Hadouken

En los últimos años mi posición frente a López Obrador ha ido matizándose y cambiando. No tengo plena claridad en qué momento dejé de ver al AMLO que me describían muchos editorialistas antilopezobradoristas, y empecé a ver otras cosas, a fijarme en los detalles, a pensar en el contexto, y hacer una evaluación en términos relativos con respecto al personaje, la forma en la que hace política, y los objetivos, temas y causas que se plantea. 

Antes, por ahí de mediados del gobierno de Fox, quizá poco antes, durante los videoescándalos y el desafuero todavía era antilopozobradorista. Me preocupaba, según yo como estudiante de ciencia política, que López Obrador representaba un peligroso populismo que efectivamente en su versión moderada nos podía regresar al echeverrísimo y en su versión radical a un lugar insospechado desde donde una mayoría electoral se podría convertir en tiránica. Me parecía un desperdicio de dinero cualquier subsidio o transferencia universal (ah…¡cuán equivocado estaba yo! jeje). Era una época en que era fan de todos los cartones de Paco Claderón, y creía que si alguien sabía lo que era y debía ser la izquierda era Luis González de Alba por haber sido líder del 68.

Después del desafuero empecé a matizar mi posición. Empecé a pensar que tal vez, considerando el mal gobierno de Fox, efectivamente necesitabamos un presdente que le hiciera un contrapeso político al congreso y a los poderes ahí representados. Si nuestro sistema democrático estaba diseñado para tener contrapesos, entonces se necesitaba que hubiera pesos en los tres poderes…y Fox demostraba ser ridículamente ligerito. Ahí todavía tenía la idea de que el PRI, aunque derrotado justificaba su existencia por al menos ser un partido con "profesionales" que frente a los foxistas en muchas cosas lo podrían haber hecho mejor. Nunca fui foxista, y el PAN en el gobierno nunca me ha parecido que le haya atinado al diagnóstico y soluciones más importantes del país.

En la elección del 2000 me sentí representando por Gilberto Rincón Gallardo, en el 2003 por México Posible, y en 2004 empecé a trabajar con Patricia Mercado para lograr el registro de lo que más adelante sería Alternativa Socialdemócrata y Campesina. Entonces creía (y creo) que el PRD y López Obrador necesitaban una crítica desde la izquierda, sobre todo por que el PRD había reproducido algunas de las peores prácticas del PRI, y hasta había innovado en métodos indecibles. Con una férrea convicción creía que AMLO -y buena parte del PRD- demostraban no ser "realmente de izquierda" por no apoyar en aquél momento la interrupción legal del embarazo, el matrimonio gay, y la depenalización de las drogas. Mi estándar era algo parecido a la izquierda demócrata estadounidense y una vaga (y bastante ignorante) idea de lo que era la izquierda europea a là Tony Blair (ahora he aprendido que la discusión sobre izquierdosidades es bastante inútil). 

Trabajé con enorme entusiasmo en la campaña de Patricia Mercado, y fui dirigente en Alternativa. Al inicio de la campaña creía que el reto más importante era diferenciarnos de López Obrador, pero conforme fue avanzando, la campaña negativa del PAN me fue convenciendo de que algo hacía bien López Obrador y que efectivamete sus adversarios representaban muchas más cosas indeseables que él. Hacia el final de la campaña, al igual que mucha gente que trabajaba con AMLO estaba convencido de que ganaría por varios puntos. Nunca pensé seriamente en el dilema de que Patricia declinara o no. No sería necesario, AMLO ganaría la elección, y los votantes de Patricia eran más filopanistas críticos de las posiciones más conservadoras del PAN, que perredistas críticos. Nunca pensé que lo hubiera y nunca tuve evidencia del tal fraude masivo. Me pareció un error de AMLO y sus seguidores brincar de la actuación ilegal de Fox, y de grupos empresariales, a acusar al IFE de orquestar un fraude en el conteo de votos.

Sin embargo, lo que realmente empezó a cambiar mi posición con respecto al diagnóstico que hacía AMLO del país y en particular de la política, fue la experiencia de la destrucción de Alternativa. Ahí, a parte de los errores propios (sobre los cuales ya he escrito antes), vi de primera mano cómo efectivamente buena parte de la clase política y los empresarios operan de forma básicamente mafiosa. Entendí, al ver la relación empresarial entre quienes se quedaron con el partido (para convertirlo en el PSD y buscar alianzas con el PRI y con un sector de PRD) y la presidenta del TEPJF, a qué se refería AMLO cuando dijo "al diablo con sus instituciones". Sí, la clave está en el sus, en el ustedes, en las suyas. Era una forma de decir que son o eran instituciones que estaban actuando parcialmente a partir de relaciones de intereses y personales que poco o nada tienen que ver con la llenada de boca del "Estado de Derecho" o la "Legalidad democrática" (en retrospectiva me parece indudable que el desfauero es prueba de ello). 

