Ciudadan@s hiperfederales

En estos días he tenido la oportunidad  de discutir y plantear algunas ideas sobre la Reforma Política a nivel federal y la Reforma Política del Distrito Federal. De cierta manera las discusiones se parecen, aunque no son del todo iguales. 

Confieso que aunque estudié planeación urbana y mi tesis es sobre el DF me siento mejor preparado para hablar de temas de diseño institucional a nivel federal. Conozco con más detalle la historia institucional reciente a nivel federal, que la historia institucional a nivel local. Digo, sí conozco la segunda, pero no al mismo detalle. 

La explicación que tengo a esto que es que los habitantes del DF somos malos ciudadanos del DF, y no tan malos ciudadanos federales. Tenemos que jugar los dos papeles casi todo el tiempo, sobre todo el primero, porque si somos sinceros seguimos siendo un país profundamente centralizado y sabemos que si queremos que suceda en los estados de la república lo tenemos que pelear en el centro no en los Estados. 

Para mi trabajo, acabo de leer un texto que habla de la recurrente distancia, en nuestra historia, entre las leyes y las costumbres. Para hacer cumplir las leyes en México, básicamente se necesitaría de un estado totalitario al estilo Soviético (y ni ese era muy efectivo), mucha violencia y mucha cárcel. 

Tengo la impresión que la descripción del país que deseamos que se hace desde el centro a través de las leyes, es una utopía que no hemos logrado realizar. Pero justamente el problema es que sea una utopía que sólo puede ser impuesta al resto del país, no es una utopía que haya sido generada por el resto del país. 

Por eso, lo que gobierna alrededor del país no es una democracia tal cual, es una chilangocracia con mínimos procediemientos democráticos. Una chilangocracia que vive negociando una legalidad que un país que no se siente parte de ella. 

A su vez, los chilangocrátas tratando de controlar lo que sucede en todo el país, somos malos ciudadanos de donde vivimos. Somos ciudadanos de aquí, pero queremos que se haga lo que decimos allá. Y claro pocos dicen qué quieren que se hagan aquí. No somos ciudadanos locales, somos ciudadanos hiperfederales.