En busca de las cosas perdidas

Acá mi columna de hoy en El Universal.

Con cierta prisa bajé las escaleras de la estación Sevilla del metro que permiten pasar del andén que va en dirección a Observatorio, al andén que va en dirección a Pantitlán. En lo que sólo puedo justificar como un acto de comportamiento condicionado, metí mi cartera en la bolsa de atrás del pantalón que traía, y esta probablemente salió casi tan rápido como entró, por un no muy pequeño agujero. La única objeción que tengo al uso de cotidiano de la bicicleta como medio de transporte es que mis jeans duran poco tiempo. Con unos meses de uso, se llenan de agujeros en la zona que roza el asiento.

Llegando al metro Balderas empecé a buscar en mis bolsas y me di cuenta que no traía la cartera. Bajé del tren con cara de susto, buscaba en las bolsas de mi saco, en las del pantalón, entre el periódico que traía en la mano, mientras otros viajeros me observaban con expresiones de lástima. Envié un mensaje a quien me esperaban cerca del metro Coyoacán, avisando que me retrasaría porque decidí regresar a Sevilla a buscar mi cartera. Leyó el mensaje y compartió risas sobre mi ingenuidad.

De regreso en la estación Sevilla, fui con el policía auxiliar de la entrada, Antonio Gil Jiménez, quien amablemente me pidió nombre y dirección, para llevarme con el Jefe de Estación, Sergio Chávez Barrera. En la pequeña oficina del Jefe de Estación, estaba mi cartera a lado de un formulario con un inventario: 1) una credencial de elector, 2) una licencia para conducir, 3) un billete de $500, 4)…etc. Un desconocido había recogido la cartera en la escalera, sin sacar el billete ni nada más, se la entregó al policía, y el policía haciendo su trabajo, se la dio al Jefe de Estación quien registraba el “incidente” cuando llegué a firmar el formulario y agradecer a ambos por haberla recuperado.

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Publicado en: Cosas buenas