Ahora que terminaron las precampañas, el tema de moda parece ser el pragmatismo u oportunismo de los precandidatos. Encuentro sorprendente que justo en el proceso que antecede una elección, cuyo ganador está determinado por quién saca más votos relativo a los demás, haya reacciones a veces obtusas sobre cómo cada candidato intenta ampliar la coalición con la que cree que puede ganar. Imagino que me van a decir que el problema no es con el tamaño de las coaliciones, sino la “naturaleza” de las coaliciones. No es que nieguen la importancia de crecer una coalición, sino que —nos quejamos—éstas no se hacen anteponiendo ante todo los más grandes y preciados valores ideológicos del bienestar general. De ahí el gusto por hablar de las “alianzas contra-natura”.

Para mi las coaliciones tienen sentido en función de los objetivos que tienen quienes son parte de estas coaliciones. ¿Si te alías con X es más o menos probable que ganes? ¿Si te alías con X y ganas es más o menos probable que hagas lo que quieres hacer? Pensado así, no sólo tiene sentido ampliar las coaliciones políticas detrás de un candidato, sino también limitarlas. Si una alianza va a hacer imposible llevar a cabo algunas de las prioridades que tienes como gobierno si ganas, entonces probablemente es una mala alianza. Si una alianza no te ayuda a ganar, o no hay forma de anular el costo de hacerla, entonces probablemente es mala alianza.

A todo mundo le gustaría hacer su amplia coalición política sólo con quien le ayuda a ganar, y al mismo tiempo le imponga mínimos costos para gobernar. Sin embargo, cada precandidato es distinto en el sentido en el que sólo puede construir ciertas coaliciones pues sólo ciertos aliados le ayudan a ganar, y los costos de tenerlos como aliados dependen del contexto en el que sucede la negociación, y la relación que implica con el resto de los aliados.

  1. En esta elección quien tiene menos campo de maniobra para crecer su coalición es Meade. Pertenece a un grupo político dentro del PRI caracterizado por su rigidez y homogeneidad ideológica. A la vez no quiere hacer publicidad sobre su coalición con el resto del PRI, porque no parece que le pueda ayudar mucho a ganar la elección (considerando la baja popularidad del PRI y el gobierno), y porque si la hiciera, no podría llevar a cabo cosas que necesita creer que quiere hacer para que su coalición de votantes sea más amplia que el voto duro del PRI. Al final aunque fantasmagórico, ese PRI, con sus votantes, simpatizantes, dirigentes, y puesto-ocupantes está ahí. Sin ese PRI, no habría ni siquiera un piso en la campaña de Meade, pero tampoco parece haber mucho más espacio que el de ese piso.
  2. Anaya dio las primera muestras de querer y poder ampliar su coalición de votantes. No se conformó con un voto panista, que de por sí está dividido por los conflictos internos del PAN, sino que fue y buscó a los restos de lo que fue una de las coaliciones del López Obrador, el PRD. Los límites de esta coalición es que es una coalición que está definida de origen. Es decir, como tuvo que sortear obstáculos grandotes en dos (o tres) organizaciones existentes, tuvo que ceder mucho para ganar la candidatura, dejándole poco espacio para ampliar su coalición conforme se amplían los grupos y personas movilizadas para una elección abierta. Al igual que el PRI, las organizaciones que hacen posible la candidatura de Anaya, al mismo tiempo son las organizaciones que limitan el tamaño de su coalición. En especial, es público y notorio que “Los Chuchos”, ocupan mucho y aportan poco. Gabriela Cuevas no cupo en la coalición de Anaya, porque si cabía Gabriela Cuevas, entonces no cabían todos los perredistas que tienen que caber para que exista la coalición partidista PAN-PRD.
  3. En esta ocasión López Obrador es el que más puede ampliar su coalición electoral. Esto se debe a que: a) lleva tanto tiempo representando a grupos políticos y una parte del electorado que se siente sistemáticamente marginado, que una victoria de AMLO es la única oportunidad que tienen para estar en una coalición ganadora; b) la organización política de AMLO, MORENA, no existe con la rigidez e inercia que existen PRI, PAN y PRD (El único otro partido que se le parece en eso es Movimiento Ciudadano, y supongo el horrible PES) c) buena parte del apoyo político que hasta ahora convoca AMLO, es primordialmente apoyo político a AMLO, no a otras personas. Este último punto, aunque suena como una obviedad, es lo que permite que AMLO pague menos costos que los otros candidatos al ir sumando aliados. Se podría decir que justamente porque tiene un estilo populista, las negociaciones con potenciales aliados son casi siempre desde una posición de fuerza relativa, esto acompañado por el hecho de que tiene espacios aún no ocupados que ceder.

Se me ocurre que las circunstancias de Meade y Anaya no estaban del todo predeterminadas. Por ejemplo, si hubieran tenido procesos internos con competencia, la forma en que negociarían los espacios, y tipos de aliados con los que empiezan sus campañas sería otro. Los perdedores internos tendrían premios de consolación, pero esos premios serían en función de un estándar compartido de cuánto contribuyen a la coalición. Negociar espacios con la burocracia del PRI y la burocracia del PRD, sin la información que da la competencia, es meterse a una negociación con los ojos cerrados donde siempre existe el riesgo de subestimar o sobreestimar el valor de un aliado.

En fin, si tuviera que resumir lo que quiero decir es que las vacantes definen el tamaño de una coalición, y hoy Meade y Anaya, tanto por razones históricas, como organizacionales, como ideológicas, tienen menos vacantes que López Obrador. Eso no quiere decir que esté determinado ya quién gana y quién pierde la elección. Creo que hay plena incertidumbre en si Meade logra arrancarle una parte del electorado panista a Anaya, y en sí Anaya logra concentrar el voto antipriista más que AMLO.