Durante las últimas tres semanas he hablado con tres o cuatro personas que me caen bien, y con las que suelo (o imagino) tener normalmente argumentos muy comunes. En las tres conversaciones, reaccionaban de manera que me pareció inesperada, a argumentos que di para pensar que antes del 2012 hay buenas razones para pensar cómo hacer que el PRI no regrese al poder. Lo que motivó estas breves discusiones fueron dos temas: a) las alianzas electorales, b) la propuesta del PRI de quitar el candado de sobrerrepresentación en el Congreso.
En el primer caso, cuando dije que me parecía que las alianzas PAN-PRD están en parte justificadas por las condiciones políticas de los Estados, frente a la posibilidad de la restauración del sistema de partido hegemónico mediante el sistema electoral. Un cuate me contestó: "bueno pero eso es una exageración, no puedes perder de vista que en el 2006 el PRI quedó en tercer lugar". Con esto él quería decir que lo que vemos es un sistema electoral con competencia, donde a ratos un partido puede consolidar su poder, pero en otros ratos puede perder apoyo en el electorado. Si la gente está votando por el PRI en varios Estados, si votó por el PRI en el 2009 (y no el 2000, si en el 2003, y no en el 2006), no quiere decir que sea la restauración el problema, sino que a ti (o sea yo) no te gusta que el PRI gane elecciones.
En la segunda conversación, cuando dije que me parecía que había que combatir la idea de una cláusula de gobernabilidad, o de quitar el candado de sobrerrepresentacion, no sólo porque son mala idea en sí, sino porque son el terreno para el regreso de la hegemonía priísta, dos amigo me dijeron que eso no se valía. Que una parte del argumento es sobre el sistema político y de partidos, y otra parte del argumento es mi aversión particular del PRI. Con esto de cierta manera, supongo que querían decir, que en todo caso, tendría que estar en contra de esas dos propuestas, las presentara el PRI o no. Aunque claro, lo estoy.
En la tercera conversación, que creo que en el fondo es la más "sofisticada", me dijeron un par de amig@a que: El problema de pensar que a) las alianzas son importantes para derrotar al PRI en los Estados, es tan equivocado como pensar que b) tenemos que enfocar nuestras fuerzas al regreso del PRI a la presidencia en el 2012, porque c) el problema de la transición fue "enfocar" nuestras baterías a sacar al PRI de los Pinos y nada más. Es decir, es ingenuo, y de corta vista creer que explícitamente "deteniendo" a un partido, el PRI, hacemos mucho, y mientras, podríamos gastar nuestra energías de buena fe, en mejores cosas.
En las tres conversaciones me hubiera gustado poder contestar lo mismo, pero no fue así. En las primeras dos, por razones de tiempo, no contesté con el argumento completo, en la tercera conversación, sí lo hice aunque tampoco contesté todo lo que me hubiera gustado contestar (supongo que esa es la diferencia entre escribir y hablar [bueno excepto para José López Portillo, Hugo Chávez y Fidel Castro]).
El PRI no sólo es un partido político, y efectivamente, fue de suma ingenuidad para los foxistas y filo-foxistas creer que simplemente porque "se iban los malos" de los Pinos, el país cambiaría. El PRI y el priísimo son patrones culturales, son formas y costumbres que quienes toman decisiones o influyen a quienes toman decisiones públicas usan en la cotidaniedad (y sí alguien puede argumentar que son usos y costumbres que vienen desde la Colonia y el siglo XIX, pero creo que eso lo hace menos relevante, y menos un argumento de combate en el presente [o si le echa ganas a la Octavio Paz decir que es precolombino el asunto y tiene que ver con las pirámides]). Supongo que uno también puede decir que hay una versión privada del priísmo cultural, pero por el momento no quiero imaginar a dónde puede ir a dar por completo ese argumento (aunque sin duda vale la pena explorarlo, y ya se me ocurren un par de cosas).
El priísmo cultural, como uso y costumbre política, no sólo existe dentro del PRI. En el PRD y en el PAN es obvia la supervivencia y recuperación de esas formas de argumentación, decisión y control. Es tan obvia que justamente hoy están haciendo alianzas los partidos de oposición en los estados, están presentando a priístas como candidatos, y la estrategia de campaña, por lo menos en la izquierda cada vez está más dominada por fontaneros electorales con pasado priísta. Es decir, en el país del PRI, sólo puedes ganar elecciones y competirle al PRI, actuando como priísta (lo cual quiere decir que también hay priísitas [militante del PRI] poco priístas[culturalmente] y que probablemente esos pierdan las elecciones dentro de su propio partido).
El priísmo cultural no sólo está presente en los partidos políticos. También están presentes en las organizaciones de la sociedad civil. En cómo escogen a sus liderazgos, en el discurso que usan para influir políticamente, en cómo se relacionan con los medios de comunicación y los intelectuales. El PRI tiene mayoría en el congreso, gobierna varios estados, pero también está en todos lados. La famosa frase de "todos tenemos un priísta dentro" (de un panista) expresa el argumento, y justamente por eso, todos somos priístas hasta que demostremos lo contrario.
Pero, ¿si el PRI está en todos lados, por qué combatir electoralmente al PRI, y no a todos los partidos? Porque las victorias electorales del PRI, no sólo son victorias electorales del PRI, son también, y así lo argumentan sus dirigentes, la reivindicación moral de un discurso político autoritario. Los priístas cuando ganan argumentan, ellos mismos que a la gente lo que le importa no es la democracia, sino la eficacia. Argumentan que ellos ganan cuando la gente no participa, porque no le interesa participar, le interesan "los resultados" del gobierno. El PRI gobierna "representando a sectores" de la sociedad, no a personas.
Combatir, al PRI, por eso, no puede ser una vez más la ingenuidad foxista. Tiene que tener la perversidad, de querer que la transición tenga transición no sólo alternancia. Quiere decir que en la práctica política, en la cotidaniedad de lo público hay que hacer un esfuerzo formal y explícito por no comportarse como el PRI nos enseñó a comportarnos. No podemos aceptar la movilización para negociar a oscuras, no podemos aceptar la difusión de ideas para influir en privado, no podemos concluir la discusión pública en discusiones privadas en los lobbies de los hoteles o en cantinas.
Es decir, ya no podemos correr el riesgo de ser tan generosos con nuestro propio pasado. Justificar lo que hacemos, pero creemos que está mal, "porque así se hace" o "de todas maneras nada cambia". Mientras no dejemos de ser generosos con la complejidad de la realidad que nos trae y construye el pasado es difícil imaginar que las cosas puedan ser diferentes. Tenemos que tomarnos en serio y con consecuencias prácticas el acto de imaginación básico que presupone la democracia: la igualdad política.
Y sí, tomarse en serio el acto imaginativo de la igualdad política, implica hacerle violencia a la realidad. Romper con las relaciones de poder (y personales) que nos sostienen y nos han traído hasta dónde hoy estamos. Implica que quienes se sigan comportando sin presuponer la igualdad política pierdan el poder que hoy tienen. Implica ponerles caro, seguir haciendo como hacen. Y sí esta igualdad política es una abstracción que de cierta manera sólo puede ser impuesta con el ejemplo y la práctica, es decir no puede ser resultado de la nego
ciación con la realidad sino de cierta manera su negación.
Para Elba Esther Gordillo y Carlos Romero Deschamps, la igualdad política es intolerable, y tienen razón en que lo sea, ellos viven de un Estado que negocia permanentemente la ficción de la igualdad.