Desde la campaña de Patricia, una de sus propuestas fue el Ingreso Ciudadano Universal (ICU). Primero vi la propuesta con dudas, y después me puse a leer sobre lo que era. Después de la destrucción de Alternativa me fui a hacer una maestría a Estados Unidos. Ahí en parte por la curiosidad de lo que era el ICU, tomé una clase con el filósofo que mejor lo ha argumentado, Philipe Van Parijs. A partir de esa clase, decidí que haría mi tesis sobre la Pensión Universal para Adultos Mayores que había promovido AMLO en el DF. No sabía qué encontraría, pero imaginaba de manera prejuiciosa que nos sería nada parecido al ICU. Me equivoqué. Sí lo era. 

Al hacer la investigación de la tesis. Me leí todo lo que pude sobre el gobierno de AMLO en el DF. Entrevisté a gente que trabajó con él. Ahí fue cuando cambió de manera fundamental mi opinión sobre él, su gobierno e incluso el PRD. Ya convencido de que la universalización de derechos sociales es mucho más importante que la focalización de transferencias, me parecía que al menos había que reconocerle al PRD/AMLO que habían vuelto a poner sobre la discusión pública en México el tema de la universalización. La pensión del DF resultaba tan exitosa que el gobierno federal, los gobiernos de los estados, y hasta al Banco Mundial le parecía una buena idea. 

Fue con esa reevaluación de la pensión del DF, que vi el desfase entre lo que dicen y escriben los adversarios de López Obrador, y lo que hizo desde el gobierno en el DF. Cualquier minucia o error era (y es) magnificado en los medios, y a sus adversario (que muchas veces lo imitan) jamás se las ha dado el mismo seguimiento, interpretación y crítica (tal vez a Fox en los primeros años, pero no más).

También aunque siempre he creído en la importancia del papel del Estado en la economía y en la sociedad, con el tiempo he pasado de pensar en esa importancia de manera abstracta, a pensarla en términos concretos. Me parece más acertada una política de desarrollo económico a là Taiwán, Corea del Sur, China, Japón e incluso India, que a là Irlanda, EU, España, Chile. De la misma manera en términos no sólo económicos creo que no es descabellado pensar en Francia, los países escandinavos, e incluso algunas de las mejores prácticas del Estado de Bienestar en varios otros países europeos sobre los cuales se ignora cuando se discute (como la gente que celebra el "neoliberalismo" británico…y no considera que tiene un sistema universal de salud muy poco "neoliberal"). En esos dos temas las propuestas del equipo de López Obrador siempre han sido más cercanas lo que me interesa, que las propuestas del PRI más reciente y que las del PAN.

En el camino, mientras todo esto sucedía el gobierno panista no sólo ha reafirmado su fracaso en términos de combate a la pobreza, y reducción de la desigualdad, sino que se metió en una estrategia de guerra en contra del crimen organizado que ha demostrado de varias maneras ser un error costosísimo. No sólo por las miles de muertes que en parte ha provocado la estrategia usada, sino porque desde esa retórica se han promovido leyes que le han dado al Estado la capacidad justificada para violar derechos civiles y convertir en ley ineficaces medidas de castigo a quienes cometen delitos. Un partido que gobierna así, como lo ha hecho en los útlimos 12 años el PAN, se tiene que ir. Desde mi punto de vista en eso consiste la competencia electoral. La oposición debe plantear una alternativa frente a los malos resultados de quien ha sido gobierno.

Por desgracia para muchos votantes el PRI parece plantear esa alternativa. Para mi no es así. Por el contrario. Tengo la impresión de que los gobiernos priístas en los estados han demostrado sí cambiar, pero también darle continuidad a sus peores prácticas y objetivos. Dentro del poder legislativo han hecho lo mismo. Nunca son claros, nunca se sabe qué representan y que pretenden lograr. Esa falta de claridad la compensan con una forma de hacer política en donde predomina la lealtad, la disciplina, pero sobre todo el trato y acuerdo informal. En el camino, lo que sí han dejado claro es que no ven virtudes en el pluralismo político, en la crítica inteligente, y en libre ejercicio de los derechos civiles. Cuando han tenido que enfrentar problemas del orden público, plantean una falsa disyuntiva entre derechos y orden. Esta visión compartida entre muchos priístas (no todos) hoy predomina en su partido, pero sobre todo predomina en los acuerdos y alianzas de hecho que tienen con grupos poderosos como son los medios de comunicación, varios sindicatos, partidos políticos pequeños, y liderazgos regionales. Si hay una imagen que en alguna medida describe esto, es la organización de grupos de priístas que fueron llevados al Estadio Azteca para "contrarrestar" la protesta que integrantes del #YoSoy132 hicieron en un partido de futbol.

