, o proclama. La única manera es presentarse a discutir con otros y aguantar vara. Es ver como las ideas propias a veces son irrelevantes para los demás, como pueden causar furia, o como son adaptadas sin mayor razón que porque suenan bien. Para aguantar todo eso, se necesita una combinación de piel gruesa con paciencia.

Quienes hemos participado recientemente en lo que se conoce como la Asamblea Nacional Ciudadana (ANCA), hemos tratado de confrontar aquello que es lo más difícil en nuestro país: actuar colectivamente de manera democrática. Hablar y dejar hablar, escuchar y ser escucahdo. Siempre hay suspicacias, siempre hay dudas, y temores. Pero eso sólo se supera en la práctica, sólo se sobrepasa en la acción que construye nuevos canales de información directa. Hoy tratamos de demostrar que lo que hemos aprendido lo queremos poner en practica. De eso se trató hoy, de tomar en serio el discurso de ciudadanía, e ir a ejercerla.

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Publicado en: Cosas buenas, Política