Ayer vi la película Bethlehem (2013), que sucede en el contexto de la relación entre las fuerzas de seguridad israelíes y las guerrillas palestinas (buenísima), y me recordó esta analogía que hace mucho hizo Isaac Deutscher.

Alguna vez intenté presentarle este problema a un público israelí:

Una vez un hombre brincó desde el piso más alto de una casa en la cual varios de los miembros de su familia habían muerto. Logró salvar su vida, pero al caer, le pegó a una persona que estaba parada ahí y le rompió las piernas y brazos. El hombre que brincó no tenía alternativa; sin embargo, la caída, para el hombre con las piernas y brazos rotos, fue la fuente de su desgracia. Si ambos actuaran racionalmente, no se habrían vuelto enemigos. El hombre que escapó de la casa en llamas, tras recuperarse, habría intentado ayudar y consolar al otro que sufría; y este último podría haberse dado cuenta que fue víctima de circunstancias sobre la cuales ninguno de los dos tenía control. Pero miren qué pasa cuando las personas actúan irracionalmente. El hombre herido culpa al otro por su miseria y jura hacer que pague por ella. El otro, temeroso de la venganza del hombre lisiado, lo insulta, patea y golpea cada vez que se topan. El hombre pateado, jura otra vez venganza, y es otra vez golpeado y castigado. Esta enemistad amarga, caprichosa en un principio, se endurece y termina por eclipsar la totalidad de la existencia de ambos hombres y envenenar su mente.

Isaac Deutscher (1967)

I once tried to present this problem to an Israeli audience:

A man once jumped from the top floor of a burning house in which many members of his family had already perished. He managed to save his life; but as he was falling to the ground, he hit a person standing down below and broke that person’s legs and arms. The jumping man had no choice; yet to the man with the broken limbs he was the cause of his misfortune. If both behaved rationally, they would not become enemies. The man who escaped from the blazing house, having recovered, would have tried to help and console the other sufferer; and the latter who might have realized that he was the victim of circumstances over which neither of them had control. But look what happens when these people behave irrationally. The injured man blames the other for his misery and swears to make him pay for it. The other one, afraid of the crippled man’s revenge, insults him, kicks him and beats him up whenever they meet. The kicked man again swears revenge and is again punched and punished. The bitter enmity, so whimsical at first, hardens and comes to overshadow the whole existence of both men and to poison their minds.

Isaac Deutscher (1967)