Cualquiera que vea la distribución de la violencia (y otras cosas) a lo largo de país, se topa con que Yucatán es “raro”. Suele ser o el estado de la república con menos homicidios, o estar entre los más bajos de varios delitos. Por mucho. No está claro por qué es este el caso: que si no es paso para el narco; que si es una sociedad tradicional y rígida; que si tiene baja densidad de población; que si tiene mecanismos informales de resolución de disputas; que si ahí no llegó la revolución; que si su policía es más efectiva; que si esconden las cifras de homicidios; que si no se matan pero sí se suicidan. Y finalmente que si los yucatecos por razones “ancestrales/culturales” son más pacíficos que el resto de los mexicanos.

Gracias a que el archivo histórico del Estado de Yucatán tiene sus catálogos en línea (¿si Yucatán puede por qué otros estados no?) hice una tosca tasa de homicidios de 1891 a 1901. La tasa es tosca porque está basada sólo en juicios de homicidio calificado (“que se comete con premeditación, con ventaja, con alevosía o a traición”). Es decir, tendrán que haber sido homicidios que alguien pudo denunciar (o la autoridad lo hizo de oficio) y para el cual se hizo un juicio y que el archivo haya sobrevivido. Sea cual sea el dato es muy probable que sea una subestimación de los homicidios en Yucatán en esa década.

Con estos datos hice una gráfica de la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes, y puse una línea punteada con la tasa de homicidios de 1991 a 2001 de la base de datos de INEGI. La comparación también es tosca por al menos tres razones importantes: 1) Yucatán hasta 1902 incluyó a lo que hoy es Quintana Roo, 2) los datos de INEGI están basados en actas de defunción y no en juicios, y 3) los censos de población oficiales empezaron en 1895, así que usé los datos de los censos de 1895, 1900, 1990, 1995(conteo), 2000. Para 1890 use los datos de García Cubas. Como no hay ni hice proyecciones anuales, uso cada dato del censo dos años antes y dos años después del registrado (en su caso).

Con estos datos, pese a lo tosco, parecería que a finales del siglo XIX los pacíficos yucatecos lo eran un tanto menos que a finales del siglo XX.  Si consideramos que la tasa del siglo XIX está subestimada y que había mucho menos densidad de población, la tasa de finales del siglo XX es muy sorprendente (y probablemente todo el país era más violento) . Tal vez nos diga que no hay nada ancestral en el comportamiento de los yucatecos, sino algo que sucedió en algún momento del siglo XX que redujo los homicidios. O mejor aún que las tasas de homicidio de algún lugar pueden cambiar relativamente rápido (para bien y para mal).


No sobra decir que el problema de usar expedientes judiciales para registrar cifras de delitos es que tal vez son más una medida de confianza en las autoridades, o de su capacidad (y voluntad) de actuar. Sin embargo, considerando que hay varios más delitos en ese catálogo y que también hay variación año con año, no es descabellado tomar las cifras al menos como indicadores relativos al propio lugar de qué tantos delitos se cometían. Hice esta otra gráfica incluyendo otro tipo de delitos (por ejemplo, “homicidios simples”, es decir en los que no hay premeditación, alevosía y demás). Es difícil imaginar que la confianza, capacidad (y voluntad) de actuar cambia  de un año a otro. El cambio probablemente sea gradual, así que algo nos dirá esta gráfica de lo que era el crimen en Yucatán hace más de 100 años.