Este texto de Ariel Rodríguez Kuri publicado en Nexos, me pareció realmente bueno. Creo que en la discusión de si clasemedieros o no clasemedieros, el análisis sobre las consecuencias esperadas del argumento de la mayoría clasemediera vale la pena. En particular el significado político de asumir que hay algo así como "una mayoría silenciosa". En este párrafo en partícular, creo que hay una buena explicación de por qué vale la pena dedicarse a ser activista.
Sin política hay silencio y estridencia. En escenarios anómicos los ciudadanos no hablan, no actúan, no al menos para lo que importa: para promover intereses y reclamar afrentas con modos y lenguajes entendibles para los otros. Que en México los happy few tengan derecho de picaporte en Los Pinos no importa; pero faltan los demás, aquellos que serán atendidos sólo en el caso de que las siglas que los convocan y organizan sean reconocibles, es decir, sólo aquellos que son políticamente relevantes. La vida exige siglas y membretes (y buena parte del 80% jamás aceptará esta triste y pedestre realidad de la política). Porque siglas y membretes dan rostro político y significación (número de agremiados, peso específico, eficacia en la comunicación) a los ciudadanos de otra manera irrelevantes. Lo que resiste apoya, decía Jesús Reyes Heroles; lo que se ve se atiende y resuelve. Si la sociología de Durkheim fue un esfuerzo intelectual sin precedente para construir el objeto de la política lo fue porque justo planteó que la política es un ejercicio de visibilidad, contacto y rivalidad.