Aquí mi columna de El Universal de hoy:
El domingo pasado se presentó un documento de la Coalición Ciudadana por la Educación (www.porlaeducacion.mx), acompañado por firmas de académicos, periodistas, activistas y organizaciones de la sociedad civil, en el que exigimos al Presidente de la República y a la SEP acabar con la relación atípica que existe entre el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y las autoridades educativas.
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El mismo documento hace un llamado a la movilización de ciudadanos interesados y preocupados por el tema. Quienes elaboraron el informe, “¿Qué pasa con la calidad de la educación en México?” que acompaña el llamado a la movilización, ofrecen datos, referencias y argumentos, sobre el uso ineficaz y abuso de recursos públicos, que hasta el momento no han sido refutados ni por la cúpula del SNTE ni por la SEP.
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En los últimos años quienes han promovido desde la sociedad civil reformas al sistema educativo, lo han hecho esperando que los padres de familia sean más exigentes y que desde la escuela ejerzan presión con la información disponible en las múltiples evaluaciones que existen. Sin embargo, el problema de la relación entre el SNTE y la SEP no sólo es un problema de información, es un problema mucho más profundo de control y poder político. El SNTE cuenta con una estructura política que le permite influir (o pretender que influye) en elecciones federales y locales; tiene una alianza con el Gobierno Federal que se ha traducido no sólo en el cogobierno de la SEP, sino en una abusiva distribución de cargos públicos (ojalá algún día Felipe Calderón, el PAN o Elba Esther Gordillo expliquen por qué la Lotería Nacional es un cargo político); y maneja grandes cantidades de dinero entre cuotas sindicales y prebendas que se le otorgan sin mayor transparencia.
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En estos días, Marcelo Ebrard, quien elaboró los estatutos del SNTE cuando accedió al poder Gordillo -a principios de los 90- insiste en que al GDF se le otorgue el control de la educación pública de la ciudad, obligando una negociación laboral cada año entre el GDF y el SNTE.
¿Tú le tienes miedo a Elba Esther? Yo tampoco.