Bendito transporte público

Buenavista


Son las bancas de madera las que te generan nostalgia. En la estación de ferrocarriles Buenavista todo se ve como nuevo, excepto esas bancas hechas con pequeñas tiras de madera acomodadas en curva, que te hacen recordar que estás en una estación de trenes. De niño fuiste a esa estación para viajar toda la noche hasta Pátzcuaro. Te gustaría volver a hacerlo, pero hoy el tren de pasajeros no pasa de Cuautitlán. 

Si escribieras una novela sobre el final de tu adolescencia tal vez tu personaje principal viviría en un desarrollo de vivienda con ocho edificios de seis pisos forrados de ladrillo, cerca de Lechería. Todas las mañana de un verano tomaría el tren hasta la estación Buenavista.

En la bibiloteca Vasconcelos pasaría unos minutos hojeando una novela erótica tratando de descifrar las “técnicas” de conquista que permiten pasar de las emociones y las palabras a la acción y la carne. Después del instructivo paso por la biblioteca, tu personaje se subiría al Metrobús sobre Insurgentes hasta el cruce con Reforma. De ahí caminaría unos metros, hasta sacar una Ecobici (cuya tarjeta habría robado a su hermano mayor) y pedalearía sobre la ciclopista que llega a Chapultepec (esquiva los coches estacionados, las vallas de la embajada de Estados Unidos  y el sitio de taxis afuera del hotel Sheraton).

No podría entrar al bosque por la reja de los Leones pues siguen sin terminar el “Arco Bicentenario”, y al cruzar el Circuito participaría en el arte de “torear” coches. Un vez en el bosque, topa con su conquista, y pone lo aprendido en la biblioteca en práctica. Ese verano sería un buen verano. Tu personaje pierde su virginidad, por primera vez le rompen el corazón, y conoce a quien será su mejor amiga el resto de su vida. Bendito transporte público.

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Publicado en: Cosas buenas