En esta campaña presidencial, creo que López Obrador ha hecho una buena campaña. Para la revista Nexos, escribí un largo perfil de AMLO que me obligó volver a hacer una investigación sobre él desde sus orígenes. Si ya coincidía con sus objetivos de política pública, tras la investigación empecé a coincidir también con el personaje político. Sí hay muchas cosas con las que no estoy de acuerdo con él, pero como sugiere Juan Villoro, son cosas que frente a los otros candidatos prefiero perdonar. Lo que me terminó de convencer de que López Obrador sería un buen presidente, es el método y la forma en la que ha hecho política a lo largo de su vida. Creo que es el úlitmo político mexicano que cree que la política en México se tiene que hacer como parte de una lucha por la conquista y reivindicación de derechos. No como una graciosa concesión de los poderosos, sino como una acumulación de pequeñas y grandes victorias en las que participan millones de personas. Creo que en ese sentido se toma muy en serio los derechos civiles y que en el largo plazo es la mejor forma de construir instituciones. Para muchos esa forma de apelar a la reivindicación de derechos es lo que lo convierte en un populista. Puede ser. Pero en este contexto, en este país, si ese es el populismo, entonces tiene que ser entendido a la luz de la histórica exclusión de millones de personas del ejercicio de sus derechos. Una exclusión justificada sistemáticamente desde el poder, que sólo puede ser enfrentada a manera de invasión.

Es en ese contexto que entiendo por ejemplo su insistencia a someter temas controvertidos, a consulta pública como la despenalización del aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, y la despenalización de las drogas. No como una declaración de principios inamovibles, sino como una batalla que tiene que ser ganada con argumentos, movilizaciones, propuestas y protestas. (Yo soy más pragmático que eso, para mi cualquier método es bueno para establecer nuevos derechos, y lo que al menos distingue en ese tema a AMLO de EPN y JVM es que su posición no es de principios, sino de estrategia pues el PRD ha dado batallas legislativas sobre el tema que AMLO no ha reprobado ni detenido. Por ejemplo, fue Encinas a quien dejó en el cargo en el GDF en 2006 quien firmó la Ley de Sociedades de Convivencia. Es Ebrard quien en parte dio el último impulso para despenalizar el aborto en el DF). 

Creo que López Obrador está equivocado en varios temas, como por ejemplo su insistencia en usar el petróleo como palanca del desarrollo económico (que por cierto EPN dice lo mismo, y JVM a veces). Creo que tiene tácticas retóricas que aunque a veces son útiles, en muchas ocasiones lo muestran contradictorio e incosistente. Incluso en muchas ocasiones es irresponsable sobre sus extremos retóricos. Creo, como dije en el perfil de Nexos, que tiene una suprema incapacidad para ver problemas nuevos y por tanto pensar en soluciones nuevas. No me gusta que en las batallas por nuevos derechos no tome parte; y creo que muchas veces evalúa mal la relación entre costos y beneficios de los aliados con los que hace política (i.e. Bartlett, el SME, Alejandro Puente, algunos grupos del PRD). No me gusta el abuso que hace del uso simbólico de las personas. Está muy bien que Elena Poniatowska lo apoye, pero para convertirla en secretaria de estado no veo justificaciones y las que se infieren resultan bastante malas.

Al mismo tiempo, pese a que no me sumo al pensamiento providencial sobre Marcelo Ebrard (tiene cosas buenas pero de ahí a decir que sería un gran candidato o un gran presidente, creo que falta pensarlo y entenderlo mucho), creo que si fuera el responsable del equipo encargado de la estrategia de seguridad del gobierno federal, lo haría mucho mejor que el actual gobierno, y que el inexistente equipo de Peña Nieto en el tema. Creo que el PRD en el DF ha dado muestras de entender mejor para qué sirven y cómo funcionan las policías que los otros dos partidos. Esta diferencia me parece importantísima para definir mi voto, al igual que el deseo de ver un intento ambicioso por erradicar la pobreza y reducir la desigualdad.

En contraste con sus contrincantes en esta elección, AMLO ha sido gobierno y ha sido oposición. A unos días antes de la elección me queda claro que prefiero ser opositor y crítico a un gobierno que él encabece a serlo en un gobierno encabezado por Peña Nieto. En ese sentido, aunque al inicio de la campaña pensé en AMLO como el menos peor, ahora lo pienso como el mejor de los candidatos. Ojalá gane, y si gana espero poderle dedicar el tiempo que he dedicado a criticar los gobiernos del PRI y el PAN (y al del PRD en el ciudad), para criticar a su gobierno. 


p.d. ah y la tal bamba para Andrés Manuel que hicieron varios músicos, me pareció buenísima.